27 enero

El futuro que nos espera

  


 

  En poco más de 200 años, desde que se inventó la máquina de vapor, a través de un uso completamente irresponsable de los recursos, fuimos participes de la mayor devastación planetaria que se recuerde, de la más egoísta y cínica destrucción de nuestro entorno en nombre del pasajero confort.

  Nada fue irracional, sino al contrario, perfectamente planificado, justificado, diagramado punto por punto, y tampoco vamos a parar por que el cucharon ya este raspando la olla.  

  Hemos sido testigos de fabulosas proezas de la técnica, de la invención de máquinas maravillosas y materiales asombrosos, y todo al alcance de la mano, todas las soluciones para nuestra cotidianidad convertidas en una perilla, un botón, una orden… 

  Y ya que estábamos encerrados en casa, y ahí afuera un mundo inmenso y despoblado pero repleto de riquezas y materias primas, se abrió una ventana mágica con la era digital: Internet.

  Ahora todo se compra y se vende sin siquiera olerlo.

En un interminable y complejo entramado de productos innecesarios y eternos y otros tan necesarios como descartables podríamos perdernos por toda la eternidad, pero por suerte hay asesores económicos, gestores, formadores de opinión…  

  ¡Hay empresas que fiscalizan a las encargadas de fiscalizar a las agencias de calificación que elaboran el ranking de confiabilidad que nos guía a través de nuestro inmenso despilfarro! Aunque, en definitiva, todo se remite al poder económico.

  Despiadados gerentes deciden amablemente la extinción de ciudades enteras y la construcción de nuevas torres de babel en el fondo del mar, las empresas y las fábricas se comen a la gente hasta hartarse, como enormes tiburones, se comen unas a otras y después eructan espejitos de colores.  

  Por supuesto que en esta mecánica, tanto consumo necesita incesante producción, es por eso que la mitad del planeta debe ser esclava de la otra, y claro, todos esclavos del trabajo, del tiempo fijo del reloj.

  Día tras día se acorta el espacio vital que nos corresponde, mientras nos acostumbramos a mirar para otro lado, hacia el televisor, hacia la pantalla de la computadora que nos engaña tanto como queramos aceptar, banalizando y pervirtiendo el sentido mismo de la vida.  

  A lo sumo podemos acusar a los gobiernos, a las corporaciones, a nuestros vecinos conciudadanos y enemigos políticos… A todos trataremos de socios y cómplices del etnocidio, del ecocidio, justo antes de disfrutar de sus beneficios.

  Para eso contamos con un almacén donde vegetan todas las teorías imaginables, todas las justificaciones que necesitemos para no sentirnos parte del problema y por supuesto, mucho menos de la solución.  

  O no, si, seguro que sí, solo hoy ya postee tres fotos salvando el bosque amazónico, el tigre de bengala y la ballena franca austral.  ¡Respiro y siento que estoy construyendo un mundo mejor! (¿Es que no hay nadie entre el público que pueda clavarme una lanza en el corazón? Necesito despertarme, salir de este sopor…)

  Pero así es la realidad virtual que nos ahoga, tan cómoda como queramos, tan virulenta como nos haga falta: nos sentimos conectados, o no nos sentimos bien, 

  ¿Que no hay wi fi en este bodegón? ¡Se me atrasa el Watsap! Y así avanzamos derrotando todo lo anticuado, como cuando vamos al parque y por suerte encontramos un playón de cemento junto al mástil para armar el picnic, mientras los niños pisan el césped con cuidado no vaya a derretirles las zapatillas.

  Nos envenenamos lentamente desconfiando de todo lo que no venga en un paquete, educando con un chirlo en la mano al pequeño niño que junto una maravillosa hoja seca del suelo,  hablamos genéricamente de “bichos” “podrido” “peligroso” para referirnos a la naturaleza, mientras llamamos “comida” a las formulas químicas anti nutritivas que adquirimos en el supermercado.  

  Seguimos caminando hacia la posmodernidad y un día no tendremos adonde volver, seguimos permitiendo que borren y reescriban nuestra historia hasta el día que tengamos que preguntar que o quienes somos…  

  Hasta el día en que ya no podamos saberlo…

                                                                      

15 enero

¡La bomba!

