06 mayo

Cuidando la pelota...

  

 

  El mundo debe estar cambiando….

  ¿Debe? 

  No, está cambiando, sin dudas, cuanto antes nos hagamos cargo de eso, menos tiempo perderemos. La otra vez me cruce con un policía cantando, por la calle, a plena luz del día, impunemente en su viejo gastado uniforme, caminaba y cantaba al sol. 

  Sonreía y la gente que ni siquiera lo notaba, yendo o volviendo del estrés de su trabajo, cansada y de mal humor. 

  La otra vez vi a un policía feliz, feliz por caminar al sol, tal vez enamorado de algo más que su nueve milímetros, tal vez feliz por estar vivo, por ser.

  Y el mismo día me cruce con ese vendedor de anteojos, al que tuve que esquivar de su ambición y su insistencia, solo para verlo en pose de estrella, sojuzgando a sus hijos, para no perder un segundo, vendiendo productos sin futuro para envenenarse mejor.  

  Y charlando con la mujer policía, esa mujer gorda y grandota de guardia en la feria, que lo escuchaba hablar delos niños bla bla bla ¿Lo escucharía?  

  Y él, que se daba importancia “…y yo fui el que avisó a la policía, porque estaban molestando…” y bla bla bla y destilando su discurso vacío de adicto y la mujer que no despegaba los ojos de los gurises que saltaban y tiraban agua del bebedero y se bañaban abajo del chorro, y corrían y saltaban al monumento y de ahí al cantero y de ahí abañarse de nuevo entre la gente decente correctamente indiferente.

La gorda miraba con una ternura total a los niños, temblando al sol, sin dejar de jugar, la sonrisa de oreja a oreja, cruzada de brazos tal vez para contenerse y atenerse al reglamento y no ir a abrazarlos y besarlos, alzarlos y tirarlos para arriba y hacerles cosquillas en su alegría de indigentes sin zapatillas sin remera, sin techo, sin vergüenza.

  Y el tipo que hablaba sin dejar de mirar el puesto con los ojos como platos sin nadie que lo escuche pero que importa.  

  Mientras, el padre de los niños esperaba tal vez un rato más para ir a firmar a la comisaria, la libertad condicional, como todos los viernes, como cada semana, y la madre esperaba a la sombra tomando un trago lento cuidando la pelota.  

  Me alegro que mis hijos hayan jugado con ellos pero jamás perdería mi tiempo con el vendedor de anteojos, mi mundo se construye con barro nuevo.

 ¿Y por qué…?                                     

  …Porque ya trabajé para las petroleras, ya vendí gases industriales para soldar las estructuras delas torres de extracción.

  Y me acalambre en una computadora facturando, imprimiendo papeles y papeles caprichosos y falsos.

   Escuché todas las llamadas entre los ministros, secretarios y los empresarios viles repartiéndose las licitaciones a precio prefijado.

  Ya corté bosques enteros y seguí adelante sin mirar los pichones en los nidos caídos, solo para llegar a los campamentos miserables a comer un té de carbón y pasta de harina.  

  Como a la madrugada, como el día anterior, como cada día. Ya convertí esos troncos en postes pelados, curados con bromuro y arsénico, en tablas de todas las medidas, en molduras y machimbres, en toneladas de aserrín y residuos quemándose noche y día sin parar, en el calor subtropical. Ya convertí esas tablas en muebles lustrados, en cuadros labrados moldurados y tallados, teñidos, pulidos, laqueados.

  Ya planté semillas transgénicas en superficies de miles de hectáreas, desmonte la selva en galería, absorbí los acuíferos y los arroyos cambiando peces por cultivos insanos para que los más ricos no dejen de serlo, para que los más pobres no dejen de serlo. 

  Ya dejé las colinas peladas lisas a punto para ser llevadas por la erosión. Ya convertí la tierra en pasto, el pasto en carne, la carne en un animal pataleando colgando de un gancho después del marronazo en la cabeza, y esa agonía en un bife chirriante en la parrilla.  

  Ya salvé peces tirados en la explanada del puerto, con mi hijo, largándolos al agua, ante la censura de los pescadores, y me congele horas con mi hija mirando un pájaro entre las hojas, darle de comer a sus pichones.

  Ya estuve preso injustamente, solo para que el sistema funcione, y tuve miedo en las calles y frio en la oscuridad, ya me dedique a insultar enciclopédicamente a un policía, y decidí no subir más a un patrullero, y vi las más grandes injusticias y delitos cometidos por los cuidadores de la ley.  

  Ya fui pasto de la hipocresía, de la habladuría, de la felonía. Ya me cercaron y pegaron por la espalda y limé mis dientes de masticar bronca durante días y días esperando una ventana a la venganza.  

  Ya me deje llevar por el amor y el desamor, y dormí y deje de dormir por un sentimiento, y afile todas mis armas para defender un territorio perdido y ajeno, sin pensar en quedarme después.

 Ya fui perseguido por las corporaciones, descartado por el estado, amenazado por los millonarios, castigado por sus capataces… 

  Y sangré, sangré litros incalculables de sangre roja, caliente, humana, solo para que la sangre tenga un sentido más amplio que mover el sillón para ver la tele, y discutir por días y días si fue o no penal… 

  Ya regalé más de media docena de televisores, y leí un diario el año pasado, y escucho música que no conozco solo para saber que existe otro, otra cosa más que yo.  

  Nunca dejé de mirar, siempre estuve ahí, sangrando en mi piel, en mi mente por el látigo de mis esclavizadores.  

  Sin dejar de pensar en mi lugar, mi papel, tan similar al matado, al muerto que mataba, la vida como un espejo de dos caras donde no hay lugar para entristecerse ni arrepentirse, donde la piedad no tiene lugar ni sentido, donde solo vida es vida, y a veces muerte. 

Y me senté frente a una lechuga escuchándola crecer, y alimente lombrices, y robe flores para mi amor, encarcele pájaros y los solté otra vez.  

   Y escuché a los inicuos otra vez como si hubiera un día en que llegarían por casualidad a la certeza que se pueda practicar, a la coherencia que se pueda multiplicar, y los vi, cercenando conciencias, mutilando y esterilizando vidas enteras solo para ganar un lugar más cerca de los tiburones, y los vi, tantas veces flotando aterrados, esperando ser comidos del todo cuando no pudieron cumplir la cuota…

  Y cada día sale el sol y es una nueva oportunidad, y cuido mi árbol, mi flor, mi pedazo de mundo, riego mi corazón con este amor que me llega en oleadas, en ráfagas, en refucilos.  

  Y empujo mis hijos hacia la libertad y los invito  un día a gritar, porque es gratis, porque no tengo para el helado, para el pelotero, para… Vida es vida, más vale vivir que arrepentirse, más vale caer que tropezar, más vale equivocarse que quedarse con la duda…

  Pero no me arrepiento de estar al costado, al borde del sistema, un brote nuevo vale la pena cuando un policía olvida el garrote por un segundo, cuando un político duda y piensa por un segundo en decir la primera verdad de su vida, cuando un niño se da cuenta que para sonreír no necesita consumo, que no es el dinero lo queda felicidad, y camino y sigo, y hago lo mismo que ayer, que mañana: río, vivo y soy.



