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21 noviembre

ONU (Revetada)

 





  Si la historia fuera lineal, estaríamos viviendo en un mundo ideal, al estilo de esa vieja película...

https://www.youtube.com/watch?v=sCZfKOFL2Jg

  Pero la historia no es lineal, sino enrevesada y sinuosa, tortuosa.  Se ha intentado por cien años mantener unido al planeta.  Mantener atado digamos, maniatado, con las únicas herramientas y formatos que la humanidad conoce para convivir: la violencia, el uso indiscriminado de la fuerza, el miedo, la explotación legal.  El chantaje

  Para que todo eso fuera posible, se creo la Sociedad de Naciones, y luego la ONU, que a pesar de intentar parecer una asociación igualitaria, no hace mas que reflejar, catalizar, utilizar y fortalecer las actuales relaciones de poder, como puntos de vista y herramientas para "resolver" los problemas que hay en el planeta.

  Claro, que para ese poder fuera aplicable, se crearon dentro del gigantesco organismo -desde el principio, desde la hora cero controlado, gestionado y financiado casi en su totalidad por la potencia dominante- un gran número de organismos e instituciones secundarias destinadas a distraer al público, pretendiendo que iban a cuidar o a atender las necesidades y las aspiraciones de las diferentes naciones, etnias, estratos sociales, géneros, franjas etarias(ancianos y niños) ecosistemas, producciones culturales propias etc. etc.  

  Se nos hizo creer que la institución iba a servir para algo mas que para fortalecer la capacidad del imperio de extenderse para siempre.

  Se nos hizo creer, año tras año, que la institución iba a servir para generar soluciones en vez de eternizar, justificar, y legalizar los problemas.

  Para "...mantener la paz y la seguridad en el mundo"

  En estos días de hoy, en que el imperio trastabilla y no alcanza a pararse derecho nuevamente, ya que no puede pisar con fuerza en ningún territorio ajeno en que no se clave una espina envenenada, un clavo candente, los esfuerzos por mantener la legitimidad de la Sociedad Global de Naciones, oscilan entre lo grotesco y la total infamia.

  Pero no es culpa de los comisarios del planeta!  Somos una raza apática y sumisa, que acepta cualquier mentira mientras pueda verla por televisión, aunque esté pasando a media cuadra de nuestra casa.  Claro que un día nos despertamos con una bota aplastándonos la cara, pero...eso es otra historia.

  Hoy, que esta valiente chica italiana, Francesca Albanese, grita y llora, exige y se indigna ante todos los micrófonos y cámaras que encuentra, intentando abrir los ojos ante un genocidio en marcha, probado y comprobado diariamente ante millones de testigos, nos deberíamos preguntar: Realmente, mejoran nuestra vida en el planeta, estas instituciones??

  Porque no está logrando ningún resultado.

  Porque antes de este genocidio "disimulado", vimos el de Irak y Afganistán, el de Libia, donde por mandato (Si, por mandato) de la ONU se destruyeron países enteros, se deslocalizaron millones de personas, y otros tantos millones de seres humanos fueron exterminados sin piedad, y con absoluta, legal, impunidad.

  Porque antes de eso, la institución funciono como legalizadora de cien invasiones, asesinatos y masacres contra países o personas que impedían el normal funcionamiento de un imperio que solo puede funcionar aplastando todo lo que se le pone adelante.  Sus engranajes no soportan el menor grano de arena.


  

  Es por eso que no se escucha a Francesca, como no se tomó en cuenta la renuncia de los cientos de dirigentes comprometidos con su trabajo, relacionados a los derechos humanos, la niñez, los derechos de las mujeres o las minorías, la autodeterminación de los pueblos, el control de armas, la protección de ecosistemas y especies en peligro, y otras molestias por el estilo.

  Es por eso que un imperio como el estadounidense, que aun tambaleante, amenaza con dejar un enorme y sangriento hueco donde caiga, puede vetar una y otra vez resoluciones unánimes del Consejo de Seguridad en contra de un espantoso y evidente genocidio.

  Esto no es porque su veto tenga sentido, ya que es obvio que solo acarrea espanto y desprestigio, sino por que su no-veto, o su voto a favor, pondría en evidencia que el poder de la ONU es solo ficticio, y depende nada mas que de la voluntad de obedecer de sus estados miembros, que generan directivas o las desobedecen en directa relación a su poder económico, militar o político.

  Bueno, no seamos ingenuos, no hay poder económico o político antes del poder militar, así que la realidad es que creamos una institución para que los cañones hablen a través de escritorios, para corregir los efectos adversos de la diplomacia y los deseos de paz  y prosperidad de las naciones.

  La ONU fue creada para congelar a la humanidad en un estado de posguerra infinito, interminable, que pudiera ejercer mediante el miedo y la opresión a los mas débiles, la fortaleza unificada de los poseedores de las armas, para ejecutar sus macabras planificaciones.

  Suena parecido a una prisión, no? Lo es. Vivimos en un mundo diseñado como una cárcel de máxima seguridad, donde nadie puede escapar a su papel sin ser severamente castigado.  

  Por supuesto, esto no es lo peor, sino que si echamos un vistazo a las entrañas del diseñador del sistema, el siguiente paso es privatizar la prisión para que todo resto de legitimidad basado en derechos y obligaciones mutuas, sea absorbido por un esquema económico completamente arbitrario y deshumanizado.

  Claro que despues de una invasión legalizada que mata a cien mil niños en las calles, llega la UNICEF y salva a cien de los que restan al azar.  Eso es lo que estamos aceptando.

  Claro que despues de imponer un tratado de "Libre Comercio" que esclavice y pauperice a naciones y regiones enteras que abarcan a cientos de millones de habitantes, vienen las ONG'S a desparramar algunas migajas para la prensa.

  Y así por el estilo... 

  Pobre Francesca... intentando hacer su trabajo, perdiendo el sueño y la salud, hasta que sea eliminada de la historia de una forma vergonzosa y cruel.

  La realidad es que solamente resta colgar el cartel de "Orden Basado en Reglas" (el eufemismo para declarar la absoluta y arbitraria legalización de cualquier deseo que el poder de la violencia armada pueda imponer)

  Por eso el veto al Consejo de Seguridad.  Porque si no existiera ese veto, la obsolescencia y la inutilidad de la ONU quedaría completamente al descubierto, desnuda, como ya paso con la UNIFIL y la UNRWA, felices marionetas legitimadoras de la devastación permitida y programada. 

  Acaso es algo mas que una pantomima?  Los obligan a irse?  A dejar de proteger a los indefensos? Como pasa eso?

  No fue la misma institución la que puso a su servicio miles de tropas y aviones y barcos y tanques para destruir inmediatamente a los revoltosos?  Como es que ahora se demuestra tan impotente?

  No estamos haciéndonos las preguntas adecuadas, y es por eso que no se generan las respuestas, las soluciones, las instituciones adecuadas a una supervivencia sustentable de la vida en el planeta tierra.

 Esa es, o debería ser, la única preocupación.  Pero seguimos viajando a Nueva York para ser humillados y burlados, ridiculizados como especie humana.  Extinguidos

  Ojalá que alguien de el ejemplo, y no se suba al avión, a tiempo.  Porque justamente el tiempo es lo que se agotó...


05 febrero

Clasificaciones

 



  Por qué estás leyendo esto? Por Qué?  No es tu decisión ni la mía, solo se trata del cruce de parámetros financieros, utilitarios y comerciales diseñados por robots que interpretan datos y proponen "información relevante" acorde a esquemas propios de dispersión total del tiempo, la conciencia y los recursos disponibles: robots de metal y plástico diseñando robots de carne y hueso.  Entonces...

  La mecanización completa de la vida social humana(todos los seres vivos tienen una "vida social", aunque solo la de los seres humanos carece casi completamente de sentido) acota con firmeza las definiciones y el alcance de toooodo lo que nos rodea.

  Y no solo eso, además, las interacciones posibles y/o permitidas, que son las únicas que nos importan, porque nos permiten vivir por delegación -y sin sobresaltos- a través de manuales, reglas, APP's, redes sociales o sistemas de sometimiento personalizados encarnados en instituciones varias.

  No importa el metodo, siempre hay una institución, sean estas laborales, de formación o castigo, gobiernos, milicias, clubes, corporaciones, doctrinas, ideologías, etcétera.