  




  En el centro de una civilización que se desintegra a pedazos, como un iceberg en la corriente del trópico, acotando los espacios y sin lugar donde saltar…  en algún lugar frio, inerte y seco, sin más vida que la estrictamente autorizada, sin más testigos que los cautivos que están fijos a su destino, duerme la bomba.  Más allá de las hojas secas, del humus, de las raíces de los árboles, de capas y estratos de tierra, rocas, hormigón, acero y silencio absoluto, espera.  

  Mas allá, otra, y antes de alcanzar el mar vamos a cruzar algunos cerros más por aquí y por allá donde todo está dispuesto, un nicho suave como una cuna, perfecto y silencioso como un pimpollo, listo a abrirse para dar inicio a la primavera nuclear.  

  Como una tribu de ladrones que espían por las tinajas esperando asaltar la ciudad, desde los cerros y las cuevas las ojivas instaladas en los inmensos misiles intercontinentales se miran, desde los puertos y los desiertos, se esperan, se sienten, se reconocen en su hermandad radiactiva, en su indiferencia de uranio mortal.

  Como humanidad, hemos dejado que nos embauquen en la locura nuclear, sin decir un pero, acorralados por el miedo, la ignorancia y la mentira de la guerra permanente y total, de los "Átomos para la Paz", ¡De las armas para evitar la guerra!  



  En un planeta completamente vivo, cuidamos y multiplicamos un potencial de destrucción mayor que la misma tierra, concentrado en artefactos y naves y submarinos nucleares, solo por el inmenso negocio que representa para una elite poderosa y, cínicamente, nos creemos el cuento de la seguridad amenazada, y de la seguridad con que guardamos estos juguetes en casa.  

  Porque cada central nuclear que nos da esa energía “limpia” de poster oficial, está igualmente expuesta al accidente, el sabotaje y la posible ineptitud de sus operadores, convirtiéndola en otra bomba casual a ser disparada sin más causas de existencia que un fabuloso negocio que evita responder algunas preguntas básicas como ¿qué haremos con la basura nuclear que estamos generando?


  ¡Oh! ¡Que contrariedad!  Nadie lo sabe! 

  En más de medio siglo de actividad nuclear de todo tipo, aun no se ha llegado a un protocolo mínimamente seguro para la disposición final de los residuos, es más aun, ni siquiera se ha arribado a una ética nuclear que impida usar a los humanos, a nuestro planeta, a los demás animales como conejillos de indias y los contemple como sujetos de derecho frente al consorcio nuclear.  

  Sigamos viendo La Hormiga Atómica con nuestros hijos, que es lo mejor que nos toca…

  En otras palabras, no se resolvió jamás el problema pero a nadie le importa, solo importa obtener y vender el combustible, podrían estar tirando residuos radioactivos en el patio de tu casa ahora mismo, en tu ciudad, en tu costa del rio o del mar, sin que tengas la mínima oportunidad de enterarte…  

  Pero esto no es todo, la intensa necesidad de lucro de estas elites satisfechas y cínicas sigue generando nuevas centrales y fábricas, armas sofisticadas y bombas inteligentes.  Y así seguirán facturándonos nuestra propia muerte hasta el día en que no se puedan esconder los síntomas de la devastación silenciosa que nace en las minas de uranio y termina en tus huesos...

  Además de eso, los buenos comerciantes quieren deshacerse del stock, claro, como todos, y no pasa un verano sin que las hormigas se alboroten y amenacen con una nueva guerra entre potencias, con un intercambio de misiles atómicos, o con el simple, primitivo e hipócrita argumento de bombardear algún país porque podría llegar a avanzar en la dirección de la técnica nuclear que los demás ya poseen…

 Igualmente, ante el peligro, lo mejor siempre es rearmarse, modernizarse y tener todo listo para que sobre, aunque haya que comprometer la economía del país  ¡No vaya a faltar una bomba a las cuatro de la mañana cuando los kioscos están cerrados! 

  Por supuesto que nunca llega a pasar nada (hasta que pase) pero el poder de chantaje y coerción que poseen los países que han llegado a armar la bomba los ensoberbece de poder, aunque en este caso, tampoco se vaya a usar a favor del pueblo,  pareciera como si los bandos en realidad fueran la humanidad por un lado y la macabra industria radiactiva por el otro… 

  La guerra, hoy más que nunca, es una completa farsa, pero solo nosotros podemos construir la paz.  ¡A ellos, no les importa nada!