 

Allanamiento

  

  La gorda se había agarrado un gurí nuevo, para pedir monedas, así que lo estaba entrenando en todos los sentidos, aunque a un par de semanas ya se notaba que no se la iba a bancar, demasiado tierno para el atraso que venía llevando… lo había sacado de la calle, techo y comida, sexo y ropa lavada. 

 Parecía un trato justo, pero nada es bueno en exceso, y la iniciación del gurisito se estaba convirtiendo en una tortura: ahora la seguía atrás como un perrito asustado, cada vez más apagado, cada vez más esa mirada como pidiendo socorro… 

 Y ella bañada, con su trenza de colores, coqueta, altiva, ganadora, propietaria.  Ya no saludaba a nadie a menos que fuera estrictamente necesario, ni lo dejaba andar mucho hablando por ahí con sus antiguos compañeros, lo quería solo para ella, y la lujuria, al caminar, hacia brillar su oscura piel, su oscura vida…

  …El dato había llegado desde la jefatura, cuando la Mariela volvió de la visita.  La causa del Pelado no iba para atrás ni para adelante, pero había escuchado algo… El lunes iban a entrar a la villa, y con tres días de anticipación, cada cual se preparó a su manera.

  Saliendo para el fondo, después de la quinta, había un pozo abandonado, ideal para esconder las armas… se juntaron todas las que servían, quedando en algún que otro rancho solo para muestra algunas escopetas dobladas, el 32 del Gamuza con el gatillo roto, unas 22 cortas de coleccionista porque no servían para nada, y algunas tumberas matagatos que solo eran para reírse de los milicos.

   Envueltas en limpias telas, fueron suavemente depositadas capa tras capa, y luego la chapa y luego los ladrillos rotos y luego las piedras y luego algo de tierra y bosta fresca por si venían con los perros. 

  Con la falopa no había tanta confianza, además que el negocio funcionaba hasta último momento, así que cada cual se bancaria su bagayo, sobre todo los que no se habían ido, y aprovechaban copando la parada por un día. 

  La noche había pasado lenta como siempre, solo hubo que ponerle los puntos al Cochón, que se puso a fajar a la mujer, como para atraer la atención, cuando todos estaban dando los últimos detalles, un gil bárbaro.  Se terminó la bolsa a tarjetazos bajo las estrellas y después entro y espero mirando el café, quieto como un espejo. 

  Horas duro así hasta que los gallos cantaron y la oscuridad dijo hasta acá llegue. Entonces empezó a vibrar el agua negra, temblando en el vaso cuando las camionetas entraban a fondo desde los callejones.  

  El Chileno entró acelerado, casi chocándolo a él que salía, saludo y salto a la XR calzándose la mochila: antes de arrancar saltando por las colinas, le hizo un disparo al helicóptero y se quedó esperando atento a ver si caía, arrancándole una sonrisa en su cara dura, acalambrada.

  Saludos a la Quemi! Ahora empezaban las risas, las primeras camionetas habían parado en el medio junto a la ronda de piedras donde las cenizas humeaban todavía y sus ruedas rápidamente se desinflaban ensartadas en los clavos, el barro era una sola masa en cada bocacalle y el agua negra seguía corriendo. 

  Los milicos saltaban los charcos y las zanjas en sus pesados trajes antimotines y no falto uno que se resbalara, podía jurar que escucho las risas apagadas detrás de cada rancho.

  El primer grupo de policías parapetado en la altura cubría todo desde el ombú, y los demás, que al trote iban cerrando los caminos y las cortadas, con las camionetas inutilizadas, gritaban impotentes a los que huían trotando a las risas por el campo.  

 Se iban puteando y mostrándole la verga a los milicos salvo el Culebrilla que se entregó al primero que vio, seguro para pedirle un Rivotril.  Apenas caminaba, se había pasado como siempre, y se le empezaba a paralizar la mitad del cuerpo. 

  El Julián había clavado la silla de ruedas en el barro como sin querer, y esperaba fumando, mientras cuatro pares de botas negras se enterraban hasta los tobillos en la mierda para sacarlo del paso.

  Volvió a entrar y se puso las pantuflas, se preparó unos mates y salió a la vereda, se recostó en el sillón y cerró los ojos tratando de identificar los dueños de las voces, todo iba bien, las mujeres chillaban por encima de los gritos autoritarios de los policías, insultándolos con una creatividad admirable.  

  Los perros ladraban parapetados atrás de los cercos, los gurisitos corrían en bandadas haciendo llover piedras elegidas sobre las camionetas, artistas de la gomera, no querían quedar afuera de la zamba.

  Ya se llevaban al Laucha, arrastrando por el  piso, no sé si va para saludar al negro o para comer los chorizos a la pomarola de la comisaria, al lado de él tiran al Polaco, al Pinchaperra, al Indio y los dejan esposados contra los asientos. El remolque se lleva un móvil, lentamente, adelante, cuidadosos recolectan las tablas llenas de clavos, no importa, ya cumplieron.  

  El sol da en los ojos, la razzia sigue casa por casa, y van saltando las fichas, un par de milicos pasan corriendo hacia la esquina mientras otros golpean y patean la puerta de al lado al no obtener respuesta ¡No hay nadie! Grita él mientras alumbran brevemente el cuadrado vacío con la linterna y siguen… Buen día, por suerte que vinieron, hay que limpiarlos a todos, no se puede vivir acá, dice mientras agarra sus muletas tratando de pararse…

  Ahora le tocaba divertirse en grande, pensaba mientras le indicaba al policía desconfiado como abrir la puerta, sonrió y se arrimó lentamente, ah no, si esta con candado todavía, no se puede facilitar nada…Es que ya no me puedo ni mover.

   Miro el ombú y abajo los milicos tratando de cambiar las ruedas bajo sus escudos, entre el barro, amaba estar en libertad…Sacó la llave, sonriendo, esa hermosa escopeta seria suya antes que termine el día.

27 abril

Adictos al poder: doctrina, fogón y bala, o lo que llegue primero...

 


 

  Cuando los adictos al poder del unidiscurso “rebelde” memorizado sienten que ya debería haber llegado su hora y sin embargo es poco para repartir entre todos, cuando los adictos al poder del unidiscurso “tradicional” hegemonizado sienten que les robaron el piso del trampolín justo cuando habían practicado el salto, cuando los propietarios del mundo sienten que no pueden meter el cambio, cuando los piratas internacionales se dan cuenta que pagaron por un puerto que está lleno de barro…

  …Se terminan las negociaciones y empiezan a ladrar por todos los micrófonos, todos juntos, todos a la vez, todos insultándose al pasar en las concesionarias, en los clubes, en los pasillos, en las oficinas, en las redes virtuales.  No alcanzan a ver que el resto de la sociedad empieza a cansarse, que el noventa por ciento de la población no saca ningún beneficio de ganar o perder por sus causas.  