  Es así que, realmente, no hay nada nuevo bajo el sol de las autodefiniciones en busca de consenso, de aprobación, de las clasificaciones y autoclasificaciones que nos homologan y optimizan. 

  Las definiciones nos protegen como un paraguas a cuya sombra podemos elegir lo elegible y caminar hacia cualquier lugar pretrazado por el estándar tan gloriosamente adquirido.  


  Como seres humanos, hemos perdido(o pretendemos haber perdido) la condición de igualdad absoluta con toda otra forma de vida y conciencia, adormeciéndonos en un confortable esquema de previsibilidad y superioridad que se impone suavemente a través de directrices externas, supuestamente justificadas por la ciencia, o la sicología o la filosofía, o la mística religiosa, que se han adjudicado a sí mismas un supuesto aire de imparcialidad de enfoque y objetivos, de infalibilidad.  

  En la práctica, no son más que otros resortes de la hegemonía, la opresión y la dominación, como las fuerzas de seguridad, la economía de mercado, la medicina moderna o el poder nuclear.  

  Pero si miramos alrededor, es tan cómoda la uniformidad, que preferimos encajar y ser esclavos, inmóviles, de la clasificaciones: despertamos en un fichero social que archiva todo lo que debe y no debe ser, y pasamos a representar la hoja que tiene escrita nuestro nombre. 

  Los límites están bien marcados, las atribuciones, incluso quien tiene derechos sobre nosotros o nuestra tribu, después de eso está el precipicio: la tierra sigue siendo eternamente plana. 

  Y así es cómo gastamos los días y los años, clasificándonos y clasificando todo, arrinconándonos en un concepto cada vez más acotado y cada vez más carente de libertad, de decisiones propias, de propósito y autorrealización, hasta convertirnos en despojos temblorosos que no hacen más que esperar y temer la muerte, como una rama seca teme la tormenta.


 Lo peor, sin embargo, es que nos hemos acostumbrado tanto a nuestra jaula, conceptual, tan real que impone sus límites a nuestro pensamiento aún antes que nos pongamos en acción, y cada vez menos, traspasamos sus invisibles fronteras en aras de una tranquilidad de zoológico: tristes pero vivos, siempre a la vista del guardián que nos trae la comida.  

  Así, no dejamos de adaptarnos a las clasificaciones, buscando permanentemente indicios externos de lo que debemos ser y parecer, ya que nuestra propia imagen social es construida por los demás, que por supuesto, construyen su mirada en los mismos manuales que el poder hegemónico pone a nuestra disposición de forma gratuita.  

 Claro, no es que tengamos que ir al Municipio, o a la Biblioteca Pública de la ciudad, nos basta con encender el teléfono, la radio o el televisor para ser apabullados por una miríada de influencers, stand-up, expertos, opinólogos, etcétera, diseñando cuadros dentro de cuadros, límites dentro de límites.  


  Por supuesto que hay una movilidad conceptual, es divertido pero hay que estar atentos, porque todo cambia rápidamente: en este neomundo, las jaulas tienen rueditas.  Actualizarse es permanecer, de lo contrario, quedaremos al borde de la muerte civil, de la no existencia social, de ser no-seres, aplastados por la marginación y la no pertenencia, la exclusión total...

  Y eso? Será bueno o malo?

21 octubre

Bancos, personas y violencia

 


  Soy Santiago Presas.  

  Hace un  tiempo, uno de mis empleadores, se sumó a un programa gubernamental que subsidiaría la mitad de mi sueldo, como suelen aprovechar las clases altas para vivir del gobierno sin ser tratados de planeros.  

  Luego  de formalizar algunos papeleos, un  par de semanas mas tarde, alguien  del Banco Nación, llamó a la contadora de la empresa, para avisarle que ya podía ir a retirar la tarjeta de la cuenta sueldo, que se encontraba en la institución.   

  Como dicen que se hace, fui temprano y saque un  número en el sector correspondiente y me arme de paciencia, ya que todo parecía transcurrir con extraordinaria lentitud.  

  Pero no era igual para todos, porque mientras una pareja de ancianos  aferrando su medio quilo de bananas con tanta seriedad como la documentación, corría el riesgo de mearse encima, otras personas llegaban sin  número y tras alguna palabra con  la chica a cargo, eran inmediatamente atendidos, y rápidamente despachadas entre gestos de camaradería, provocando que la totalidad de las personas que seguían esperando se sientan  ninguneadas, avasalladas, violentadas, y tratadas sin ningún respeto. 

   Ante esta selección, esta política de clientes preferenciales, algunos se indignaban, otros suspiraban calladamente  y otros tantos abandonaban su turno por no poseer el tiempo necesario. 

  Claro, ante la injusticia, mas allá del silencio, una solidaridad invisible fue cambiando esos turnos abandonados para dejar a los viejitos mas cerca de su meta.  

  Ante la sonrisa sorda de la joven mujer que atendía la ventanilla frente a las quejas que ya levantaba lo intolerable de la situación, me levanto y le informo: "Mira, todos somos personas, algunas llevan horas esperando y otras se fueron sin ser atendidas, pero todos  nosotros, que sacamos un  numero y esperamos, nos sentimos violentados cuando lo atendés a él (señalando un  obeso comerciante que impaciente esperaba la finalización de su espurio trámite) sin número  porque todos estamos trabajando o haciendo algo y el tiempo es importante para cada uno de nosotros." 

  Solo me respondió su afilada y cínica sonrisa.  El abuelito volvía lentamente al lado de su esposa, luego de haber ido al baño de la plaza.  Me siento entre comentarios de aprobación, que es todo lo que pudo producir la mansedumbre resignada de la gente... 

  Una sonrisa recorre las sillas, cuando el 57 finalmente les toca a los abuelos, que logran  su cometido y se van lentamente.  Luego, finalmente mi turno, el 62, tras solo tres horas y media de espera.  

  Tengo los papeles en la mano pero no, solo necesita mi DNI, con el cual se va dos pasos atrás, consulta brevemente con el cielorraso y vuelve: "no llegó, están atrasadas". Terminante, ejemplificadora, feroz. 

  Para que quede bien claro quien esta en posibilidad de aguantarse  todo sin quejas, y  quien de disciplinar, tomar represalias y venganza.

  Dada esta situación de inconducta, mala atención y violencia, recorro un par de boxes buscando un libro de quejas, pero el mismo se encontraba en "Mesa de Entradas", representada por un escritorio vacío, sin personal.  Espero algunos minutos mas para ver si podía acceder a ese libro para expresar y dejar asentado mi punto de vista sobre la situación, pero al darme cuenta de que nada funcionaba como debiera, subo unas escaleras hacia donde decía "Gerencia". 

  Ahí fui atendido con un poco mas de celeridad por la gerente, Alejandra Racente, que, dejando de charlar con una empleada, como buena gerente defendió la pésima gestión, explicándome que había muchos tipos de trámites, sectores y ventanillas, y tecnicismos por el estilo, pero excediéndose en mentir que era cierto, que había atrasos, de hasta tres o cuatro meses, que seguramente mi tarjeta no estaba.  

  Ante ese discurso inadmisible, que reducía los perjuicios, la injusticia y la falta de respeto a terceras personas a algo casual e inevitable, le recordé que lo casual e inevitable, mas allá de que cada persona tome decisiones, emanaba de su dirección, y si iba a resolver algo, así ella y yo, incluidos, no volvíamos a perder mas tiempo. 

  Y así siguió la conversación un minuto mas, recordándole que siempre es igual o peor, y que despiadadamente toman sin ninguna vergüenza, el tiempo que cada cual necesita para encarar su vida, su trabajo, su desarrollo personal. 

  Y me fui, con la promesa de volver y verificar el cambio o el estancamiento infinito de la situación.
  Sin mi tarjeta sueldo.

  Soy un trabajador que no podrá cobrar su salario.


21 noviembre

Seguimos jugando...

 ¡Claro que si! ¡Seguimos jugando a la Pandemia! Porque algún campeonato mundial siempre tiene que haber, que nos proponga la amnesia social y la apatía regulada.  

  Seguimos pretendiendo que hay enfermedades misteriosas y curas milagrosas que salen de la misma bolsa de este morboso y risueño Santa Claus llamado Capitalismo, solo porque no dejamos de escuchar los latigazos con que acelera a los ruinosos renos de su trineo: ONU, OMS, OTAN, OMC, UNICEF, etcétera, los de siempre.  