 

14 enero

La línea

  


  Ahí está.  Adelante tuyo, adelante mío.  Hay una línea netamente divisoria aunque en la práctica no divida nada, no exista, pero ahí está.  Es una frontera.

  No es que me importen tanto las fronteras ahora, viejo contrabandista de pensamientos ajenos, sino que existe, y a pesar de poner eventualmente el pie en uno u otro borde, estoy definitivamente seguro de que lado quiero estar.  

  Estoy seguro de cuál es mi lugar donde quiero vivir y crear y adonde puedo ir a pasear o cazar o simular, y no es algo que vaya a dudar, estoy del lado de la vida, el color, la diversidad, donde se genera lo nuevo, lo que crece, y del otro lado está la decadencia y la novedad gastada y barata, el poder que esquilma antes de sembrar.  

  De un lado está el amor y la esperanza, y del otro la máscara de un imperio vacío y seco tirando manteca al techo, la hipocresía el humo y las bombas.  Voy a ser parte del cambio, o caeré como un pajarito en su búsqueda, pero me subleva sentirme parte de un engranaje miserable y caduco que aplasta mi libertad y se roba mi conciencia. 

  No me importa morir en el camino, peor sería que no queden caminos que buscar, solo me importa haber podido elegir, la vida no vale nada si no lo intentamos, si no amamos la libertad para no dejar de buscarla.  

  Mi consuelo será que donde viví quede un pozo y una azada, alguna planta a punto de dar frutos, un techo y una promesa de sombra y a su suerte, como ahora, todo lo que crece más o menos salvajemente.  

  Porque aprendo mirando, como me gusta a mí, dejarme enseñar por la naturaleza como uno de los pocos filtros, parámetros validos de interpretación del mundo actual.  

  Porque su indiferencia hacia nuestra pequeña raza de seres de “inteligencia superior” nos adormece en nuestros errores hasta que bosteza y nos envuelve en algún cataclismo descomunal, siempre más grande imprevisible y rápido que los ejércitos globalizadores de gerentes de empresa con sus computadoras y sus teléfonos. 

  Sin dudas, hoy la guerra es entre corporaciones y naturaleza y, en el camino, se masacra al ser humano.  

  Pero no es una guerra tonta, los que la llevan a cabo saben muy bien el poder que emana de un pueblo que vive de la tierra, que acaricia su futuro, que conoce la amistad con las plantas y el clima.  

  Saben del inmenso despliegue de la primavera para delinear el horizonte, del derroche del verano que multiplica frutos en medio del sol abrasador, del otoño imperturbable que descarta todo lo que no es indispensable, todo lo superficial y sin vida, y del invierno que en silencio aguanta los golpes del frio y el viento seco, los leñadores y las ráfagas de arena.  

  Entonces, solo les queda hacer desierto y vertederos, sembrar los límites de calaveras e inyectar una manguera eterna que bombee el combustible de los ejércitos.

  Y mientras trabajan a destajo las fábricas de ametralladoras, y miles de millones de personas se hacinan en los pocos territorios que dejan libres las elites que usurparon el mundo, provocando cada vez más conflictos y más ganancias súper concentradas, más sangre a cambio de dinero.

  Mientras tanto, como un brote que espera su momento para nacer, se divisa en el pensamiento humano de esta era, una nueva pregunta.  

  O es una respuesta, todavía no acaba de nacer, camuflada simiente entre malezas y espinas, espera y se hincha.  Se agazapa bajo las enredaderas del consumismo y apunta al sol, a pesar de los escombros de la dialéctica del poder y la filosofía ética y económica de los últimos tres mil años.  

  Somos bacterias en una botella, lo único decisivo es empezar: ¿Quién se anima a poner en marcha un metro cubico de algo distinto a este abismo que compramos cada día? La decisión es urgente, necesaria y coyuntural, cada segundo cuenta.  

  La aguja se aproxima de a ratos al fiel de la balanza ¡Es hora de saltar sobre el plato!