 La inmensa masa de gente que nació y vive acorralada por el sistema y la burocracia, solo pueden aspirar a perder un pedazo más de su decisión, de su autonomía en aras del triunfo del seudoidealismo comercialmente afinado para ser depositado en paraísos fiscales compartidos entre todos los actores: políticos, seudopoliticos, cuasipoliticos y apolíticos que se debaten con espadas de palo para ver quién es el que se lleva la parte del león.

  El león esta enjaulado, el león, hambriento vive en el corazón de la gente que no tiene ya mucho más que perder, que no tiene balas para sus armas ilegales, que no quisiera jamás usar. 

 Que termina apuntando a sus vecinos, blancos igualitarios de la desesperación, del derrumbe de sus sencillos ideales, de la expectativa engañada por una forma de plantearse a sí mismo como pastos, como si no pudieran esperar algo mejor que alimentar los estómagos rumiantes de los punteros políticos, los comerciantes, los traficantes y vendedores de mascotas humanas. 

  Ser digerido una y otra vez, no es agradable para nadie.

  Y sin embargo, sin quererlo o sin saberlo, termina pagando las balas de los grandes simuladores, los verdugos que van a practicar al tiro federal, solo porque todavía hay que esperar un poco para usar blancos humanos. 

  Todos los días los escucho practicar, sé que no se acabaran las balas, sé que la puntería mejora cada día, sé que soy el blanco, todos lo sabemos, en mi barrio.  

  En los miles de barrios empobrecidos, llenos de basura, peleando día a día por echar una papa más a la olla, mirando comer a nuestros hijos de un plato que no alcanzamos a llenar. 

  Sabemos adónde va a rebalsar la marea.  Siempre es igual, disfrutamos de la vida, diciendo las cosas claras, altivamente pasamos, sin bajar la mirada,  al lado del policía que baja la cabeza desorientado o apreta los dientes justo antes de quebrarnos la nuestra con un palo.

  Y pienso en todos esos estúpidos de la camiseta, comprando posters, pintando banderas… si alguna vez, solo una vez se abran puesto a pensar que los grandes “rebeldes”, “revolucionarios” no vivían con un libro bajo el brazo, no iban leyendo su propia biografía para saber qué hacer, sino que solo actuaban con el corazón sin dejar nunca de enfrentar la vida.

  Caminaban sin dejar de dar la cara, sin dejar deponer el cuerpo, en condiciones que distan mucho de sus esquemas de laboratorio, amparados por un aparato mezquino y arbitrario, una estructura caníbal que solo deja triunfar a unos pocos a cambio de consumir a casi todos.

  Ambiciosos de poder manipulando a la gente, hasta esos tipos están sobrando hoy en día, pero siguen intentando abrir camino, con sus camisas nuevas, blancas, de marca, recién planchadas, entre la mugre y los charcos, entre las tablas sin techo de la villa que hasta les da de comer sin dejar de despreciarlos.

 Vuelven a su casa y lo primero que hacen después de cerrar con llave es lavarse rabiosamente con jabón no sea que se les pegue sarna o alguna enfermedad de pobres, y sueñan con llegar al poder mientras corre el agua de la ducha, sin pensar en el barrio sin agua.  

 Se supone que tendrían que fortalecer la democracia pero solo la ensucian, la debilitan, todo teoría y nada de práctica, usando a los pobres como abono para cultivar poder, peor que el fascista que solo quiere tirar una bomba y matarlos a todos.

  Hasta el político sucio y corrupto es menos despreciable, porque hace su juego limpiamente, casi pintoresco en su sonrisa de piedra, y aguanta los insultos a cara descubierta, y reparte la parte mínima de sus ingresos generando miseria sin dejar de dar la oportunidad de pasarse a su bando, sin dejar de sonreír ni cuando lo corren a toscazos, sin dejar de volver como si fuera la primera vez, con las mismas promesas viejas, para las nuevas elecciones.  

  Cuando pierde y cuando gana es con la misma impiedad.  Como solo busca el poder, casi siempre da más…

   No sé porque pierdo el tiempo reflexionando incoherencias, es tan estúpido como esperar ver al Che Guevara en alguna marcha, con una camiseta con su propia cara.  El día de la masacre se acerca, solo tendremos como arma cultivar nuestra coherencia… 

  Pensar en otra opción es solo locura funcional al sistema, el camino ya empezó y no basta con libros, hace falta construir humanidad, hoy mismo, no mañana.

No voy a extrañarme

 

 

¿Cómo y cuándo nos volvimos tan vulnerables? 

 ¿Cómo es que cada día dejamos de pensar en el mundo como nuestro lugar, como nuestra casa?

   No es raro este enfoque si tenemos en cuenta que ya dejamos de pensar en nuestro propio barrio, nuestra ciudad, nuestro país, como un lugar del que tuviéramos que sentirnos responsables. 

  No podemos siquiera detenernos seriamente a mirar alrededor, solo televisores, solo buenas noticias, solo gatitos de peluche o perritos heroicos podemos ver, rescatando loros mojados, y a través de la pantalla. Es fantástico que la globalización permita un intercambio de información tan instantáneo y permanente, aunque lo cierto es que la mentira y la manipulación siempre tendrán más medios, más tiempo, mas minutos en el aire, y sobretodo, más gente destinada, decidida a creer. 

  Porque es completamente infantil dejar de trabajar para salvar un puto pato, o un arbolito de mierda, cuando ya salió el nuevo modelo de televisor de pantalla híper plana y sonido auto envolvente, si después podemos ir al vivero y comprar una planta de interior tropicalísima, que encaje sin contratiempos con la estética del buen gusto…

  No nos damos cuenta que nosotros ya estamos siendo tratados como plantas en maceta, cuando somos seres humanos. ¿Lo somos? ¿Todavía lo somos?

 ¿O es que han cambiado las definiciones para amoldarnos a esta híper realidad permanente?  …¡Y deberíamos apuntar a nuestra realización permanente!

  Y aunque la maceta parece cómoda, no podemos más que esperar desesperados la manguera que nos tire un poco de agua, el abono que nos permita estar lo suficientemente verdes, la luz que nos permita llegar hasta el amague de flor que terminaremos lamentando porque hace rato que se cosechan los pimpollos. 

  Como los morrones madurados con acetil, en las cámaras de los grandes mercados hortícolas, cuanto falta para que maduren a nuestros hijos en la cámara oscura de la escuela, a gusto y conveniencia de las empresas, de los gobiernos, de los intereses más oscuros del mundo…

  ¿Aaahhh que? ¿Queee? ¿Que ya está pasando? Pero si yo no me había dado cuenta, por dios ¡¡¡¡Si siguen hablando de San Martin y números naturales, como cuando yo era chico…!!!!

  Algunos tienen la mala suerte de no ir a la escuela, de ser analfabetos y perderse la mitad del mundo, no saben que no se pierden gran cosa.

  Somos esclavos, definitivamente: somos esclavos del confort, de la mirada, de la necesidad, de la propaganda, de las definiciones, del estatus, de los estatutos, de la pretendida grandeza del ser humano.

  Ya no hay una solución que parta de seguirnos mintiendo a nosotros mismos, ya no la hay.  Cuando nuestros hijos nos pregunten papa… mama… ¿Qué estabas haciendo? 