  Claro, ahora está en riesgo la especie humana -nos dicen- para que entendamos, que una vez mas tenemos que adaptarnos a todo y sobrevivir, extinguir toda crítica y nuestro propio juicio, y someternos sin queja a este abanico de restricciones y arbitrariedades permanentes que, nos lo han dicho toda la vida, pertenecen al campo de la barbarie y las dictaduras, aunque ahora forman parte del entramado fundamental de nuestras supuestas, bellas democracias. 

  Es que es necesario, y además, temporal, y ya va a pasar... 


 

 Pero no pasa.  

  Todo sigue y sigue y sigue, igual o peor, y se establece aunque no tenga sentido, y como borregos seguimos caminado atrás de un barbijo que absolutamente nadie, pero nadie en el mundo, ha dicho y demostrado que sirva para algo. 

  Es mas, solo salimos de nuestro encierro y de nuestro calambre mental para hacernos dar una vacuna que nadie ha dicho ni demostrado hasta hoy que sirva para algo mas que para lo que se puede ver a simple vuelo de pájaro: un fabuloso e inmenso negocio, mecanizado institucionalmente a través de los gobiernos, cuyas ganancias van, también, por supuesto, a la cima de la pirámide social. 
  Lo de siempre, como era de esperar...

    Claro que, no hay una estadística que no haya sido tergiversada, no hay números ni conteos de muertos que no hayan sido arreglados, fabricados, publicitados y vendidos como el pan caliente de las mañanas, y por supuesto, tampoco faltan los culpables, probables o presuntos, para que la humanidad se atrinchere de un lado o del otro a ambos lados del planeta, de la ciudad, de la calle. 

  Con ocho o nueve titulares en los diarios han puesto a casi cada integrante de la especie humana en guerra contra si mismo.  ¿Pero que pasa alrededor? Cada negocio turbio y cada acto de corrupción continua con mas desparpajo que nunca, cada atropello social, cada pisotón de los imperios y cada ecocidio lamentable y final y cada injusticia y acto de violencia en el mundo, jamás se detuvo, al contrario, todo eso avanzo mas que nunca. 

  Sin embargo nos pretenden encerrados porque nos cuidan, mientras hace mas de sesenta años que la Revolución Verde convirtió nuestra comida y el agua que tomamos en un veneno permanente y cotidiano, en una forma espantosa y lenta de morir adoloridos y sangrando. 

  Nos dicen que debemos cuidarnos de un virus que esta en el aire, mientras la industrialización, el hacinamiento inexplicable en las ciudades y el consumismo a destajo redujo hace rato la calidad de lo que respiramos a la categoría de "Insalubre" mientras también fue envenenado cada pedazo de tierra y cada curso de agua superficial o subterráneo y, como no, cada gesto de amor, desinterés o solidaridad. 

  Todos los días se descubre que, un nuevo material, proceso o ingrediente que usamos en nuestra vida desde que nacimos, resultaba ser tremendamente nocivo, venenoso, mortal, tóxico.  
  Y nos enteramos porque, justamente, han encontrado un reemplazo igual de redituable y rendidor, igual de caro y monopolizable, que pasará a ser parte de nuestra vida sin dejar (ahora si, supuestamente) esa gama de efectos secundarios y mortales que nunca nos fueron notificados a tiempo. 

  En realidad, tampoco nos preguntaron nada, nunca tuvimos opción, como parecemos no tenerla ahora, mas que hacer filas y dejar de preguntar, mas que callar y dejarnos llevar de la mano hacia donde nos pongan, hacia nuestro heroico lugar salvando la humanidad por medio de nuestro silencio y nuestra docilidad total.             

  Claro que la pandemia era necesaria, eso está fuera de discusión: ¿Cómo podríamos reestructurar recursos y esquemas de convivencia de una manera tan rápida y eficaz?

  ¿Como podrían los gobiernos gastar y contratar lo que les viniera en gana sin ningún tipo de control?

  ¿Como podríamos establecer y normalizar la muerte selectiva, al fin, como algo conveniente y natural?

  Nuestra función como países periféricos es financiar a los centros de poder para que puedan asumir el choque en marcha, el juego de reyes al que llaman guerra. 

  Pero bueno, consolémonos, al final, también las poblaciones de los países ricos y felices son sacrificados para deleitar a las élites, a esos seres invisibles que fabrican las noticias, lo noticiable, y lo que nunca jamás sabremos que ocurrió.

  ¿Qué nos queda? Seguir muriendo lentamente del veneno acumulado en nuestra grasa y nuestra piel, nuestros órganos, nuestro tiempo, nuestros hogares y nuestra mente.  

  Seguir jugando a la democracia mundial de uno y otro lado para que la enajenación y degradación del planeta siga su curso atravesando ideologías e ideales, partidos, movimientos y asociaciones mundiales...suavemente, sin el menor contratiempo ni retraso.  

  Claro, no nos preocupemos tanto, como las capas de una cebolla, si una mascara se cae ya había otra en su lugar, y después del Coronavirus vendrá otra pandemia, y otra, y otra, no importa cuantas vacunas nos apliquemos o a cuantos vecinos denunciemos.  

  No importa, por supuesto, la verdad, y no importa quien nos mienta mientras no se agote la batería del teléfono o no se vuelva a caer el Wasap.  

 Una voz en la radio nos dice que estamos vivos, una imagen en la pantalla nos convence que aun no hemos muerto por dentro, salgamos corriendo, a comprar...






25 junio

Policías y maestras

 


 

 Maestros y maestras… que lejos quedan los tiempos, si es que alguna vez existieron (o será que el pasado siempre es perfecto) en que se abrazaba la docencia por vocación.

 Contradictorios tiempos en que se amaba a los niños antes que a todo (con castigos corporales incluidos en el combo) en que se pretendía fundar una nación a través de la construcción de sus ciudadanos, de la formación cívica que direccionara una comunidad organizada. 

  De esta manera, la nación no podría apuntar más que hacia la evolución y el bienestar, el progreso y la conquista de nuevos horizontes sociales, tanto individual como colectivamente.

  Claro que estos viejos tiempos no pasaron para todos, seguramente, aunque la vocación no garantiza nada, y una persona adulta frente a un grupo de niños es una expresión de poder en si misma.

  Como tal, como toda expresión del ejercicio del poder, fácilmente recae en el despotismo y la crueldad, porque hay que manipular a esos niños, y evitar el estrés, y comer, y volver a tiempo para encarar los problemas de casa, y esos revoltosos no son fáciles de controlar…y…

  Por supuesto, no es difícil sino imposible pensar en niños y adolescentes y sus problemas y necesidades, vitales, humanas o educativas como una prioridad básica más importante que los propios problemas y necesidades…

  Pero claro, siempre hubo un prestigio, una especie de brillo en la tarea de dedicarse a la educación de los demás, al adoctrinamiento, a la formación de las futuras generaciones… 

  Ya Sarmiento, sin embargo, derramaba sangre por doquier como mecánica social educativa, y su base ideológica nunca cambio ni fue revitalizada, tal vez nunca fue o será cuestionada.  

  Nos viene legada esa forma retrograda y antigua de encarar la educación, como un proceso unilateral, unidireccional, absolutamente autoritario y cínico, que parte de la base de que no debe haber acciones ni reacciones propias, y por lo tanto no existirá el pensamiento, la acción, divergentes o creativos.

  Y más allá de las particularidades, de las necesidades puntuales de cada alumno, al cual se le ha impuesto una asistencia obligatoria a clases, no hay un pensamiento que no esté anteriormente autorizado, no hay una respuesta ni una dirección posible que no haya sido designada como buena por el ministerio de educación y luego por las políticas de turno y luego por el particular tamiz del maestro, docente, educador o como demos en llamarle, según los usos usuales…

  Claro que también en este juego ambivalente de los opuestos (irreconciliables y opuestos), se apunta -desde esta posicion “culta”-  a los policías como cenit de la incultura y la degradación humana, el nuevo y fácil chivo expiatorio de nuestros tiempos violentos, con la seguridad argumental de la afirmación rotunda y contundente de que “en seis meses salen a la calle con una pistola”. 