 

30 diciembre

Diversidad

  


  Si, si: diversidad, no biodiversidad, que es un término un poco más técnico y acotado.  Aunque logren salvarse las 300 especies que se extinguen cada día, no lograremos salir de nuestra cárcel de cemento y colores neutros, de nuestra uniformidad, de nuestro automatismo conceptual.

  Más allá de la apropiación o uso del término para referirse al derecho a la diversidad sexual, permanente bandera de algunos colectivos que ejercen su lucha desigual contra los prejuicios y los condicionamientos culturales.   Indudablemente en pos de un derecho universal y humano que, en fin, nos abarca a todos sin distinciones: el derecho a elegir, a ejercer sin restricciones nuestra soberanía corporal, cínicamente cuestionada de mil maneras.

  Porque no es que estén luchando solamente porque dos hombres puedan caminar de la mano por la peatonal sin recibir agresiones y repulsa social, o dos mujeres puedan besarse frente al rio y a la vez  mantener su categoría de personas, en la práctica, la lucha es por un derecho universal a ser, a existir, y por lo tanto nos beneficia a todos en nuestras particularidades, en nuestros matices, en nuestras diferencias, en nuestra forma de estar vivos. 

Entonces hace falta diversidad en la población, en la humanidad, aunque la verdad es que mirando alrededor parecieran todos salidos de alguna máquina de fabricar monitos de feria, felices cuando ganan, violentos cuando pierden, endeudándose para poder apostar más alto en una ruleta arreglada.

  La uniformidad se disimula en un abanico de opciones ajenas y caras, diseñadas para encajar en el molde que hemos elegido para nuestra cabeza, podemos ser rebeldes estandarizados desde la ropa hasta el lugar donde vacacionamos después de aguantar nuestro trabajo de esclavos todo el año, podemos teñirnos el pelo de colores en una variada gama.

  Podemos llenar las redes sociales de llamados a la libertad, la igualdad y la fraternidad, la justicia y el amor, pero en la práctica, cuando nos levantamos de la silla, dándole un respiro a nuestros riñones, lo hacemos temerosos de no encontrar las señales que nos revelen como existir, que pensar, comer, hacer, decir, sentir.   

  Atravesamos y despertamos cada nuevo día temiendo el momento que no nos digan como tenemos que vivir, nos aterra ese vacío, aunque mientras sigamos sin buscarlas pensando que no hay opciones, seguiremos encontrando excusas para sentarnos a mirar televisión, mientras todo se derrumba sobre nuestras cadenas...

¿Pero que hubiéramos de esperar después de entregar históricamente el control de nuestro propio cuerpo y nuestros instintos más básicos, nuestro tiempo, nuestro pensamiento a una larga y nefasta serie de instituciones antihumanas? 

  ¿Qué nos pertenece? ¿Que nos queda después de eso?  Nada, o casi nada: nos queda nuestro poder de compra, nuestra validez estadística, nuestra renovada capacidad de sumisión…  

  Y con eso nos alcanza, pues es todo lo que necesitamos para sobrevivir, para sentirnos parte, para sumarnos a un camino en el que solo tenemos que dejarnos llevar.

  Por eso es tan cómodo a pesar de los vaivenes, a pesar de obligarnos a descartar nuestra personalidad cada temporada para volver a ser otra cosa distinta pero igual a algo que ya vimos, ya vivimos, ya fuimos y dejamos de ser.  

  Lo esencial es la comodidad, la felicidad autista de ser completamente dirigidos, sin tener que asumir el costo de tomar nuestras propias decisiones, el riesgo de equivocarnos, la aventura de ser nosotros mismos…

    ¿Qué nos sentimos falsificados? ¿Incompletos?  No, para nada, es una permanente alegría ver a nuestro alrededor gente exactamente igual a nosotros mismos, los mismos gestos, la misma moda, los mismos pensamientos, la misma diversión.  

  Es esencial estigmatizar y aislar lo diferente, no sea cosa que se mezcle, que nos toque, que nos contagie con su mundo…

  Mejor organicémonos en grupos, en tribus urbanas, eufemismo para disimular el hecho de que nuestra reunión termina caminando en fila india al centro del corral… “rebaños urbanos” estaría mejor dicho, y seguramente le encontraríamos la gracia, porque no hay intenciones de cuestionar nada, de hacerse preguntas, de buscar los fundamentos de nuestras actitudes.  