  No podremos responderles con la misma mentira que elegimos consumir hoy mismo, glotones de calidad sin culpa, de diversión sin escalas, somos el socio perfecto de las empresas más inescrupulosas del planeta, y seguimos peleándonos por poner a uno u otro de sus vicepresidentes al frente del gobierno, cuando ya no hay diferencias en la delegación, cuando todo el poder que se vuelve ajeno es absorbido sin dejar resaca ni rastros por las más grandes corporaciones.  

  Ciclopes autónomos de la destrucción, ya no necesitan leyes ni dueños ni nacionalidad, les alcanza con vivir de nuestra estupidez total, nuestra irresponsabilidad como individuos, nuestra ambición de manual barato para conquistadores modernos.

  Todo el poder es absorbido sin miramientos, no estamos delegando nada, solo perdiendo para siempre, solo regalando nuestra vida y las consecuencias hacia el futuro, solo dejando en manos de verdugos rutinarios lo mejor de nuestra vida, de nuestro tiempo sobre la tierra, de lo que pudiéramos ser…

  Si tuviéramos que detenernos a pensar, parecería horrible que fuera nuestra propia decisión lo que nos condena, pero hacemos de cuenta que no es nuestra vida, que no son nuestras decisiones.  

  Votamos por uno u otro, y no nos parece raro que el cambio no cambie nada, que la cadena siga atada a nuestros tobillos, a nuestras muñecas a la pared del cubículo donde nos indicaron que se desarrollaría nuestra vida de ahora en más, para siempre, hasta que nos libere la jubilación para poder disfrutar de la vida.  Hasta que nos libere el Quini Seis para poder disfrutar de la vida, hasta que nos libere el gran golpe para poder disfrutar de la vida, hasta que nos libere el puesto firme a la cabeza del poder para poder disfrutar de nuestra vida.

  Que extravagante espejismo, que salvaje autoflagelación, automutilación, que escuela de sometimiento total y permanente sostenemos con nuestras cuotas puntuales. 

  Sigamos consumiendo pretendiendo que vamos a detener a las empresas que fabrican el consumo, o empecemos a producir bienestar humano. Bienestar real, responsable, social de nuestra pequeña sociedad familiar, hogareña, o a lo sumo barrial.

   Preocupémonos de hacernos cargo de lo que podemos cubrir con nuestros ojos, desde la puerta de nuestra casa, y cambiaremos el mundo a miles de kilómetros de distancia, saquemos la vista del ordenador, de la Personal Computer, de la Tablet, de esta hermosa pantalla de veintiséis pulgadas, y miremos la noticia donde se genera 

 ¡Justo frente a nuestras narices! 

  Nosotros somos la noticia, el futuro llego. 

  Cuando entre los escombros de la decadente sociedad actual se investiguen las causas del desastre, cualquier historia será la tuya o la mía, quejándonos del calor y del precio de los Split, del precio de los alquileres y el color de las naranjas, del olor de los arroyos urbanos y los mosquitos y la falta de stock de insecticidas… 

  ¡Por que sacaron del mercado ese producto tan bueno! ¡Mataba todo, no dejaba ni un bicho! Y ruego a dios en las alturas…. Que no me deje faltar el dinero para la cuota, ni para el plan de medicina prepaga, ni para la jubilación privada, ni para…

   ¿Es que acaso hay garantías de que el mundo que pagamos por adelantado subsista siquiera diez o quince años más? Somos productos, no personas, es hora de que nos empecemos a hacer cargo de eso si queremos de verdad empezar a cambiar algo. 

  O dejar de tratarnos entre nosotros con la etiqueta gastada de “seres humanos” que ya perdió validez hace rato. Es hora de pensar en algo más que en el color y el lustre del cajón que no vamos a ver, como nuestra última decisión.

  El mundo es ahora. Somos ahora.

 

26 abril

Descubrimiento

 

 


     El despertador sonó y por primera vez en mi vida sentí ganas de aplastarlo o lanzarlo contra la pared en vez de apretar el botón y salir soñoliento de la cama, buscando con los pies las pantuflas, tratando de abrir los ojos en la media luz para no chocar los muebles, hasta el baño adyacente a la habitación a lavarme la cara.  

  La calidez de la casa cerrada y alfombrada, el valor sentimental de los adornos encima de las repisas, como ese pedazo de vidrio extrañamente deformado… 

  Las fotos de mis hijos, que crecen y crecen, sanos y fuertes… 

  Agradezco en primer lugar a Dios por bendecir mi vida.  

  Camino hacia el baño, inspirándome mientras pienso en el día, que pareciera continuarse en mi cabeza, con solo un segundo ínfimo como paréntesis representado por el sueño y la noche. 

  Camino hacia el baño y es como si caminara por el pasillo hacia mi oficina, ensayo la entonación dela voz cuando le pida a la secretaria que me pase el resumen de ventas de la región noreste, con el registro adjunto de transacciones comerciales inmobiliarias del último año. 

  Sé que voy a descubrir una relación. Aunque deba disponer del tiempo del almuerzo en familia y dejar al azar de la inconsistencia de la madre, las preguntas y necesidades de los niños (inconsistencia en el plano mental, aunque en el manejo de la casa, que, por otra parte, se transforma en eficiencia, minuciosa y exacta como un libro de actas). 

   Lo haré, aunque ellos no entiendan que es parte de su futuro: un día perdido a cuenta del bienestar, mañana me lo agradecerán cuando tengan la posibilidad de ser hombres, y Emilia de ser una buena esposa.

  Como si yo hubiera nacido pisando estas alfombras, como si yo hubiera comido cinco veces al día, y servilletas y… A veces me pregunto si no estaré dando demasiado, si no estaré malcriando a estas criaturas.  Pero tampoco podría darles menos.

  …Y debe haber una relación (pienso, volviendo a la oficina) ¡Si la encuentro podría adelantarme lo suficiente, comprar las propiedades antes que ellos y revendérselas sin siquiera tener que ir a verlas!

  ¡Ah sí!  Marita se divertirá yendo con los niños a desmantelar los antiguos caserones, llenando el patio y la galería de trastos viejos, renovándolos y esparciéndolos por la casa, llevando el resto a los anticuarios, o dándole utilidades sorprendentes como ese juego de macetas hecho con tinajas de aluminio, que pintaron con Emilia y fueron a comprar juntas la tierra y las flores para poblarlas.

  Flores, donde hay una mujer debe haber flores, es una garantía de calidad, no me gustan pero lo acepto, y así dejo en manos también de Marita toda la educación de Emilita, salvo temas fundamentales en que debo ser consultado, pero confío en los resultados, ciertamente.  

 Por suerte existen las mujeres para encargarse de estos temas, sino serian una distracción atenazante, y los negocios, y el futuro, y el trabajo se verían contaminados por la blandura de las tareas sentimentales de la decoración del hogar y la crianza de los hijos, entre otras…menos importantes…

  Hoy estoy realmente cansado, debo haber dormido mal, pero yo sé que cuando la mente trabaja durante el sueño, por la mañana aparece la respuesta como un chasquido de dedos, y mi cerebro empieza a descargar la información digerida en las horas de reposo absoluto.

… ¿Por qué no recuerdo el nombre de la sirvienta? 