  Claro, sin mermar en nada el desprecio ni el valor de uso político habitual que parece ser su única virtud, los dibujamos habitualmente con la posibilidad latente de matar y torturar, con un poder inimaginable y falto de cualquier control, y viniendo a ejercer ese poder en la calle que nadie controla, sin dejar de ser ni olvidar su extracción social de clase baja y frustrada, de resentimiento anticipado y etcétera, etcétera…

  Claro, y seguro que cobran acorde a eso, o menos,  y cuantas veces,(¿O siempre, absolutamente, como casi todo el espectro de diversidad laboral?) menos que un maestro…

  Por eso no se puede garantizar los ideales de lucha por una justicia justa, cuando en la práctica ésta ni siquiera se permite por improcedente, cuando sigue beneficiando y privilegiando a los ricos y casi siempre debe ser contemporizada para encajar en sus necesidades de poder y dominación social.

  De las ilusiones de unos y otros se enternecen las clases altas, que no precisan de justicia para lavar dinero diariamente por millones, acumular poder a través del cinismo de los fraudes cotidianos, traficar y vender por pedazos países enteros.

  Un policía no sirve a la seguridad cuando antes que cuidar a los vulnerables e indefensos es más útil vigilando la puerta de un banco, o de un prestamista ilegal, de una casa de juego clandestina, o un prostíbulo disimulado en los miles de disfraces que se usan para perpetuar la trata de mujeres y menores, como algo socialmente tolerado,y en la práctica legalizado.

  El permeable marco teórico de la legalidad-seguridad existe solo porque el usufructo de esas mecánicas es capitalizado por el sector más alto e impune de la sociedad, que necesita mantener esa zona oscura para poder construir su elaborada representación moral.  En eso no se diferencia en nada del marco teórico sobre el que se sustenta la educación-formacion ciudadana!

  Pero en los pueblos muertos, en los barrios deprimidos por las políticas que hacen a esta sociedad sectorizada y segmentadamente injusta, en los barrios bajos donde no se puede llamar a la policía para que nos proteja porque no vienen(y si vienen hubiera sido mejor que no vengan), cada muchacho o muchacha sale de esas escuelas públicas con dieciocho años y un bagaje de conocimientos y técnicas prácticamente inútiles y caducas, casi un manual de instrucciones para hundirse en la mediocridad y la sumisión total. 

 Sin embargo se pretende partir de una libertad cercenada de antemano, una necesidad vital de generar ingresos urgentes y tal vez una familia en marcha o simplemente soñada, aunque los sueños se hayan ido volando jóvenes y anticipadamente con el viento de la crisis económica eterna y la falta de medios. 

  Y tal vez estos jóvenes sin sueños no encuentran otra posibilidad latente y cierta, tal vez la única alcanzable, la más inmediata, de estudiar para maestro o policía, de trabajar de policía o maestra… Y en esa lucha por la supervivencia se encuadra tal vez muchas veces el único norte identificable que podría confundirse con la vocación: vocación de sobrevivir, de progresar hacia algo más real que vivir como un ratón en la trampera de la casita de los viejos…

  Porque la única verdad es la evolución personal, y la sociedad y los hermosos valores que todos exigimos a los demás, no dejan de chocar antes de nacer con la mecánica caníbal y destructiva, predadora de una omnipresente y despiadada comunidad humana.

   Y es con unos pocos pasos transitando la jungla social que percibimos que no encaja valores en el mismo casillero que el dinero, que no entiende de éticas ni morales a la hora del lucro y los rendimientos, que no cotiza sueños, no paga por ideales, no hace adelantos a la manera correcta de actuar ni a otra estética que no sea la de la sumisión a la autoridad.

  Que comodidad sin embargo, poder seguir fabricando ángeles y demonios, buenos y malos, para poder desplegar el mapa de culpas como siempre, inclinado hacia la otredad, hacia el ajeno absoluto, hacia lo que no queremos aceptar, mientras mentimos, y mentimos sin parar para ocultar nuestros propios errores en un mundo que tiene más pantallas que ojos, mas teclados que manos trabajando. 

  Pero seguiremos, acusando de traidores a los que ayer eran los correctos, de perversos a los que mañana seguiremos ciegamente. Y así una y otra vez, para poder seguir apuntando con el dedo, en todo lo que hacemos.  

  Porque delegar culpabilidades siempre es más fácil que asumirnos y hacer lo que decimos: vivir “como pensamos”, poner en marcha lo que exigimos… 

  No importa, cada día salen del horno mil maestros y policías más para construir y ser guardianes de esta decadente normalidad que tanto nos molesta, normalidad que combatimos con palabras pero no con acciones, que censuramos y defenestramos pero... que no dudamos en fortalecer, eligiéndola, hoy también, como ayer.


28 abril

Trigales en llamas

 


  Siempre fue así, siempre igual, no acaba de comenzar un incendio que ya están soplándolo los exaltados y fanáticos, los revolucionarios de pacotilla, exaltados de salón, rebeldes de tiempo completo amantes del marketing de la libertad afiebrada y romántica, donde todas las muertes son heroicas y sobre todo ajenas… 

 Espectros que corren agitando las aguas revueltas de la injusticia vieja y el dolor rutinario, con sus loas eternas a la pobreza y el sacrificio personal que emularan algún día -no hoy pero algún día será el tiempo- .

  Se arrebatan y claman, se exasperan, irritan, indignan, pero no quedará ni el nombre ni el susurro del viento entre sus ropas mucho antes de que la primera gota de sangre llegue a tocar el suelo. 

  Llaman a la rebelión y la violencia como intima meta, como finalidad social mágica a través de discursos enrevesados, que pretenden libertad en la destrucción, y la maldita coherencia cínica y perversa de combatir el odio con sus propias armas. 

  Empujan a los insensatos a inmolarse por ideales y utopías que ellos mismos no siguen, cuando a través de esa misma destrucción ingenua, insignificante, que desnuda la indefensión de los ilusos que marchan al frente, fundaron una y otra vez cada año las huestes de asesinos despiadados que responden hoy y mañana al llamado de la sangre.

  Como patriarcas del apocalipsis corren sobre los sembrados con su antorcha incendiándolo todo, cuando seria tanto más real y constructivo remojar una semilla, compartir, dejar ser bajo el sol cada brote nuevo de lo que sueñan en secreto con acaparar y segar, y guardar en sus oscuros graneros, impúdicos, macabros cínicos contramaestres del poder omnímodo…

   No son capaces de darse cuenta que el juego terminara por quedarse sin fichas, a través de tantas trampas y traiciones, tantos escarmientos anticipados, y su imperio de tumbas y cenizas ajenas no se sostiene sobre la sangre inocente de los que si caerán en la batalla, otra vez, otra vez ellos y no ustedes, mirando conformes como todo lentamente se vuelve brasas y cenizas.

  Seguirán emulando tal vez al dios en que tampoco creen, en su intento vano y pequeño de parecer grandiosos a través del ostentoso, elegante sobrevuelo de rugientes tempestades fabricadas, de señalar enajenados una ola sobre la que venían surfeando.  

  Pero los que se desangran en el llano ven como de repente se sueltan antes que caiga sobre el resto, sobre el común de la población, los indefensos, desprevenidos, los condenados sin motivos y sin pan, y la juventud en flor. 

  Tal vez gocen con los llantos desconsolados de los que caen soñando paz antes que guerra, buscando amor en una piel erizada, en una mirada desnuda que no esconde nada, antes que verdades huecas que sostengan el mundo que se refleja a sí mismo en tanta mentira.  

  Pero ellos siguen avanzando, fingiéndose aterrorizados, sembrando una destrucción que camina atada a sus palabras, como adiestrada y mansa, siempre un par de pasos más atrás de los que la pregonan…

  No morirán los tibios, como siempre, ni los cínicos, ni los hipócritas, ni los falsos profetas del amor y el odio, no morirán los cómodos cómplices ni los conformes sino el resto.  

  Aun estamos a tiempo, de despertar y sacudir el yugo de la infernal estupidez absoluta con que en cada acto y cada transacción cotidiana apuntan y ajustan el tiro de gracia, la sonrisa final de los ejecutores de todas las desgracias del mundo.  

  Porque brote a brote y grano a grano la inmensa majestad de la vida amenaza con cuajar en otra cosa que no sea un humano zoológico sin sentido, en una manera nueva que no adquiera cadenas, en una libertad que no sea de masas “libres” siguiendo a sus líderes hacia el precipicio.

  Balamos a coro camino al ultimo y final acantilado, como ovejas, admirando a los buitres que desde la última cornisa extenderán sus alas sin remedio, sin mirar atrás, si no es para azuzar a los que aun caminen lento.  

  No hay espacio para estar dudando, como si los que marchan adelante no merecieran caer primeros para saciar su hambre de violencia, su sed inconfundible de muerte.