  Mientras, sigamos consumiendo los diarios digitales, donde nos venden a precio de costo lo que debemos ser y esperar del mundo.  Mientras, ahorremos, que un día nuestro dinero nos alcanzará para comprar exactamente la felicidad.

 

29 diciembre

Más allá de tu pulgar

  

  ¡Albricias! ¡Felicidades! ¡Felicitaciones! 

  ¡Hemos tomado la última curva con total temeridad! Mientras miramos películas de acción violenta donde los paladines de la libertad destrozan cada ley humana, arrasan países y dominan regiones solo para obtener más poder de destrucción y mercados, para poder continuar anunciándolo en las películas que nos sentamos a ver bajo los aviones… 

  Mientras seguimos consumiendo drogas y venenos industriales a gran escala, enfermándonos como imbéciles… Mientras ignoramos la realidad incontrastable, o aceptamos cualquier mentira para negar la degradación ambiental y humana, el colapso del planeta y nuestro sistema de vida… Mientras les damos cohetes a los niños y protegemos a los perros…

  No es necesario que vos lo sepas.  No, para  nada.  Solo sos un ser vivo en medio del coliseo, que aplaude pensando que está en las tribunas, pero los derrochadores del planeta saben muy bien que se acabó el margen, es una simple cuestión de balance, de costos, de consumo…

  Sencillamente ya no alcanza con fabricar dinero para mantener el castillo de cartas en pie y sin embargo pretenden seguir apilándolas hasta el infinito.  

  Pero claro, la Economía Keynesiana nos dice que los costos son económicos, que las ganancias son reales, que el canibalismo financiero es sustentable.  

  Y ahí estamos nosotros, felices ignorantes, fabulosamente estúpidos, caminando entre espejos que no reflejan más que los programas corporativos destinados a atomizarnos mentalmente hasta ser incapaces de reaccionar, mientras nos fijan a una pantalla que promete relatar nuestra destrucción en alta calidad gráfica.  

  Hemos llegado a un punto de manipulación global voluntaria tan extremo que deberíamos ser fusilados por el dueño de este zoológico, y, por supuesto, eso es lo que se apresta a hacer…

  Pero no reaccionamos, creemos tener el control, asumimos que el problema siempre es en otro lado, mientras aumentan las señales proporcionalmente a nuestra ceguera, mientras nos cerca el desastre con mayor velocidad. 

  El supercapitalismo caducó, solo quedan plurinacionales imperios sangrientos que funcionan a costa de invasiones y guerras sin sentido, que ni siquiera se pretende ganar, sino eternizar para mantener las fábricas de bombas en marcha.

  Pero la matemática financiera no es una ciencia exacta más que en la seguridad de su inexorable final, que, por supuesto, no será un apocalipsis total, sino una suma cotidiana y permanente de desastres que veremos caer sobre nuestras cabezas.  

  Ya no hay lucro, es mentira, no hay ganancias, toda estadística se fabrica a sangre y fuego, a miseria y terror, las pirámides del siglo 21 se incendian por falta de mantenimiento pero las pagamos entre todos, y encima, pretenden volver a facturarnos su reconstrucción, el ajuste de costos para mantener la ilusión de la modernidad eterna causa cada día nuevas tragedias y accidentes en todo el mundo pero sigue aumentando…

  ¿Qué diremos el primer día que explote una central nuclear, una bomba en su misma vaina? ¿Cuánto falta para el primer estallido en uno de los miles de arsenales militares en medio de las ciudades? ¿Que fue un accidente?  

 ¿Qué diremos el día que las grandes democracias estallen en pedazos, sin dejarnos de vender su libertad esclava?  ¿Qué era impredecible?

  Acostumbrados a olvidar los problemas como tiramos la basura a las alcantarillas, no logramos entender que no podremos escapar el día que se acaben los culpables, el día que no alcancen los chivos expiatorios…

  Pero que más da!  Así somos!  Un día nos creemos descendientes de dioses paganos y otro nos cagamos en dios, si eso sirve para sentirnos víctimas y juguetes del destino, absolutamente inimputables y perfectamente inocentes de toda barbarie que se exprese a nuestro alrededor.  

