No es que no podamos negociar, consensuar, compartir, construir y dialogar. No es que no sea posible la paz: solo la vemos como inalcanzable. Y esto, también, lo hemos aprendido.
Basta mirar cualquier interacción pública humana, cualquier debate presidencial televisado, cualquier relato deportivo, cualquier absurdo -pero educativo- Reality Show al estilo de Gran Hermano, para reconocer los patrones que atravesamos durante nuestra crianza y educación formal.
Inmediatamente vemos que se usan cada una de las técnicas de asedio psicológico como elementos constructivos del discurso, que la descalificación se homologa a un argumento, que el insulto se disfraza de adjetivo, y que las mas descaradas mentiras, se escudan en inalcanzables autoridades, a las que nos está vedado recurrir, si no es para convalidarlas.
Y para asegurar el esquema de chantaje y represión que los lazos familiares modernos -firmemente convalidados- imprimen en la mente del pequeño niño, del desorientado y rebelde adolescente, se acentúan en la escuela, durante años.
Y la vida transcurre mientras se fortalecen y se repiten los mismos esquemas, día tras día, hasta que un joven aspirante a universitario, llega listo para obedecer y trampear a la vez, para convalidar todo autoritarismo mientras busca pequeñas ventanas privadas de libertad consuetudinariamente permitidas, a través de las perversiones y las drogas, el alcohol, el juego, la violencia, la estafa, la religión, la prostitución, la traición.
O incluso: el crimen.
Es por eso que un niño de la calle, que creció buscando que comer cada día, protegiendo su cuerpo de depredadores, cada noche, tiene mas posibilidades de liderar exitosamente una organización que un graduado con honores en cualquier prestigiosa universidad. Nuestra admirable educación de esclavos, no gradúa mas que esclavos, y no produce mas que inútiles y aduladores, tramposos, estafadores, o cualquier otra categoría que no ponga en peligro el sistema: es el criadero de nuestros futuros dirigentes.
Y es en esa licuadora de mentes que justifica la lucha de la clase media, en esos salones de entrenamiento de la sumisión, donde los elegidos aprenden la dinámica del poder y de la obediencia ciega, del lucro a costa de todo y de todos, donde nadan los aspirantes, siempre con la boca abierta, esperando a los pescadores corporativos, que cada año extraen lo mejor, o lo mas correcto, digamos...los idóneos.
Entonces todo vuelve a renovarse, y los viejos carcamales y los decadentes multimillonarios sonríen viendo preñarse sus fundaciones, sus corporaciones, de sangre nueva y buena, que renovará todo sin cambiar nada, absolutamente nada, para que todo siga igual, por cien años mas.
Claro, el planeta no alcanza, y eso es tan obvio y evidente que nadie le presta atención. A quién le gustan los problemas, las complicaciones? Mejor vivir en el limbo de la ignorancia y la desinformación, donde siempre hay tiranos fabricados que asesinar impunemente, países rebeldes que arrasar y saquear hasta el colapso total, razas y especies que exterminar sin perder el sueño.
Tenemos un bonito nombre para eso, le llamamos democracia, todavía... Porque la democracia corporativa, tiene ese brillo de billetes volando a punto de caer en nuestras manos, que nos distraen de toda la basura y la sangre que encharca y atrapa nuestros pies.
Un día, la careta de los guardianes de la libertad no será tan útil ni necesaria, y el absoluto totalitarismo -que en realidad estábamos ansiosamente esperando- campeará a sus anchas sin mayores necesidades de justificar los próximos asesinatos, invasiones, saqueos y genocidios, que ya se sostienen en motivos tan absurdos, tan incoherentes y abiertamente falsos, que empiezan a estresar a todos los círculos políticos hegemónicos actuales.
Tranquilos!
Falta ajustar algunos hilos, todavía, concentrar mas el poder, acaparar mas recursos, generar un monopolio mas inalterable y monolítico, y seguir convirtiendo al cien por ciento de la población en monos de zoológico encerrados atrás de una pantalla inteligente.
Hay que seguir peregrinando hacia el nuevo dios que convierte todos los deseos en realidades lejanas e inalcanzables, pero cotidianas, y todos los temores en monstruos debajo de la cama, que se esfuman en cuanto accedemos a nuestra red social, donde el mundo entero es como queremos, y todo es como nosotros, y cada día se parece a mañana, y al anterior, y podemos relajarnos como parte de una gran manada despreocupada que solo ve pasto y agua hasta el fin del horizonte.