  Pero claro, como se mantendrían en pie las instituciones si la historia no se repitiera una y otra vez en su macabro guion, si los poderosos no retomaran abúlicos la partida, aunque no les importe el color de sus fichas.

  Como dormirían tranquilos si no pudieran exterminar la sencilla expresión llamada vida a cambio de su sofisticada multiplicación de instrumentos y doctrinas, de maquinarias y jerarquías… 

  Pero claro, nos gusta ser engañados y llegar nuevamente a las puertas de otra trampa mundial donde ser exterminados sin piedad para dejar de morir lentamente de aburrimiento y ausencia de sentido. 

  Vivimos cada día para alinearnos y afirmar -junto con las elites que desprecian al resto-  que su guerra eterna es una necesidad absoluta.  Para que ellos cenen juntos en una mesa llena de cadáveres. 

  Podríamos tenerlas a la vista, pero no: la paz y la dignidad humanas, el amor y la igualdad, la fraternidad y la libertad tan proclamadas, solo llegaran cuando nos hagamos cargo de que son nuestra propia responsabilidad y no ajena.

  Dejaremos de condenar sin causa a nuestros propios hijos cuando decidamos convivir para ser desde la conciencia y completamente humanos, el fin que justifica todos los medios, y no solamente la tinta que decora el tablero de un juego donde eternamente miramos, sin apostar nada…

04 mayo

...Parámetros humanos

  


  No me gusta hablar de algunas cosas porque parezco el loquito del barrio, pero cuando proponen bajar la edad de imputabilidad y ese tipo de infamias, me da la sensación de que es solo para evitar que se hable de la responsabilidad social que compartimos en la crianza de los niños, de la responsabilidad total que compartimos como integrantes de la sociedad, del estado de abandono de la infancia de algunos niños, algunos de los cuales no superan esta etapa, como si fuera algo normal, admisible, incontrastablemente rutinario.

  Pero no, matémoslos a todos parecemos decir, como si no fuéramos especie, como si no fueran iguales a nuestros hijos, como si centenares de millones de niños muriendo alrededor del planeta hubieran tomado tal decisión, como si fueran responsables ellos, en su estoica niñez de frio, hambre y abandono, de violencia, de desafecto, de automatismo digital y encierro.  

 Pero claro, los mismos hipócritas que hacen esas propuestas, para desafectarse de todo, que no entienden que el niño juega y aprende por naturaleza, como si fuera una pura hoja en blanco caída de su jardín del "heden", son los mismos que pasean por la resaca social de las ciudades, por los escombros del desenfreno del sistema en busca de instrumentos para su diversión, para su explotación incesante de la persona, de la conciencia para beneficio del dinero.

  Porque no les duele nada, es una máscara, no sienten pena ni por sus propios hijos, el único rey es el dinero, y su cochero es el control, para que las ruedas del carruaje que pagamos todos sigan corriendo y dejando sus surcos sangrientos donde antes había estado, la tan citada “libertad”, el misterioso “ser humano” que desaparece entre la violencia y la contraviolencia  entre la mentira y la hipocresía.

  No quiero hablar mucho más de este tema, aunque es muy poco lo que se dice al respecto, como si fuera un tema tan importante como la clasificación de las arvejas en latas, un detalle técnico, un dato en una planilla. 

  ¿Es que no vamos a caer en la cuenta de que estamos hablando del futuro del ser humano?  O solo vamos a admirar a los irracionales animales, en el Discovery Chanel, defendiendo a sus crías mientras ignoramos a las nuestras, agrupándose en formaciones donde protegen a los más débiles e indefensos, mientras cerramos el vidrio al pasar junto a los descalzos por miedo a que nos pidan algo, esperando que nos agradezcan por no haberlos chocado.

  Pero claro, la niñez tiene sus defectos, uno de ellos es que es improductiva.  Salvo que sea utilizado como fuerza de trabajo, muchas veces directamente esclava, digamos, bien fácil, no… el niño no genera dinero.  Punto.  

  Como, entonces, vamos a agregarle una pérdida de nuestro valioso tiempo debatiendo su bienestar, me parece obvio y atendible que pasemos a otro tema, discúlpenme, estoy algo alterado.  Hoy no puedo pensar en parámetros.  



12 julio

"Policiales"

 

 


 

  Claro que no me importa, pero no quiere decir que no esté pasando.  Luego de que el oficial Riquelme me eche de la seccional primera -en una discusión que termino siendo observada por el resto del personal de la comisaria- junto con el testigo que iba a aportar datos clave al asunto del robo de mi casa, habíamos derivado finalmente hacia los tribunales: la fiscalía,  donde la arbitrariedad y la incompetencia son acotados por el imperio de la ley escrita en códigos recopilados para el beneficio común.  

  Teóricamente.

  Esta situación no era muy distinta al momento de la denuncia, que me llevo, ya en ese primer momento, cuarenta minutos de debates, donde el oficial a cargo insistía que hace un mes y medio no había detenidos en esa jurisdicción, donde impunemente arreglan con cada vendedor de drogas a vista y repulsión de todos, por lo que mis versiones de que  uno de los ladrones había sido detenido con alguna de mis pertenencias, serian sin duda falsas porque les habrían avisado a ellos y estaría alojado en la susodicha comisaria.  

  Muy lejos de mis intenciones estaba enredar mi vida con esta anacrónica institución, pero para recuperar algo, debía empezar por la formalidad que permitiera poner en marcha las comprobaciones, y así había llegado a una de las oficinas más corruptas de concordia… 

  Finalmente, el oficial Ramos, como quien le abre a un perro que rasca la puerta sin parar solo para que no moleste más, accedió a sentarse frente a una computadora y redactarla. 

  Como demostrando la política de la desigualdad total, el delincuente había sido apresado en un lugar no muy lejos del centro, con solo intentar entrar por el techo en una casa: habiendo sido advertido por una vecina, motivo su sucesiva llamada la inmediata presencia de una camioneta policial.  

  Muy lejos, muy diferente del momento, un rato antes, en que se treparon al techo paseando escaleras para espiar por el ventiluz del baño, luego rompiendo los vidrios de mi ventana, y minutos más tarde, logrando con gran estrepito destrozar la puerta de mi casa para manotear rápidamente lo que había a mano…

   Obviamente, esto no motivo la presencia policial, en un barrio donde hace casi dos meses que no hay detenidos, no se puede catalogar de delitos este tipo de cosas, ni atender a denuncias ni ver ni escuchar ni decir nada.  

  Claro que el destino es inescrutable y la computadora robada impunemente en el barrio pobre, quedo descansando bajo un frondoso jazmín en el patio delantero que tras las rejas, enmarcaba la hermosa casa céntrica, y esa noche, a los diferentes actores.  Y solo por eso fue recuperada.

  Ahora me resulta hasta cómico, cuando pretenden avasallarme, intimidarme, como anoche, como si yo no estuviera mirándolos también a ellos atrás del desprecio y el asco, por corruptos, delincuentes y narcotraficantes, arruinando aceleradamente una generación de jóvenes que no alcanzan a ver otra opción que ensimismarse en la intoxicación nocturna con los productos más baratos y adulterados del mercado.   

  Mientras me hacen abrir la mochila, les explico que llevaba a devolver una garrafa prestada a sus dueños y que iba para el lado del cementerio y no sabía exactamente la dirección, y siguen revisando los bolsillos de mi mochila (lo cual ellos y yo sabemos que es ilegal) y sacan a relucir  la vaina de mi hermoso cuchillo panzón (o verijero, con el cual he capado animales de más de 300 kilos) con un agujero en la hoja para pasar el dedo índice, una artesanía total…

-¡No podes andar con esto!

-¡Por quee! ¿Es un delito?

- ¡Porque es un arma!

- No, no, eso es un cuchillo, una herramienta, sería un arma si yo se lo clavo en el cogote a alguno, soy jardinero, todos los días ando con machetes tijeras y serruchos, es una herramienta permanente de trabajo ¿Pero si quisiera matar a alguno cualquier cosa podría convertirse en un arma no? (y me contuve las ganas de decirle: ¿Querés probar?)

Pero ellos tenían mi cuchillo, admirándolo y envidiándolo en el patrullero, yo ni me había bajado de la bicicleta, nariz con nariz contra el patrullero, lo había visto venir en el reflejo de las luces, y aparearme y luego hacerme señas, frenando, pero yo había seguido unos metros más, girando en redondo como diciendo, paro porque yo quiero… 

  Pero no tenía documentos y pasaban mis datos “…presas, con Petrona…” con esos códigos infantiles que usan remplazando un nombre para cada letra.  