  Casi da risa tanta estupidez.  Toda señal negativa para la raza humana se multiplica y se acelera sin que nos sintamos nombrados, pero no hay forma de que no nos afecte, no hay. 

  Náufragos sociales deambulan por las calles como zombis mientras los poderosos construyen islas y más islas donde pretenden salvarse, como si el agua no fuera a crecer, como si hubiera una forma de patrullar tanta costa amenazada… 

  Salud guerreros, salud leones de este coliseo moderno ¡Las jaulas están abiertas!

 

26 diciembre

Mirando el cielo (Poesías)

 



26 de diciembre de 2014

 

Disolución

 

Pararte frente al árbol que plantaste hace tres años y pensar…

¡Mañana ambos seremos destruidos!

Sin tristeza veo llegar nuestro final, atado a la indiferencia

De los espectadores, que no dejan de mirar.

Aun, esperan de entre los muertos, llevarse un recuerdo.

Algunos  mueren para vivir, no fundar instituciones,

Y algunos viven para simular la muerte, rodeados de televisores.

¿Y los tibios? Eternamente esperando, que otros abran el camino:

¿Es esa la luz al final del túnel? Consultan y tropiezan, piensan, imaginan…

Pero la historia crea, inventa, antes que pasar páginas en blanco,

Las nuevas milicias de la tala rasa, harán de la duda, tu última casa.

¿Es que no enseña nada la última propaganda? Hay que ir al frente

Como moscas, si todo está podrido, como abejas si una flor resiste,

Y fundar gusanos en la vieja herrumbre atada al tiempo fijo.

Seculares desacatos, burlescas comadrejas robando piedras

De los fundamentos mismos del castillo…  y una sonrisa que abrace

A cada guerrero en su piel de bufón, a cada sirvienta que espera

Un día no levantar el jarrón, ni la mancha del suelo, mientras escupe

El whiskey con dos hielos.  Simular no es mentir, sino engalanar los días

Apuntando fijo a la libertad, cada minuto cuenta, cada batalla pasada

Nos convence de morir a dentelladas, y no quietos con la baba seca

Colgando como una guirnalda, en una cama vieja y anticuada…

Sin fuerzas para saltar el cerco, temiendo la oscuridad

Que al fin llega, corriendo.  Al bosque, que es tarde

 ¡Y la luna llama! Una energía extraña va trenzando el planeta a rajatabla,

Entre temerosos privilegiados, entre cuerpos que el pasto tapa,

Entre cubiertos de plata y servilletas bien dobladas, entre tablas y cañas

De la tierra vuelve el amor de los que murieron sin dejar de amarla.

Pero la última masacre, no termina de empezar, con tantos verdugos

Pidiendo seguridad social, esperando de reojo el golpe que desate

El desbande en sus propias filas, soldaditos de plástico, como niños

Un día no van a jugar más… aunque hoy haya que luchar, morir, temer, matar.

Ese día llega lo sé, lo siente mi piel, naciendo entre cicatrices, mi corazón

Calmo, entregado de antemano, curado con amor del espanto, pronto

Seremos todos arrasados para forjar, un velo que nos deje ver la realidad…

¡A los caminos! ¡Vamos, no quiero morir en casa! Al bosque

…que no es lo mismo dormir en una cuadrada plaza…

 

 

Siempre nosotros

 

Siempre cometemos el error

De pensar que los demás

Concuerdan con nuestra mirada.

Siempre cometemos el desliz

De asumir que en su vivir

Nos compete el cuándo, cómo y qué.

Siempre cometemos la locura de creer

Que a cualquier problema vamos

A adaptarle nuestras soluciones.

Siempre estamos a punto de pisar

En las trampas que tendimos para otros

Mientras miramos hacia atrás adivinando

Un buitre mayor cayéndonos.

Siempre el corazón

Marcará el rumbo

Cuando no haya más rumbos

Que tomar.

 

Ta pesado

 

Gota a gota se escurre el tiempo

Entre las manchas de la pared

Un mosquito espera, una araña mira

Una polilla acecha al foco, más allá

…y la tarde se echa en el suelo

Esperando esa lluvia, que tal vez erre.