  ¿Qué es todo este polvo y desorden? Sin dudas habrán estado jugando los niños ayer y nadie me avisa nada, saben que mi furia no dura todo el día y que si no me entero a tiempo, casi siempre alivio el castigo, pero esto… los marcos de las fotos… 

  Ya es demasiado, pegado así como si fuera un collage, el juego de muebles inigualable, laqueado a mano en tardes y tardes de sol, rayado como si fuera un mapa caminero.  

  Marita va a llorar de impotencia, estoy seguro, controlo mi ira hasta que pueda bajar a desayunar, y abro la puerta del baño: aceite, anoto mentalmente, en los goznes, todo tengo que pensarlo…

  ¡Otra sorpresa! El espejo no existe, deben haberlo roto, esto tendrá un castigo ejemplar, de la amargura apenas si puedo levantar los pies para caminar, realmente un día que empieza así no puede terminar sino peor, me lavo la cara, me asombran mis manos arrugadas, pero no las veo, no quiero entender, solo terminar el trámite de despertarme. 

  Abro la puerta del mueble destartalado, ahora si lo estoy viendo bien, y la ropa tirada descuidadamente sobre la cama, lloraría si la debilidad fuera un vicio en mi vida, pero sigo adelante ofuscado, el espejo recorre los sacos y las corbatas mientras gira la puerta hasta quedar frente a mi cara, pero no es mi cara, en la puerta del ropero lo que hay es una ventana donde un viejo decrepito mira con miedo, y los ojos muy abiertos, la boca entreabierta para dejar escapar un hilo de baba, arrugas y manchas en la piel, y el pelo blanco de un hombre anciano. 

  Me congelo, nunca me había sentido tan en peligro, y alcanzo a dar un grito mientras giro hacia la puerta lateral, la que da hacia la puerta de la pieza de Marita.

  Un libro suena al caer contra el piso, como le gusta leer por las noches, siempre se queda dormida, jamás me escucho gritar así, debe estar asustada, abro la puerta para explicarle lo que no termino de entender pero la cama está vacía, y en su lugar, en un sillón, no termina sino de despertarse otra persona, una mujer, en traje de enfermera, cada vez estoy más confuso

  ¿¡Donde esta Marita!? Grito y me exalto. Ahora siento que mi cabeza es una turbina de pensamientos que no terminan de definirse, como si faltara un gancho para pescar alguno al voleo y empezar una serie que pudiera servir para hacer alguna pregunta útil, ya que no explicar nada.

  La mujer se levanta y me habla ¿Cómo sabe mi nombre?

   Gerardo, Gerardo, Gerardo… insiste aferrándome delos hombros, lo que en mi fuero interno agradezco porque a decir verdad siento que mis piernas han dejado de temblar para aflojarse, para rendirse al choque de la monstruosa evidencia de lo incomprensible, me manipula hasta que logra sentarme sobre la cama.

  La miro servirme un vaso de agua, algo me dice que es parte de una rutina, una pastilla que me dice que debo tomar, y me habla mientras toma mis manos suavemente, lamento no haberle hablado así un solo día a mis hijos, algo me dice que esta es mi vida, pero también algo me dice que es solo un sueño, producido por el exceso de trabajo…

  Ya se, estoy en la oficina, me desmayé y me está reanimando mi secretaria, cierro los ojos, saboreo el agua sorbo a sorbo, el sabor del ritual, siento el peso desaparecer de mi mente, empiezo a escuchar los ruidos de la ciudad que se despierta, nada concuerda o nada es real, o yo no soy real pero no importa, el acolchado bajo mi pijama es real, escucho como un sueño su voz que dice…

  ¡Bueno vamos abriendo los ojos despacito, sin caernos, hoy hace un hermoso día de sol…! Y sin poder evitarlo para siempre, finalmente los abro y la veo, su sonrisa que trata de llevarme a un estado que no persigo, que no necesito.

  La enfermera ve la alegría como una necesidad, y empieza el día con un chiste, y lava mis lágrimas con su pañuelo, y me deja sentado mientras abre la ventana y llena todo de luz.  

  Y yo espero que me diga que hacer, porque todavía no entiendo que me pasó, dónde estoy, quien soy realmente, ni fecha alguna en el calendario más que alguna hora incierta de la mañana… del año equis en algún lugar que puede ser mi casa, como no…

 

21 abril

El secreto

 

 


No todas las flores nacieron para ser cortadas, sino para dar semilla, me decía mientras volvía a casa, al insomnio y la nostalgia de haber vislumbrado un pedazo intacto del paraíso.  

  Caminaba respirando universos enteros en cada bocanada de aire, vivo, espeso como agua en mis pulmones, y yo mismo me sentía como un chorro de agua que fluía y se derramaba sobre mi propia sombra. …

  Dormir y despertar ya eran tramites que enmarcaban un matiz del mundo que no podía dar a conocer sin ponerlo en riesgo, y del cual no hubiera podido obtener pruebas sin convertirme en un depredador, tampoco me importaba gran cosa informar de nada.  

  Mis pies sucios de barro volvían por el sendero, los mismos pies que pisaban la resaca de siempre, pero no eran los mismos.  Yo no volvería a ser el mismo, definitivamente. 

  En realidad no recuerdo como había llegado tan lejos, buscaba cada día nuevas playas, más salvajes y lejanas, donde pescar con tranquilidad, donde obtener un gran pez que pudiera vender para pagar las cuentas y comprar harina y azúcar, yerba, anzuelos…  

  Era mi intención hacer fuego y comer alguna boguita en la misma playa, mientras esperaba, al calor de la selva y la arena finamente filtrada por la corriente. 

  En realidad el pique no me importaba tanto como el hecho de pescar, de estar tenso y atento a un borde de brillo en el agua, a una mínima variación que me permitiera anticiparme.  

  Sin embargo esa tarde todo iba creciendo en el aire tanto como en el agua, en el tiempo como en el espacio entre las cosas, como un brote de magia que nace del vacío mismo y no puede dejar de emitir chispas.

  Tal vez ella me había hipnotizado, con su sola presencia extrañamente cercana, fabulosamente real, curiosa y pura, su cola iba y venía contra la arena haciendo un ruido rítmico que duró lo suficiente para dejar mi voluntad en sus manos, sin concesiones.  

  Solo fui consciente del ruido al momento de dejar de escucharlo, aunque no era áspero como las piedras que se iban metiendo en el agua, sino como si un niño jugara con arena fina haciéndola caer de una manito a otra, el ruido tenía entonces olor a piel y textura de pasto brotando en medio del bosque.

  No sé cuánto tiempo tarde en girar la cabeza, solo que al darme vuelta el tiempo mismo había perdido sentido y una leve penumbra jugaba entre los árboles y la pequeña ensenada. 

 Había hecho aparición la criatura más extraña y hermosa que vi en mi vida.

   Sus ojos me miraban pero no eran sus ojos una mirada, sino que estaban fundidos con todo lo demás, como un tapiz que saliera del centro de su iris y se enmarcara entrelazado en la fresca arena de la costa, en las ramas horizontales de los musgosos arboles indiferentes. 