  Y yo que ya escuche esto mil veces y no pienso subirme de nuevo a un patrullero, ni volver a dormir estúpidamente en el frio cemento de una comisaria y tampoco perder mi cuchillo para que un policía corte feliz el asado del fin de semana, pero sé que no tengo el menor antecedente policial, así que esperaba que iban a hacer… 

  Entonces me dice bueno presas, y me lo entrega “no vayas a lastimar a nadie” a lo que me encogí de hombros, como si necesitara recomendaciones.  En el camino me volvieron a cruzar un par de veces más, ¿Era el mismo patrullero? Y otra camioneta… apuesto que mientras tanto estaban robando una o dos casas sin que ellos se enteren.

  Pero semanas antes de eso, ya recorría los pasillos de la jefatura y el comando radioeléctrico, a cara de perro, interrumpiendo las mateadas y las siestas, hasta lograr una fotocopia de la actuación policial y la certeza de que mi maquina estaba depositada en la fiscalía, era eso, la computadora, lo único que la extraordinaria suerte me permitiría recuperar.  

  El comisario, gentilmente, me había recomendado que me hiciera fabricar una factura para recuperarla, ya que me iban a pedir un comprobante que demuestre que era mía, pero no, es mía y punto, no voy a falsificar nada, así que por suerte, con solo un par de días de gestiones, logre que la fiscal me permitiera el acceso a la prueba envasada al vacío… 

  Y me la llevé, adjuntando copia de la actuación del comando y de mi denuncia, lo cual no relacionaron  -aunque se supone que es el organismo que fundamenta y ordena las investigaciones-  a pesar de devolverme la máquina.

  Por las dudas, intente expresar que estaba dispuesto a una mediación penal, porque me parece que no vale  la pena mandar a una persona a la prisión por tan poca cosa cuando puede resolverla, compensarla, arreglarla y quedar libre, aunque tal vez ya  lo estuviera.  

  Entonces me hacen firmar un acta mal copiada donde me entregaban el cuchillo secuestrado junto con el cinto y los cordones, que te sacan cuando quedas detenido para que no te vayas a ahorcar comprometiendo al personal.  

  Corregido lo cual y sin llevarme lo que no era mío, nos retiramos con la abogada, amiga, que había ofrecido acompañarme para darle agilidad al trámite, y había quedado charlando con algunos colegas en otra oficina…

  El día anterior, mientras esperaba que le tomen declaración infructuosamente a mi testigo, me había lastimado la visión de algunos reos esperando para declarar en fiscalía, perdiendo su libertad por quien sabe que hechos, porque objetos o violencias estaban quedando entre rejas, encerrados como animales feroces, resignados, esposados, acostumbrados, charlando con sus cuidadores… 

  No hay mayor aberración social que el sistema judicial de seguridad y reclusión que todos sufrimos y defendemos alternativamente sin que por eso deje de multiplicar las causas del delito y la violencia social, consumiendo de paso, enormes presupuestos para, cualquier día, hacer estallar la ciudad impunemente.  

  Mientras, los grandes ladrones se sientan en sillones tapizados y roban a través de lapiceras enchapadas en oro o con un solo clic del mouse, o a través de obras y trabajo estatales que también terminan cayéndose sobre nuestras cabezas…

  Pero ya me estoy yendo del tema, además que el resto de la historia es aburrida, quedemos hasta acá.

11 agosto

Conciencia vegetal

 

 

 


 

  Escuchaba atentamente el ruido de la pava, el vapor empezando a acelerarse, liberando la presión…pienso: así empezó todo, la máquina de vapor, y luego todo lo demás.  Es increíble el camino que hemos recorrido como seres humanos.

  En un par de generaciones hemos dominado la naturaleza, las reglas del mundo, y luego como si no supiéramos que hacer con tantos instrumentos, empezamos a destruirnos y dominarnos entre nosotros, cada vez más descaradamente.  

  En la televisión hablan de una planta…hace días, está en todos los canales.  Ahora esta chica del grupo “Conciencia Vegetal” con su campera de cuero de colores, que habla desesperada y explica y dice y acusa…llora.  Me da risa, la verdad, no se a que apunta. 

  Pareciera que hay un yuyo a punto de extinguirse, y por ese solo merito se volvió muy importante, me gustaría saber que hizo de su vida todos estos años anteriores esta muchacha… pero no vale la pena, para que bucear en las causas de la hipocresía ajena, si no podemos encarar la propia: cambio de canal.  Es increíble, están en todos lados, juntando firmas en la plaza, haciendo marchas  

  ¿Qué paso, el mundo se volvió loco? A ver… ah parece que encontraron un espécimen y acampan alrededor para cuidarlo, que tiernos, no creo que alguno de estos realmente tenga que ganarse la vida, o se hubieran puesto más serios. 

  Lo más gracioso es que no muestran la planta, como será, espero que tenga una flor aunque sea jajá. 

  Que rápido que va esto, en la plaza donde encontraron la plantita, que por cierto, nadie puede ver ni sabe cómo es, salvo ellos, la carpa de protección fue reemplazada por un edificio de madera y vidrios, mientras un equipo de herreros trabaja noche y día para enrejarla en su totalidad, no puedo creerlo, es un chiste o están poniendo una garita de vigilancia… voy para allá.

  Bueno, es indignante, estaban todos estos mamarrachos con sus remeras nuevas dando vueltas como hormiguitas por todo el parque, fierros y materiales maquinas rompiendo todo, arboles desgajados para hacer lugar al refugio, que (¿existirá la plantita?) Ahora ostenta un colorido cartel que dice, por supuesto “Conciencia Vegetal”.  

  No me dejaron entrar, por supuesto.  No esperaba tanto pero no deja de ser parte de la lógica... Pero no al edificio, no me dejaron entrar al parque, seis manzanas arruinadas por las ruedas de las topadoras, robadas al esparcimiento público en una desaforada carrera hacia la salvación de una planta desconocida.  

  Hace años que no me humillaban tanto,  en la puerta, angosta por cierto, para ser un parque tan grande, me pidieron los documentos para anotar la visita, según dijeron, pero ahí nomás el poli salió con mi documento para adentro, y yo que le grito:



   ¡Ey! 

  Y el otro milico de la puerta me mira y poniendo la mano tranquilizadoramente en el garrote, me dice, “ya viene” y ahí me tuvieron media hora para decirme que no estaba autorizado. ¡Autorizado! ¡Para acceder a un espacio público! Ah bueno, y adentro, esta gente con sus remeras de colores…

  ¿Es verdad? ¿Están tomando mate con el intendente y los concejales, y un par de milicos sonrientes? Mientras trastabillo empujado por el camarógrafo del equipo de noticias del canal oficial, creo ver que el  milico que se había llevado mis documentos me sonríe, como ellos sonríen… no sé porque me da un escalofrió.

  Ahora desayuno en silencio, no quiero ni prender la televisión, paso por el parque caminando hacia mi trabajo: siempre las camionetas de la tv, los camiones de bomberos y policías, las rejas cada vez más altas.  Hoy habría como cien personas, la mayoría de traje, y las remeras de colores como abejas revoloteando entre flores negras.  

  Los aplausos se repetían cada minuto, mientras pasaba lentamente por la vereda, ahora angostada por las rejas.  

  Hace cuanto empezó esto ¿Un par de meses? Como un golpe en el estómago, recibo la impresión de ver la cámara de seguridad en la esquina del parque, filmando la vereda.  Descompuesto, me voy a trabajar…

  ¿Sonó el despertador? No lo sé, tal vez lo apague en sueños, tal vez no lo escuche, pero esta claridad me suena a diez de la mañana, no pude dormir en toda la noche, pesadilla tras pesadilla me hicieron traspirar y enfermar hasta que en algún momento debo haber tomado la decisión de faltar, ahora dormí un par de horas, voy a llamar al laburo… 

  No, como siempre que uno necesita la tecnología, no funciona, tendré que ir a llamar a una cabina, pongo el agua para un café, y espero con la mente en blanco, mi cabeza fluctúa entre el vacío total y las imágenes de la pesadilla que vuelven como una bandada de golondrinas. 

