06 noviembre

Un nuevo río

 


  Han visto nacer un río? 

  Tal vez si.  Es un espectáculo único, pero silencioso, manso, lento.  Es un fenómeno implacable y tímido: simplemente, comienza.  En un rincón sombreado de la selva, o en medio de soleadas arenas, un pequeño ojo de agua no deja de crecer, y derramarse.  Y así empieza -en la parte de afuera del planeta- el viaje del agua, con su necesidad de expresar su alegre encuentro con la vida, a través de una movediza y pequeña cresta intensamente transparente, destilada por milenios entre las montañas, purificada durante décadas a través de recovecos subterráneos, hasta que una pequeña vía en un mágico cerro, parece adecuada para surgir y expresar ante el mundo el milagro del inicio.  El inicio del milagro.  

  Luego la gravedad toma ese liquido puro, virgen y liviano, que apenas comienza a conocer la luz del sol, y lo estira, haciéndolo caer y deslizarse desde la pequeña y suave ladera, imperceptiblemente mas ancho, mas caudaloso, alimentado por otras miles de pequeñas rajaduras en la tierra, que acuden al llamado del agua, filtrando y dejando correr sus pequeños transparentes aportes. Esta solidaridad del agua, que acude al llamado de la gota primigenia, no faltará nunca, hasta el encuentro con el mar.

  Claro que para eso falta mucho... el pequeño arroyo no es mas que un hilo que ni siquiera alcanza a mojarnos los pies, pero viaja.  Apenas se recuesta contra un pequeño valle -una quebrada- y cae en una sucesión de pequeñas cascadas, robándole reflejos al sol, hasta encontrarse somnoliento con una pequeña y llana meseta, donde tal vez descanse y tome fuerzas nuevamente, dando curvas y contracurvas en su búsqueda incesante de equilibrio, cayendo, cayendo... tal vez formando un pequeño lago, donde los mas ariscos animales beberán, antes de verlo seguir su rumbo descendente, siempre descendente, hacia otras quebradas, nuevos valles, y desconocidas llanuras.

  Claro que apenas baja un poco, los cuidadosos y espantadizos animales son reemplazados por los primeros seres humanos, caminantes y exploradores, que llenan sus cantimploras con mas desconfianza que maravilla, y enturbian el agua por diversión.  Pero eso al río no le importa, ni puede modificarlo.  En realidad, al río no le importa nada, no necesita motivos para correr: no puede dejar de hacerlo.

  Entonces, se adapta.  Se adpta y sigue, llenando pacientemente valles y hondonadas, hasta alcanzar el nivel que le permita seguir adelante.  Troncos y piedras, derrumbes y rajaduras de la tierra...todo será lentamente allanado hasta lograr un nuevo desnivel que empiece a derramar su caudal nuevamente hacia abajo.   Nunca, jamás, retrocede: todas las contaminaciones y todas las alteraciones se vuelven parte de si mismo.  

  El río no se queja, no nos entiende, pero tampoco nos condena.  Ofrece su frescura a los simples y mansos caminantes igual que a los asesinos y ladrones, y de ninguno se queja por devolverle basura y excrementos, a cambio de su pureza primigenia.  Cada ser humano, sin embargo, casi cada ser humano, sin embargo, comienza a maldecir el río, fuente de toda vida, porque así se lo imprime su educación destuctiva, su colonizado cerebro de eunuco mental, su culpable memoria de lo que ha destruido en su vida.  

 

 Y así empiezan a culpar al río de todo, a medida que avanza, misteriosamente atraido por el mar, para evitar pensar sobre el sinsentido total de ponerse en su camino, de intentar detener la fuerza de la vida, de pretender imponer sus efimeros valores y sus frágiles y absurdas construcciones a la fuerza creadora de la naturaleza.  Todos los demas seres vivos del planeta viven del agua y la cuidan, la veneran, se llenan de amor y libertad ante su sola presencia, aunque esto no evite los procesos naturales en que unos son comidos por otros.

  El hombre, avanza sobre sus propios errores.  Inventa represas, drena pantanos y humedales, rellena reservorios, solo para poder quejarse despues de la sequía y del espantoso clima, solo para generar ganancias irresponsablemente que seran acumuladas en muy pocas manos, para que la miseria y la desesperación, la desesperanza y la incertidumbre, puedan acechar y golpear al resto de la población, tomar sus hogares por asalto y sumir a sus hijos en el cruel mundo del hambre y la violencia que fabrican enajenando y acaparando todo.  Pero el rio, sin embargo, sigue.

  Antes de llegar al mar, al atravesar las grandes ciudades construidas a su vera, que sin conformarse lo encajonan y rellenan para ganar tierras que convertiran en espantosos rascacielos, todo lo que da vida, empieza a ser firmemente prohibido, o imposibilidado de mil maneras a traves de un entramado de reglas y leyes cada vez mas contradictorias, cínicas y maliciosas. 

  Entonces el pescador pierde el derecho de pescar para alimentar a su familia, los pobladores ribereños son expulsados y erradicados para fomentar el turismo y los negocios privados, el navegante es enjaulado para que los cruceros y yates de recreo puedan campear a sus anchas, y el agua que no tiene dueño, es privatizada para que nadie pueda tener gratis mas que un residuo contaminado y oscuro, que los gobernantes fingen no ver ni saber de donde viene, para proteger a los industriales corruptos que pagan puntualmente sus sobornos para envenenar al pueblo que los sustenta, a la naturaleza que los cobija, a la misma tierra que les dió vida y que los volvera a envolver el día de su muerte. 

  Pero todavía falta -antes de rozar el mar- que los infatigablemente dañinos clanes políticos, negocien entre ellos para pergeñar inmensos y fraudulentos planes de mitigación y reconstrucción, de descontaminación.  Feroces fantochadas que se sumen al resto de sus nefastos negocios, para hacerse mas millonarios sin resolver nada, para fanatizar un poco mas a sus ingenuos peones y seguidores, y sacrificarlos una vez mas en aras de la inconfesable riqueza que acumularán para mudarse a un territorio virgen y prístino, donde no haya personas como ellos que arruinen y maten todo lo que los rodéa.



   Incluso así, el río llega al mar, porque cada río, alguna vez llega o llegará al mar, superando todas las dificultades, mezclando orgulloso su inmenso adquirido caudal con el mas inmenso bloque de agua que lo espera con los brazos abiertos para hermanarse y convertir todo el recorrido en un solo trayecto por donde animales y peces puedan multiplicarse y prosperar aun en medio de la degradación humana, la contaminación y el exterminio sistematico, tal vez ensayados en su pureza para poder ejercerlos sobre los mas indefensos seres humanos del planeta, tan estoicos y sedientos como la tierra que alguna vez fue selva, y que hoy nos enorgullece haber convertido en un aspero desierto.


Un nuevo río

    Han visto nacer un río?    Tal vez si.  Es un espectáculo único, pero silencioso, manso, lento.  Es un fenómeno implacable y tímido: sim...