  El largo cuchillo clavado de un golpe en la arena, mansamente perdió sentido ante ella, que me miraba curiosa y tímida, asombrada al parecer de verme, como si yo fuera el que había salido del agua. 

  Un espacio en blanco barrio con todos mis pensamientos (ya no servían para nada) y un puño agarro mi estómago, y desde ahí tiro de mi cuerpo hacia adentro, licuando todos mis posibles movimientos, dejándome como una red tendida al sol, como si no tuviera más cuerpo sino solo viento pasando impunemente entre los agujeros y los nudos… 

  Respire profundamente esperando que se fuera, pero seguía ahí, y recién entonces pude verla un poco más detenidamente, tanto como ella me observaba a mí.

  En su pelo, negro derramándose sobre la arena, se enroscaban algunos caracoles lentos, y su cara extraña, humana en un cuerpo ajeno, era de la más hermosa y suave tez que yo hubiera soñado alguna vez, un ligero movimiento, reacomodándose, sacudió su pelo dejándome vislumbrar sus senos, y supe que no iba a volver a dormir sin soñar con ella.

   Jugaba con una escama que se había sacado de algún lado, un entramado de ramitas se movía bajo sus orejas, y una piedra transparente finamente engarzada colgaba de su cuello, enredándose en su pelo, antes de las primeras escamas que empezaban a nacer bajo su pecho, luego su cuerpo se envolvía de una fina cintura, que en vez de dar lugar a piernas humanas, daba nacimiento entre sus caderas al inicio de una cola de pez increíblemente hermosa y brillante, completamente de otro mundo.

  Yo que estaba acostumbrado a filetear peces sin compasión, vi por primera vez como la conciencia movía cada musculo cada pequeña aleta, cada nervio musgoso entre la membrana semitransparente de su fuerte aleta final, en un despliegue de vida sagrada y diáfana.  

  Nos miramos y yo lentamente me gire para no asustarla, y ella asombrada miraba mis piernas, que crucé como para que se dé cuenta que no pretendía hacerle daño.  

  Y así pasamos algunos minutos, observándonos sin palabras, nutriéndonos con la sensación de estar ante una criatura de otro elemento, haciéndome sentir único, especial, aun con mis tontas piernas, que ya estaban empezándome a parecer inútiles y grotescas. 

  En un momento se dio vuelta ¿La había asustado? Pero eran dos cabezas en el agua. Pensé que nos habían descubierto y saldría huyendo, yo estaba seguro que no dejaría que ningún pescador le hiciera daño, pero eran ojos intensos como los suyos, y un deslizarse sobre el agua mirándome también, que no dejaba dudas. 

  Estaba siendo testigo de otro mundo.

  Sentí que me decía adiós acudiendo a su llamado, y el rio salpicando su cuerpo, el agua inusualmente transparente, empezó a rodearla como el crepúsculo rodea a una puesta de sol magnifica, dejándonos inquietos y aprehensivos en la noche oscura. 



  Volví tropezando a casa, porque el crepúsculo era real, y la selva se cerraba en torno a mí, una extraña tranquilidad me había ganado, un desapego, una sensación de amor que me hacía ver el mundo de otra forma, mi rancho parado sobre ramas curvas, la tierra apisonada de la entrada, el montón de cenizas bajo la parrilla, todo tenía un significado intenso y nuevo.  

  Me agache dejando mi bolso en el suelo mientras recogía un puñado de escamas entre mis manos: me quede mirándolas largamente, no sé si podría volver a comer alguna vez pescado, una sensación en mi garganta me atenazaba subiendo hasta mi cara hasta que logro salir por mis ojos, hasta que las lágrimas calientes me redimieron, cristalizando la confusa paz de pez fuera del agua en que me sentía morir mansamente.  En las callejuelas de arena los pescadores seguían volviendo del rio… 

  ¿Si había sido real, porque no había pasado ninguno en ese momento, porque parecía un paisaje de otro mundo?  

  Nos gritamos como siempre al pasar, haciéndonos las mismas preguntas y comentarios de siempre, el mundo de siempre, las aletas en los baldes bajaban hacia el pueblo, para volverse arroz y azúcar, tabaco y anzuelos… de repente mire la red oreándose tendida entre dos palos y me pareció tan cruel que en ese mismo momento tome la decisión de deshacerme de ella.

 

  Al otro día la vendí, comprando algunas frutas frescas, envolviéndolas en hojas de bananero para que no se ensucien con el bolso vacío: solo ahí me di cuenta que había dejado, en la lejana playa, las líneas tendidas, mi hermoso cuchillo clavado en la arena, y las ramas secas acomodadas listas para encender el fuego. Era casi mediodía.

   …¿Tanto había caminado? ¿Otra vez me gano la tarde llegando a la oculta ensenada salvaje, o era la hora eterna de ese lugar?  El mango de madera dura sobresalía del suelo, mostrando ahora la hoja, como si lo hubieran sacado para mirarlo y vuelto a clavar respetuosamente. 

 Pensé en el extraordinario filo del viejo acero y me dio miedo que se pudiera haber lastimado, porque todo era real en ese lugar, y no había dudas, pero no había afortunadamente gota de sangre alguna. 

  Extendí las frutas sobre una hoja de bananero en la orilla, y espere sentado, hasta que no hubo más pensamientos que pudieran interferir en mi serenidad. Las líneas, los anzuelos, el cuchillo envainado ya descansaban en el bolso. 

  Mirando la superficie del agua hasta que me dolían los ojos, esperaba verla aparecer ansioso por darle mi regalo de paz, mi agradecimiento.

   Como humo, una cabeza se destacó entre las piedras, y luego otra, mirándome, y hundiéndose las dos nuevamente cuando ella surgió del agua.  Me salpico un poco al salir, coleteando, y su pelo sobre la espalda dejaba ver su magnífica desnudez. 

   ¿Podría seguir mi vida normal si la tocaba? Pensaba hipnotizado al ir a su encuentro… asombrada, giraba un durazno jugoso entre sus dedos largos, y se hundió con él en el agua, pensé que la había asustado, desconsolado, pero un minuto después volvió a salir con un hermoso patí que sostenía desde las agallas.  

 Lo tome entre sus manos rozando sus dedos, nos quedamos mirando.  Era demasiado extraño nuestro encuentro, y yo sentía que si seguía enamorándome sin remedio, iba a perder el contacto con el mundo que conocía.

   El pescado se movía lánguidamente entre nuestras manos, mis pies en el agua, mi brazo extendiéndose, mis dedos empezando a recorrer los suyos, y después la suave piel de su brazo y después su pelo, el contorno de su oreja…

  Comunicándonos sin palabras nos dijimos todo, y una mezcla total de sentimientos, una añoranza de lo indescriptible, me iba ganando al saber que tal vez sería la última vez que la viera. Paso un minuto así, hasta que otras criaturas llamaron su atención. 

  Nos separamos trabajosamente, y luego de sus manos broto un espacio de luz que flotaba entre chispas vivas, lo soplo hacia mi cuerpo y yo me sentí curado de todo mal, de todo daño que hubiera adentro mío.  Aunque la respiración en su pecho movía su turgente piel, no me anime a insinuar tocarla, podría haber sido una ventana irredimible a la locura.  