  Basta de televisión ¿Cuándo la prendí? La verdad que no lo recuerdo, esto ya me está asustando ¿Estaré volviéndome loco? 

  Termino el café escuchando la misma letanía y el murmullo de las voces conocidas que saturan los medios… tengo la panza dura, no tendría que haber tomado café, pienso, pero ya es tarde… apreto el botón y la televisión se enciende ¿¿¿¿¿????? 

  La apago, el murmullo continúa, la enciendo, la apago, siento un cosquilleo en las orejas, y la realidad me golpea como una ola. Lentamente, horrorizado, corro la cortina…

  Están ahí afuera, están acá, en mi casa, en el jardín de adelante, me visto y salgo apresurado, sin atarme los cordones, olvidándome completamente del trabajo… me derrota ver los canteros de flores aplastados, los pies yendo y  viniendo, las camionetas descargando materiales.

  “¡Ey que pasa! Que están haciendo!” “Quien es usted” El dueño de casa, por supuesto! Que hacen en mi jardín?? No ven que están rompiendo todo… !!

  Movimientos rápidos me rodean, todo pareciera estar sincronizado, sin saber cómo, una cámara me está filmando, al lado mío habla esta chica, habla y habla, de la colaboración ciudadana, de que se yo, Cuándo quiero decir algo la apagan y se van al camión, seguramente para sacarlo al aire.  

  Me siento aplastado, avasallado, acorralado, en el medio del jardín un cerquito… no… no…

  Me acerco a ver  pero me sacan de un brazo, me suelto ¡En mi propia casa! 

  Dos payasos me sujetan, no quiero pelear pero esto es demasiado, mientras, tapan el mini cerco con una cubierta de nailon, otros toman medidas, y prolijamente, todos y cada uno, pisotean el resto del jardín, cada planta, cada flor, hasta volverlas una masa de barro espesa. 

  Uno mea contra la pared mientras charla con otro, que se ríe y levanta un inmenso martillo, comenzando a pegarle al Angulo de la pared, demoliendo… 

  Salto pisando a uno de los gorilas que me sostienen y me escapo, no quiero verlos más, le saco el martillo y lo arrojo lejos, empiezo a arrojarlos para afuera, gente, herramientas, metros y reglas, cuerdas y planchuelas, grito, rompo, y me desconozco hasta que el estampido inconfundible de un disparo me corta en seco.  

  Miro mi cuerpo, buscando sangre, se me aflojan las piernas, al frente un milico me apunta directamente con su pistola, aunque debe haber disparado al aire.  Las coloridas remeras entran cuidadosamente atrás del uniformado mientras otros dos me esposan y me aplastan contra la tierra.  

  Con la cabeza contra el suelo, alcanzo a ver un tallito verde en un resquicio del nailon, pero también, entre los gruesos dedos del policía que aplasta mi cara, a la chica de la tele que entra a mi casa con un termo, riendo sin dejar de hablar, tal vez a calentar agua…a mi casa.  



  Mientras me arrastran, solo atino a pensar que todo es un mal sueño, una pesadilla, claro, todavía no me desperté, dejo de buscar un sentido, hasta sonrío a las cámaras que me filman, mientras los periodistas al lado hablan sin parar…

  Estoy incomunicado, aislado, no se desde cuándo, no sé dónde estoy, creo que hasta hace no mucho tiempo recordaba mi nombre.  

  ¿Esto es una institución psiquiátrica? ¿Estoy loco? 

  Me pregunto cómo comenzó?  Hago un esfuerzo por recordar, tan intenso que todo mi cuerpo se tensa bajo el esfuerzo.  Intento una palabra y solo me sale un gruñido, me arrastro en el suelo sin poder sacarme de encima esta opresión de adentro, esta cárcel de no saber quién soy 

  Y lloro, solo puedo llorar, termino llorando como todos los días hasta que viene la enfermera y me da la pastilla azul, la pastillita rosada y el vaso de jugo.

  Y sin saber por qué, me tranquilizo, sin  poder manejar mi mente en blanco, busco un banco y me siento.  

  La música me tranquiliza, esas guitarras y esas voces cristalinas, me arrimo a la reja, con miedo, espero que no me tiren una piedra, como esos niños de guardapolvos blancos.  

  Pero no, estos tienen ropa de colores y cantan en ronda, me saludan y les respondo, levantando la  mano, hace tanto que alguien no me trata como un ser humano que me sorprende y hasta me asusta un poco, mi corazón palpita acelerado y me pego a la reja, siento la baba gotear sobre mis puños, enroscados contra el fierro.

  Uno se acerca, por lo que me alejo inmediatamente, los otros lo miran, trae algo en sus manos, una maceta.  Una pequeña planta, con solo cuatro o cinco hojas, me la ofrece, lo miro, espera, con los brazos extendidos.  

  Finalmente la deja en el borde de cemento y se retira volviendo a la ronda, donde cantan y ríen, y me acerco, lentamente, tomando la planta en mi poder.  Jamás había visto algo así, una planta más bien extraña, pero su tallo me recuerda algo…

Vuelvo a mi lugar y me siento, con la planta en mi regazo, la baba gotea sobre sus hojas, pero en mi mente, un pequeñísimo motor se puso en marcha, ese tallo estaba tras los dedos de un policía que sujetaba mi cabeza…. 

  Empiezo a recordar, la realidad me duele como una puñalada, comienzo a tomar conciencia, ellos me miran y ríen, los saludo, ahora entiendo quiénes son, voy reconociendo sus caras, voy reconociendo sus caras destrozando mi casa, soy tan consciente de mi situación que sigo babeando, más que antes, no quiero despertar sospechas, miro a los zombis que me rodean y pienso… 

  Así me veo, como ellos ¿Dónde estoy? Cuando otro zombi trata de sacarme la planta forcejeamos y la enfermera viene corriendo, me saca la planta, veo la lapicera en su bolsillo y forcejeo, sin soltar la planta, me hamaco hasta poner la punta de la lapicera entre mis dedos anular y pequeño, y la extraigo tocando apenas sus tetas… 

  Suelto la maceta llorando y me prendo a la reja, balbuceo y gruño, tentado a emitir palabras, palabras, palabras, mis pensamientos formulan palabras, y tiemblo de miedo a delatarme, la enfermera, y dos enfermeros más, hablan con los jóvenes de remeras de colores, uno me devuelve la maceta y me tranquilizo, pero ya no puedo parar de llorar, mi vida anterior pasa por mi memoria como una película que no pude terminar de ver. 

  Me dan una pastillita rosada, y un vaso de jugo, me tomo el jugo mientras con la lengua empujo la pastilla hacia mis dedos, retengo la pastilla y me siento a babear en el banco de nuevo, con la planta, la birome apretada en el elástico del pantalón sin bolsillos. 

  La maceta es un tesoro, envuelta en  blanco papel de embalar, no quiero perder más tiempo, lo desarrugo, aliso, doblo y guardo junto con la lapicera ¿Cómo podría mandar un mensaje en este aislamiento? Y en ese momento miro los departamentos de enfrente... 

  ¿Al oeste? A solo veinte metros de la reja, creo que la mejor posibilidad es esa ventana que se abre solo a veces, dejando ver una pareja, de apariencia normal, que, abrazados, nos observan por un rato y vuelven a entrar.  

  Me llevo una  semana escribir el papel de los dos lados, y conseguir un pedazo de piola para atar el papel a la piedra que hoy vino a mí, tropezando contra mis pies sucios, redonda y perfecta (luego envuelta en una bolsa por las dudas que vaya a caer en un balde o algo así).  

  Disculpame por romper tu vidrio, fue necesario.  He perdido mucho más que eso pero te lo compensare, si llegás a leer este mensaje desesperado, por favor, ver a verme a la institución psiquiátrica, soy el que tiene la maceta, siempre en mi regazo como si fuera un bebe… me reconocerás por la planta, la misma que está en todos los canales de televisión. 

Tomo carrera, debí alejarme un poco para tirar por arriba de las rejas, pero me tengo fe, hace días que practico, cuando nadie me ve.  

  Lanzo, vuela… como un pájaro llegando al nido, atraviesa el vidrio -exactamente por el centro- que estalla, y respiro de nuevo, mirando rápidamente a mí alrededor.  

  Impensadamente  sale el muchacho al balcón, en cueros, mira.  Yo miro de reojo mientras acaricio mi planta. 