 

 

Pronostico del clima

 

Quisiera ser como la noche, que no se detiene

Como el amanecer, que entra antes de llamar

Como las nubes, que saben dónde ir

Impiadoso como el viento, feroz como la lluvia

Quisiera subir a la ciudad, como un tornado…

Ser el sol para verte crecer, cerca de la vertiente

Que se agota y se renueva en cada estación…

 

 

Insomnio

 

Me miro al espejo, no más que carne de trueque

Destinado a morir sin conmover, sin embargo

No fui ayudante de mi destino, respiro

Aun, tarde he llegado a comprender

Que mis enemigos ¡me conocen mejor que yo!

A la deriva como una boya, desorientado

No hay una costa que no esté en pie de guerra

Y así el horizonte ¿pero en que bando voy a estar

Que toque al tun tun de mi corazón? Yo solo caigo

En alas del amor, y en la tierra me olvido de todo lo que soy.

 

 

¡Despertar!

 

Entre la duda y la inacción, el temor…

Pasa un día más lleno de polvo quieto, silencio,

Me refugio del sol, del viento…

Encierro del alma que no se anima al incendio.

No es tan malo mirar pasar el tiempo

Y derivar un rato en la corriente, mientras corre la orilla

Todo es igual cuando no vas a parar, todo

Es lo mismo si no arrancas, pero el tiempo

Arrasa todo con su soplido lento, aunque no importe

Y las telarañas no dejen despegar mis sueños…

No puedo explicarte lo que estoy haciendo

¡No puedo explicarme lo que estoy haciendo!

Con las patas mojadas en pleno desierto

No sé si estoy estancado o solo retrocediendo

 

 

Otra navidad

 

Un día más de llovizna lenta

El mundo parece detenerse

En el reflejo de un niño gitano

Que llora por sus regalos.

En cada vidriera un atentado

A la lógica, la utilidad, el mismo mundo.

Comamos y bebamos como condenados

Que mañana seremos absueltos nuevamente.

Para todos hoy, hay amor, pero no mires

A los costados, que nadie quiere saber

De qué calidad es el decorado.

Cada esquina vuelta un basural

Demuestra el éxito del centro comercial

Mañana después del brindis, abrazo

…y deseos estériles de felicidad

Cada cual dejara su amor de diez segundos

Para volver a sentarse frente al televisor

Los autómatas no sienten ¡vaya farsa

En que nos han venido a embaucar!

Bien condimentados, a caminar

Por las calles de la ciudad, ignorando

Si hay un día que merezca ser olvido,

Si hay un medio que deba ser preciso,

Si la vida merece sus latidos…

 

 

Para no olvidar

 

¿Cuantos inviernos me comí las semillas de la primavera?

¿Cuantas ratas oí trotando entre mis patas?

¿Cuánto frio y cuanto calor, cuanta lluvia y viento afilado

Atravesé caminando para durar un día más?

¿Cuánta basura comí? ¿Cuantos mendigos fueron padres,

En mi desolación? Y cuantas noches temí, pero en libertad:

Mirando las estrellas, escuchando, aguantando el llanto…

Y cuantas veces me chuparon, solo por ser, aferrado

A los barrotes, encarcelado, mirando el patio, esperando

Que me suelten, por no tomarse el trabajo…

Cuantos caminos recorrí arrastrando mis pies cansados

Cuanto di, y cuanto más recibí, sin esperar, sin pedir, orgullo

De animal salvaje, que mira de lejos el alambrado.

Recuerdo de nacer y de luchar… la vida en la cornisa

Mi único lugar, aunque… ¡Soy una persona! ¡Yo no tengo dudas!

Cuanto silencio por no hablar a oídos sordos, y cuanta magia

En algunos ojos, y cuantas manos ajenas fundaron mi esperanza.

Y cuantas mujeres y niños, me salvaron primero… del naufragio…

 

13 diciembre

En la cresta de la ola

  

  Vivimos en la sociedad del control, en la era del control, disfrazados de nosotros mismos pero en realidad, todo lo que sabemos, lo que hacemos, es un reflejo sobre el oleaje de la posmodernidad que arrasó todo con su ultra abundancia de lo parecido.  Completamente cuadrados, acomodados como cajas en el almacén, lo único que importa es que podamos ser monitoreados, un poco dirigidos, bastante anestesiados, y sobre todo educados diariamente en la compulsiva adicción al consumo.