 Salí del agua creo, junte mis cosas supongo, intuyo que camine lentamente hasta mi casa.  Mientras, mi cabeza desplegaba un catálogo infinito de todas las cosas hermosas y simples del mundo.

 …El fresco patí se volvería harina y huevos, para hacer unas tortillas y seguir mi vida de siempre, como si fuera mi vida de siempre, haciendo los mismos comentarios con los viejos pescadores sin revelar mi secreto, como si yo fuera el mismo.

  Enrolle el hilo en la aguja de madera y empecé a tejer la nueva red.

18 abril

Camino (Poesías)

 

 




                                                                Azur

 

Sentí por un segundo                                   

Tu piel tan tibia

Sabiendo que

Nuestros caminos no se cruzarían hoy

Y verte caminando

Y yo también, como si importara tanto caminar

…nos alejábamos sabiendo

Que crearíamos una nueva oportunidad

 


                                                   Golpe de suerte

 

Quien sabrá

Quien sabrá

Si mañana caminaré

Al sol o a la sombra

Quien sabrá

Si mañana descansaré

Sobre o bajo la tierra

Quien sabrá

Quien sabrá

Cuando termina o empieza

Lo que me pasa mañana

 



                                                                   Soga

 Una tristeza infinita sacude las hojas de los árboles, hasta hacerlas caer, secas y duras, marchitas

Pero solo es el otoño, que anuncia la fase de desconcentración, descanso, y retiro

Cuando vuelva la primavera, estarán los brotes listos, la savia fuerte, la hoja verde

Y el verano encontrara la flor hecha fruto, los seres vivos alimentándose unos de otros.

Porque entonces elegiste morir así, yo mataría, o buscaría una mano ajena

Un duelo mortal que vengue a la humanidad, un vuelo eterno, no una cuerda

Idiota, juzgándote, te extraño y apenas si te conocí, porque el mundo que te cerco

También era mi mundo, y ahora siento tu espanto, de no poder arrepentirte, colgando

Pero nunca supe cómo salvarte, ni dónde estabas, ni tu nombre, ni porque no lo sabía.

Vivo, camino, sueño, lucho, y pienso en mí, y cada día uso las cuerdas para otra cosa.

Igual me duele. La humanidad acorralada. El planeta ocupado. El tiempo cuadriculado.

 


                                                       En la plaza

La naturaleza

La naturaleza humana

No cambia, no se detiene

Aunque siempre haya un tonto

Que no se la tome en serio

O una ingenua

Que pretenda manejarla

Y cuando el tiempo se agota

El ritual de la descomposición

Se adelanta al tiempo

En manos de los inagotables.

¿Quiénes quedaran con las manos vacías?

¿Quiénes quedaran con las almas llenas?

Solo el transcurso del tiempo

Es verdad en estos casos

Mientras sabemos, nosotros

Que solo somos un grano de tierra

En un planeta, pequeño y grande a la vez.

No vale la pena pensar en nada

No vale la pena salvar a nadie

Criaturas del día y de la noche

Se capturan en la eternidad.

 


                                                                Sólo amor

Quisiera estar más lucido

Cuando llegue ese momento

Y no desprevenido de alegría

No entregado de antemano

En una sonrisa interna

Que me abandone

Indefenso, a tus cuchillos de seda

A tus pies de caminar suelto

Solo para ser tú pavimento.

 


                                                     Rápido

 

Elecciones, ni más ni menos, sin derechos, a decirse equivocadas

Acá y ahora, está pasando,  y lo dejo pasar, y lo abrazo

Inconcebible devenir del tiempo, tiempo humano irreversible.

Apenas, no soy el mismo, que decidió dejar de ser

Y subir al monte no me aclaro la perspectiva

Si no me mostro el camino que seguía bajando, hacia adelante.

Ganar y perder solo son palabras de gente, pero una mosca no las conoce,

El aire no sabe de smog ni de árboles, y sin embargo los recorre,

Y vivir no es parte del mundo, aunque no valga nada correrse.

Pero sin participar de eso, volvemos a intentar darle sentido,

Una conexión, un fluir, un ligero soplo de libertad…

Me arrastra a veces hacia lo que soy, cuando, sin embargo, ya no importa.

 


                                  Bajo lluvia

 

Hace años que necesitaba escuchar tantas cosas

Que había olvidado que yo estuve ahí.

Porque nadie decía que el tiempo había pasado

Con mi presencia y mi brazo desmalezando, arando, sembrando.

Vigilando sin dormir años enteros, la jungla nocturna…

Uniendo uno por uno los carroñeros con la tierra.

Pero el cuerpo tiene memoria y un día habla, no puede mentir

Y la sangre que corrió hasta el suelo cobra sentido

Porque la sombra que dio cobijo al fruto, trabajosa

También creció y se unió en los dos lados

Para que jueguen los sueños inocentes

Ya fuertes para caracolear en el viento

Que hoy los despeina sin derribarlos

Firmes, hacia el centro del mundo

Suaves, hasta el reflejo del sol.

Infinitos, hacia un lugar sin tiempo

Libres hacia un lugar sin dioses…

 




                                         Paciencia

 

Un día

Saber que un día llegaría

Es combustible para mañana

Dejar el pico conquistado

Bajar por la ladera, otra vez.

No cedo en puntos intermedios

Aunque descanse, tome aire…

Antes que recostarme salto

Antes que engordar sangro.

Dormir con las armas en la mano

Cerrada la mano en la rienda

El caballo ensillado

El mundo se convierte en sueño

El sueño atraviesa el mundo.

Como sombra vi pasar

El planeta incendiado

A través de un trompo

Lentamente, claras intenciones

Se desnudan cuando no saben

Que los están mirando

Y salgo y sigo sin dudas

De su ansioso desenfreno

Un pie después del otro

Construyendo libertad.

Un día

Caminar, es el camino.

 


                                              ¡Cómo vivimos!

 

A veces nos parece peligroso el invierno

Porque todo es noche, porque todo es frio

A veces nos parece penoso el verano

Porque todo es sol, porque es todo calor

A veces nos parece triste el otoño

Porque solo miramos las hojas cayendo

 A veces nos parece infeliz la primavera

Por la alergia que llega al bunker de cemento

Y no nos damos cuenta que…

Lo realmente malo es como vivimos

 

A veces el mundo parece hostil

Porque no nos alcanza el dinero

A veces parece un poco soso

Porque no podemos pagar la diversión

A veces nos sentimos inútiles

Porque no encajamos en el engranaje

De la destrucción

Y no nos damos cuenta que

 Lo penoso

Es como  vivimos

 


                                         Ya es la hora

 

Asoma el sol, mientras duermo…

 

Un día despierto, fresco pero ansioso

Y siento que ya es la hora

Y empiezo a mirar los cueros

Las flechas olvidadas, el polvo cubriendo

Las viejas pisadas de lauchas.

 

El sol parece el mismo, es el mismo

Y sin embargo es otro sol, refleja en mí.

Y me hace afilar la daga, y cortar el pasto…

Una decisión se impone sobre la apatía

Impiadoso empiezo a caminar como un caracol

El sol quemara para cuando este en plena tarea

Pero será otro sol, parecerá el mismo, pero quemara en mí.