   ¿Y si sale mal? Antes de que venga alguien escondo la lapicera en una rajadura de la pared y la tapo con barro, traspirando frio, alcanzo a teñir el barro con un poco de cal en polvo que consigo moliendo unas escamas de pintura descascarada…no puedo perderla….

  Ahora vuelve a salir, el tipo joven del balcón, ya somos más en el patio, pero me mira, siento que me mira, me miran, ahora la chica abrazada a él, con una camisa larga, mirando, intentando leer en la hoja arrugada, sé que hoy no podré dormir, de la ansiedad, le gruño a la enfermera mientras suavemente me empuja hacia el pabellón.  Protejo mi planta como si fuera lo único que me importara en el mundo.

  Camino entre los demás, como si nada hubiera pasado.




 

27 julio

Institucional

 


  Volviendo al tema de las instituciones, es innegable su valor, para el desarrollo de nuestra vida, como catalizadoras de una necesidad de simulacro ético y moral, de inocencia y candidez, de respetabilidad, que ya es imposible de generar en el tipo de sociedad actual que construimos.  

  Nos sometemos sin quejas y  a cambio obtenernos la posibilidad de hacer jugar a nuestro favor el imperio de la impunidad, la arbitrariedad, el abuso de poder, el desatino económico, ecológico y social.  

  Lo cierto es que, a tamaña cantidad de jugadores, nuestras aspiraciones chocan con la realidad palpable de nuestra impotencia, solo comparable a nuestra arduamente construida indiferencia.  

  Y así es como  los más cínicos y audaces se deciden a tomar el infausto lugar desde donde pueden usufructuar, sin verdaderos contratiempos, el gran surtidor que forman nuestras comunes delegaciones de poder: el núcleo mismo dentro de las instituciones, el puesto ejecutor o directivo desde el cual se ejercita el desfasaje social de recursos hacia los fines más diversos y más alejados de su aparente función. 

  Y así jugamos día tras día a que todo está bien, sin control, sin interés ni responsabilidad, sin ninguna necesidad de saber cómo se llevan a cabo las cosas.  

  Sin preocuparnos de la destrucción que causa la fábrica de nuestras inofensivas servilletas descartables, alejando nuestras miradas de la pobreza y el abandono, cuando no pueden ser erradicados hacia las afueras de las ciudades.  

  Y así también con las cárceles, ejércitos, fuerzas de seguridad y comisarias, mundos ajenos cerrados sobre sí mismos, donde estamos seguros que alguien dio el mandato de que todo se haga bien, por lo que todos esos garrotes y escopetas, esas botas y dientes apretados por la furia, solo pueden trabajar por la libertad.  

  Y así con el manicomio y el congreso, la suprema corte y todo el resto de esas instituciones derivadas de segunda mano heredadas de un intento fallido de trasladar parámetros éticos a payasos ambiciosos, en medio de la más voraz sociedad capitalista de consumo.  Estamos realmente locos. 

  En realidad no tienen mayor importancia los resultados, mientras se pueda seguir manteniendo la farsa de la legalidad que brindan las elecciones, el sistema “popular” “representativo” en una farsa de legitimidad que se acepta sin la menor convicción.  

  Nadie nos sacara nuestra silla mientras se pueda mantener a raya a los eternos perdedores, carne de cañón del sistema: pobres, inmigrantes y desplazados, alcohólicos y drogadictos, enfermos, locos, artistas y criminales, ancianos, niños y obreros explotados hasta el fin en industrias sucias.  

  Todos los arroyos de aguas negras del mundo reflejan el mismo paisaje de casas miserables e inclinadas por el tiempo y las tormentas, donde terminan viviendo, frías, húmedas, sucias de humo, abandono, hambre y desesperación.  

  Y la violencia, claro, como un marco normativo alternativo que rodea a estas autárquicas urbanizaciones.

  Esta, a pesar de las apariencias y la propaganda, se ejerce mucho más desde afuera, desde la ciudad, que desde adentro, donde la mutua impotencia(jaqueada día tras día con creatividad) genera un matiz de reconocimiento del otro, de comprensión, que impone algunas reglas básicas de convivencia, ausentes más allá de los límites de la villa. 

  Salir del barro hacia el cemento y la tentadora luz del centro, no implican tantas oportunidades de progreso como de sometimiento, cárcel, discriminación y muerte.

  Pero votamos, y nos acordamos de ellos cuando hay que pedirles que nos acompañen en el voto, porque estamos convencidos de que no piensan, de que no tienen patria, capacidad organizativa ni ninguna otra, conciencia política ni visión de futuro, cuando es a todas luces al revés. 

  Cuantos se engañan poniéndose en el papel de idóneos, hasta convencerse de que están mejor que ellos y terminar en algún eslogan ridículo intentando “llevar la cultura a los barrios” o cosa por el estilo. 

  Y salen un rato de sus prisiones habitacionales, dejando a los niños en la computadora para que no se aburran, para ir a mirar espantados como los descalzos juegan alegremente en la calle a miles de juegos que no sabían que existían, y aun así, algunos hasta se hacen un tiempo de prestarnos atención y aprender un poco de la “cultura” formateada en el extranjero que llegan a derramarles tan generosamente.

  No es raro que esos proyectos no duren, si no se dejan colonizar por la idiosincrasia y los contenidos locales: en esos casos quedan tan aislados  que su fracaso acompaña a los aristocráticos “benefactores” que ahora desnudaron una sensación de vacío en sus vidas, de falta de sentido, que solo podrán exorcizar descalificando completamente al fruto de su prejuiciosa mirada. 

  De ahí a apoyar el discurso institucional que barre todos los  males hacia los suburbios, no habrá más que un impasse temporal de incomprensión irreflexiva, y luego la represión y el exterminio serán aceptados sin mayores recelos como solución práctica. 

  Los alcaldes, directores, comisarios, jueces y diputados se ajustan el nudo de la servilleta, y atacan con cuchillo y tenedor.

  Después de eso, la normalidad será establecida nuevamente, y los cauces del concilio social serán remarcados como deben ser: para los pobres la caridad, para los ricos la cultura, para acá la delincuencia, para allá la honestidad, para acá la conciencia, para allá el desinterés, y así etcétera, etcétera… 

  Como si fuera un juego de niños que no les importa ganar ni perder, se reparten los roles, sin derecho a queja. 

  Para superarlos, de un lado o del otro, habrá que superar el contexto, pero el mismo es apremiante, aplastante y coercitivo, en todos los niveles, en todos los extremos, porque las estructuras no están hechas para trastocarse, ni los alambrados para saltarse, y así, lo único aceptable en un principio es desarrollarnos en el nicho que tenemos asignado,

    Porque las mismas personas se vuelven instituciones, y eso si está muy bien visto, y muchos se acostumbran a dormitar a la sombra de otros como si fueran edificios.  

  Lo inmutable, lo inapelable, lo intransigible, todo lo que remita al poder como fuente de legitimación de la vida es inmediatamente homologado, categorizado, adulterado o podado en sus facetas poco edificantes, y remitido inmediatamente al almacén de ejemplos de vida. 

  Desde ahí será propagado, divulgado, propagandizado y exigido a la generación que le toca, como único valor y fuente de felicidad personal.  

  Y si logran ser felices de otra manera, están equivocados y todo el peso de los estabilizadores sociales caerá sobre sus cabezas, función altamente prestigiosa y honoraria, que más que por policías y jueces, es ejercida en primera instancia por padres y hermanos, por maestras y vecinas, por amigos y colegas.  

  En definitiva, dado que el sistema es capitalista, nos quieren seguir vendiendo el negocio de la guerra social, por lo que la única alternativa para la paz, es la independencia económica, no como países, que ya están bastante atados al palenque y han perdido la importancia ideológica, sino como individuos, en cualquier lugar del planeta.  

  El sistema hace una sola pregunta: ¿Cuánto? Y esa independencia que nos ofrece, solo económica en desmedro de todo lo demás, no es la que nos sirve, no la que estamos buscando en este caso… hay que empezar a preguntarse sobre todo el cómo, y también por qué y para qué. 

  Quién, cuándo y dónde es la única respuesta que ya tenemos en la mochila: somos nosotros, ahora mismo, en el lugar donde estamos.

   Ahí es donde podremos cuidar la semilla del mundo nuevo, donde las personas vuelvan a ser personas.



Soplando la mecha (Waterworld)

    Todo parece fantasticamente divertido hasta que el olor a quemado sale de nuestra cocina.  Hasta que la sangre crorrea, desde nuestra ca...