  Somos un stock de marionetas corriendo de un lado para el otro generando la espuma que chorrea del vaso donde se acumula el capital mundial buscando sus límites impredecibles.  O sea, impredecibles para algunos, unos cuantos: la gran, inmensa mayoría no tenemos ni la más pálida idea de cómo se genera el dinero, el valor de las cosas, los bienes, ni tenemos control ninguno sobre su calidad y distribución, creación y destrucción.  

  Somos simples receptáculos de diseño, somos la boca abierta atrás de la cinta de producción, donde apenas se mezclan chicles y misiles, muebles y diversión suicida, chismes y noticias, animales de granja y mascotas en extinción… ¡A nadie le importa! ¿Querés ser terrorista o presidente? Diariamente se rifan los lugares, para cualquiera con un poco de ambición y nada de escrúpulos.  Hay mil puertas abiertas para lucrar y abanicarse con el poder.  

  Claro que el poder es esclavizante, claro que el poder es inesquivable como una bala rasante, y después de la función, vienen a por el actor, o la actriz principal, a fabricar un chivo expiatorio que sacrificar sobre las rotativas de los medios corporativos, que simulan fabricar noticias día a día, cuando las programan para un año entero.

  Atrás de cada líder se mascan los tiburones para ver quien pasa al frente, ilusos, pretender ser más cuidadosos, más honestos, más creativos, más inescrupulosos.  Al igual que los periodistas “objetivos” que nos rodean, ignoran que son solo un pequeño engranaje más del misterioso club de los súper ricos, que atiende a puertas cerradas a los linyeras de gobierno para ver de permitirles una nueva aventura militar…

  Seguimos sacando conclusiones de premisas falsas porque así nos acostumbraron a pensar, masificando las respuestas y las preguntas, vaciando de contenido a la misma vida hasta que nuestro propio cuerpo es un producto que tenemos que homologar… tostar, adelgazar, fortificar, vitaminizar, entrenar y cuanto más.  Y ya crecemos atentos al formato unificado, temiendo a cada rato desviar el paso.

  La lista de la normalidad no  permite deslices, pagá tus impuestos a tiempo, joven dispuesto a todo, delgado, elástico trabajador, casado, heterosexual, dominante, cristiano, monocultural, listo para seguir al Macho Alfa, para atacar donde sea que haya que abrir un nicho nuevo de consumo desenfrenado.  Y así caen los baluartes del librepensamiento arrasados por la mediocridad, hasta desaparecer como las cañas, que siguen fundando raíces y caminos bajo tierra.

  Porque contra este mundo mecanicista y automatizado solo puede oponerse la acción, pero no la acción rutinaria, impersonal, sino la acción transformadora, comprometida con su resultado y fruto de su propia historia, la acción que genere nuevos caminos, o, mínimamente,  nuevas formas de transitar por los viejos caminos, para desalienarnos, para salir de la asfixia del estrés inquebrantable, del día tras día, de esa sensación de malestar que persiste después de haber cumplimentado nuestras metas de ratones de feria.

  Ah, parece un sombrío panorama pero no, todavía podemos pedir un crédito, fabricar una estafa, invertir en un negocio de temporada o cuantas cosas más.  Es la magia del sistema capitalista, la ética es una niña que a veces se saca a pasear por el bosque, de moral solo hablan los humoristas, ni siquiera importa si pagas o no tus deudas, tu función es mantener el tambaleante dinosaurio caminando, aunque nadie pueda decir hacia dónde.

   Entonces, ¿Te sentís más feliz ahora con tu televisor de 96 pulgadas? ¿Ah no? Solo podés ver basura en alta definición y un sonido envolvente que te permite escapar de la realidad, hasta que observas aterrado la ceniza de un cigarro a punto de caer sobre la alfombra…  

 

Soplando la mecha (Waterworld)

    Todo parece fantasticamente divertido hasta que el olor a quemado sale de nuestra cocina.  Hasta que la sangre crorrea, desde nuestra ca...