 

Tomo mi tiempo, y guardo, dejo el pensamiento

Cada cosa pondré en su lugar

 Y hasta la basura usare para construir un puente

Y aunque me de cierta lastima, sé que dejare

Sin hogar a culebras y ratas.

En un segundo empiezo, es la hora

El aire me lo dice  ¡y parece el mismo aire…!

 

 

¿Cómo pensar pensamientos ajenos?

¿Cómo vivir con los ojos de otra persona?

No se puede, no puedo, no podes

El rio corre y pescamos, la parrilla espera

 


 

                           De caminar

 

Cuando la calle se estira, se cierra alrededor

Y las pisadas pisan sobre huellas viejas

De otros tiempos de zapatos

O pies descalzos

 

Cuando la oscuridad trae recuerdos

De esas calles miradas tan distintas

Tal vez con temor o alegría

Tal vez sin tiempo

 

Un manto se esparce sobre el cielo

Y cae en mis hombros, llamado por los perros

Un grano de trigo brota en la dureza caliente

Entre cuchillos que no lo cortan, aun, hacen el pozo

Donde fue sembrado hace años

Tanto da, tanto brota sin parar

 

Y la emoción de decirme a mí mismo

Que todo el tiempo es limpio de miedo

Que todo nudo se deshace sonriendo

Y sin mirar para atrás mirar mirando

Como sobreviven los lobos

Y las bestias de carga

 

Así sangren las baldosas

Así congelen los bancos

Así enrejen los parques y plazas

Así ametrallen las esquinas

Con dardos mal envueltos

Sé que no moriré sin justa causa

Ni caminare sin llegar a ningún lado

Un vaso de vino en la tormenta

Quedo impunemente lleno.

Sin esperarme, me espera.

 


                     Redención

 

No es el infierno

Sino humo que se esparce y se difumina

En el espacio que antes ocupaba mi ser

Abajo de un incendio como de verano

Que avanza sin viento, lento, imparable y total,

Pero no es así, es como el agua, pero no el diluvio

Sino como un rio que crece lentamente

Trayendo las lluvias de territorios más arriba

A miles de kilómetros de distancia

Pensarlo es incomprensible ¿…de dónde viene?

 Pero no es así tampoco, sino

 Como un viento que no para nunca,

 Al que solo podes acostumbrarte

Porque todo lo que se oponga caerá

 Derribado y cada día sopla

 Un poco más fuerte, pero… no, tal vez

Tal vez sea solo como tierra fértil

Donde es imposible no levantar una casa

Una colina verde donde soñar es lo normal

Y vivir tiene el color del sol y el fruto nuevo.

… casi, pero no, tampoco es así, si pudiera,

Definirlo.  Sería un alivio que no necesito

Solo me atraviesa hace días, hace “tiempo”

¡Como si dejara en pie el tiempo!

 


                         El día después de cada día

Y volver

Volver a caminar las calles

Día tras día, como un rayo

O como un caracol

Presintiendo las sombras

Equilibrando esa sensación propia y ajena

De ceder hasta el límite para mantener la paz,

De plantar un filo en la mirada.  Para que la paz sirva

Para vivir, cuando todo es carnada de la noche

Cuando todo es boca sin dientes  y sin pan.

Y desatar nudos que se prenden a los pies

Atados a la esquina, al barrio chato, a la cortada

Donde la oscuridad se crea, se reparte.

Mejor no ser amigo, ni enemigo.

Solo ser y pasar, tirando migas de pan para volver…

Como en un cuento, donde la gente es de madera

Y las casas de chocolate, acá, es al revés mismo.

Solo la olla es igual, solo la olla es real.

Por mirar podes caer adentro, pero está en el camino.

 


Atracción

Como una mosca cuando abren la ventana

Al dulce calor de la siesta

Como una estrella fugaz que apunta a tu planeta

No puedo dejar de sentirlo

Como un hilo que me ata al murmullo de tu cuerpo

Como la fruta fresca, como la estación que llega

  


Elecciones

Un camino es solo caminar

No existen reglas ni apremios reales

Elegimos, más que conscientemente

Nos equivocamos

Más que convenientemente

Y cada día no tiene retorno

No tiene arreglo, solo contornos

Aceptamos o repudiamos

Los resultados de nuestra propia marca

En el tiempo.

Cada día un nuevo comienzo espera

¿Lo veremos mirando hacia atrás?

Tonta raza humana

Acostumbrada a lucrar

A consumir hasta el último fruto del árbol

Y después talarlo

Para llorar al sol

Como si la vida pudiera ser creada en un segundo.




Miseria

 

Esto ya lo viví, no lo quiero

Innecesaria violencia

Estúpida coerción interna

Del que dirán, que pasara,

¿Cómo saldrá, quien picará?

Un espinel de mil anzuelos es imposible

De recorrer antes que las pirañas

Pero hay gente que lo intenta

Cuando la carnada es gratis.

Piel de mi piel saque de tus anzuelos

Estúpidamente desperdiciada

Como si valiera la pena

Como si intentarlo fuera un resultado

Cuando consumís a otro.

Y el tiempo se desgasta, la piel

Se rebela, el mundo, es un lugar

A conquistar lentamente

No como una bomba

Que solo destruye

Solo consume

Solo

Estoy mejor

Sin vos.



Sale el sol y…

 

Las gallinas escarban y charlan

El gallo cacarea

Los perros se ponen a olfatear el viento

Los oficinistas caminan a trabajar con esa cara de culo

Los políticos apenas si durmieron sentados

Y ya vuelven a imponer sus audacias.

Los gatos se toman su siesta

Los grillos guardan sus alas

Las cucarachas descansan

Las lauchas digieren su veneno.

Los niños que viven en la calle

Arrancan caminando antes de saber adónde van

Los policías toman un café, el comisario con facturas.

Los pescadores encarnan sus anzuelos

Los estudiantes caminan soñolientos hacia la escuela

Los empleados esperan al patrón

Los campesinos caminan mirando el filo de sus herramientas

Los jueces ya se creen mejor que dios, y todavía no abrieron ni un folio.

Pero todos ellos, corruptos inocentes o malvados

Grandes y pequeños trabajan para ellos mismos

Solo algunos estúpidos, inicuos, rastreros

Se despiertan para difamar al resto

Y otros necios imbéciles a hacerse eco de estos.



Suena el reloj

 

Tengo derecho a sentirme libre

Es mi deleite vivir

Aunque me despierte olvidando mis sueños

Que se escapan como mariposas

De mi red, revoloteando.

Y solo me dedique a perseguirlos.

 


Vivo

 

¿Cómo puede pasar tanto tiempo

Años y años, añares de inviernos y primaveras

Veranos y azulados otoños,

Y sin embargo después de tantos países

Tanto imperio saqueado, tanta sangre seca al sol

Solo tengo la certeza de sentirme vivo?

Soplando la mecha (Waterworld)

    Todo parece fantasticamente divertido hasta que el olor a quemado sale de nuestra cocina.  Hasta que la sangre crorrea, desde nuestra ca...