Amamos nuestra estupidez, la deseamos, recibimos con el pan en la mano a los invasores de nuestro espacio mental, como preludio a bajarnos los pantalones para recibir a los invasores de nuestro espacio físico...
No! No se preocupen!
Solo son metáforas, nadie va a ser sodomizado sin una justa retribución, sin una autorización expresa, sin una elegante contraprestación. Somos sometidos con la frágil promesa de poder someter a otros, y en esa esperanza nos convertimos en pasto de las nuevas manadas, y todo se renueva permanentemente, a una velocidad que siempre nos deja desactualizados, intentando no tropezar delante de la avalancha que busca espacios que no existen, que no volverán a existir.
Enajenaron el mundo y nos quedamos mirando, nos volvimos nacionalistas y racistas, misóginos, machistas, feministas, vegetarianos, veganos, gimnastas, tercermundistas, elitistas, futbolistas, oficinistas, contratistas, supremacistas, comunistas, liberales, soldados, otakus, o lo que queramos elegir entre un amplio abanico de posiciones preestablecidas y fijas, rígidas, inalterables, donde la angostura de nuestro poder, la permanente fragilidad de nuestra motivación, y el riesgo de ser desplazados nos empuja instintivamente a la violencia y la guerra, la masacre.
No, no es instinto, es una reacción aprehendida, impuesta, impresa en nuestro cuerpo y nuestra mente a través de millones de horas de propaganda, adiestramiento y domesticación, de previsibles alegrías aguadas y profundos temores estructurales, de ambiciones frenéticas y relaciones consensuadas a través del utilitarismo comercial y el despojo energético, el canibalismo, el cinismo, el impune asesinato a distancia por manos de terceros, que despues de votar inmediatamente repudiaremos.
Siempre somos inocentes.
En todos los canales y todos los portales podemos ver una larga lista de culpables para cada problema en que estemos hundidos hasta el cogote, como si una mano invisible nos empujara hacia el barro del sinsentido y la desolación, o hacia las movedizas arenas del implacable ascenso social, donde un segundo de duda o distracción nos puede hacer caer de las escaleras hacia el abismo.
En fin, a quien le sirve la paz en este mundo, para hundirnos en la espantosa igualdad, lo único que nos tranquiliza es golpear primero, y ver agonizar a nuestros posibles competidores, lentamente, porque aprendimos a disfrutar de la agonía ajena, el dolor, la desesperación de los demás.
Mucho menos permitiremos la paz a nuestros dirigentes, que solo encarnan y reflejan con exactitud los deseos de los pastores corporativos que nos arrean de un extremo al otro, siempre trotando hacia un horizonte en peligro, hacía un territorio que se esfuma ante nuestros ojos, que debemos arrebatar antes que nos sea arrebatado.
Allá adelante la guerra, y nosotros esperando que liberen nuestros nuevos pastos, felices, engordando, sin necesidad de razonar que un día nosotros mismos, o nuestros hijos, serán parte de la carnicería que alimenta los engranajes. Un día seremos parte del paisaje que otros arrebatan antes que se esfume, y deberemos asesinar y mutilar para mantener a los pastores corporativos, a los jerarcas mundiales apostando, porque las ruedas del progreso ya no pueden detenerse sin riesgo de no volver a marchar.
Nosotros podemos detenernos. Podríamos sacar el pie del acelerador y mirar por la ventanilla: revisar todo, toda nuestra educación, nuestros valores, nuestra maliciosa filosofía, y confraternizar productivamente con el resto de la especie humana, con el resto de las especies animales y vegetales del planeta, con el resto de nuestra única y pequeña y maravillosa tierra.
Uffff!!! Cuanto trabajo, esto nos estresa de solo pensarlo, mejor atropellar a un indigente para mejorar la autoestima, mejor sumarse a los gritos desaforados de los que piden sangre, mejor convertir todo en una cifra en la billetera, que nos sirva para comprar influencias y permisos, indulgencia, poder, impunidad, diversión, y asegurarnos de girar a tiempo, para no quedar en el frente de batalla, para que mueran otros en nuestro lugar, en nuestro nombre, como hicimos siempre.
Ahora mismo, nacen miles de niños que aprenden desde el primer día a manipularnos, a asesinarnos, a desbarrancarnos para alimentar a los cocodrilos que chapotean eternamente en los bordes del plato, mientras nos permitimos pensar que mañana todo seguirá igual, solo porque el sistema que nos produce, consume y descarta, sigue igual, hoy, igual que mañana, igual que ayer, cuando nos enseñaron a caminar.













