07 noviembre

Educación cuadriculada

 

 

   Una exposisión en un foro educativo, me genera una especie de duda, por lo que recurro al archivo, para comprobar las versiones actuales sobre lo inaudito del desfinanciamiento educativo, y su impacto en las posibilidades de brindar educación, de parte de maestros y profesores en todos los niveles de enseñanza.

  Podemos combrobar, entonces, que entre los años 1880 y 1920 (solo por tomar un lapso histórico de tiempo), ningun sueldo se pagaba con un retraso menor a los tres meses, siendo lo normal, los cinco meses completos, y no fue raro llegar al año o mas de espera, para cobrar los honorarios asignados a su labor docente.  Sin embargo, seguían dando clases, en condiciones mucho mas precarias que ahora, aunque tuvieran que sobrevivir mediante la usura de los prestamos, o miserables vales de tesoreria.

  Claro, no había internet, ni siquiera caminos consolidados, y la educación era algo que se llevaba a cuestas, un patrimonio personal del que estar orgulloso, por lo que los maestros y maestras de escuela, eran respetados y venerados por su aporte a una naciente patria, que buscaba su lugar en el mundo entre los últimos coletazos de las guerras civiles entre federales y unitarios. 

  Cómo serían esas maestras y maestros?  Sus viajes eran a caballo o carretas, se instalaban a vivir en su escuela para hacerla suya, enseñaban caligrafía desde el primer día, para poner los valores en orden, y entre sus atribuciónes, estaban imponer la disciplina de la manera acostumbrada a la época, recurriendo a castigos corporales cuando fuera necesario. 

  Como sería su educación? Sin dudas, en muchos casos era la única posible, como le gustaba recordar a mi abuelo, que hizo cuatro veces tercer grado(era lo último que había) en una escuela rural de la Colonia Italiana, hasta que su padre le dijo: Trabaje como sus hermanos! A arrancar yuyos al campo! Y así dejó de insistir con la escuela para ganarse su porción de polenta cortada a hilo.

  Hoy, tenemos una idílica imagen en las redes sociales, donde el docente es glorificado, porque la virtualidad permite abundar en teorías sin fundamento, en homenajes virtuales, en postales ficticias donde el mensaje es dado desde supuestos líderes de opinión y sus supuestas experiencias.  Entonces a este descalabro lo llaman heroismo, y al absoluto desinteres por su profesión, del que hacen gala tres de cada cuatro docentes, lo reetiquetan como formar al ciudadano. 



Y bueno, en realidad es así, ya que los sagrados valores de la apatía y la irresponsabilidad se reciben y transmiten desde los dos lados del aula, en un esquema de fortalecimiento y retroalimentación que ya no puede detenerse con tecnología. Al contrario, esta es la máscara que fomenta y disimula el absurdo derroche en infraestructuras edilicias, personal y medios, tiempo irrecuperable, en resultados efímeros o directamente intrascendentes, que ya no brindan libertad ni  oportunidades, sino indefensión y disponibilidad absoluta, para las cambiantes necesidades del sistema. 

  La educación formal ya no produce opciones, sino que las quita.

  La educación actual es un permanente crematorio de ideas nuevas, que lejos de producir libertad y autosuficiencia, dignidad humana, prepara a cada nueva generación para la sumisión absoluta, la apatía estratégica, la ambiguedad y el maquiavelismo, que todo ser humano actual necesita para sobrevivir sin gracia ni esperanzas, sin dejar de aportar y colaborar con el sistema que lo oprime y le quita brillo.

  Pero la mayoría de los educadores, se siente sin embargo, en la cima de un pedestal que se apoya en los hombros de esforzados -y despreciados- obreros que construyeron sus escuelas y las carreteras que llegan hasta ellas, y en los hombros de todos los demás que construyen y hacen funcionar la sociedad día tras día, a los que cada docente mira desde arriba con desprecio con la absurda convicción de ser los mayores responsable de su éxito.  Y eso, dado el estancamiento humano y el sinsentido actual, debería ser una bandera roja absoluta, para pensar en la urgente necesidad de desestablecer y rediseñar absolutamente todo...

  Sin embargo, cada persona que hace su parte equivalente en la construcción de la sociedad, nunca recibirá un reconocimiento por producir el bienestar que hace posible impartir su ciencia, solo desprecio.  Los maestros, se cuentan a si mismos una fábula en la que son los formadores y mentores de los mas altos exponentes de la sociedad, cuando, mirando de cerca, solo tuvieron "éxito" quienes decidieron sacar un pie de la enseñanza tradicional. Y sin embargo, a pesar de su soberbia y su permanente letanía por recursos que no generaran nada, las cosas no dejan de empeorar, de descender en calidad.  Y eso es inexplicable.

  Porque los problemas materiales, en esta era de la superabundancia y el derroche, son los de más facil solución.  Claro que hace falta gestión, imaginación, creatividad, tenacidad, o sea...todas esas herramientas que llevan a una persona a superar los problemas, y que la escuela no enseña ni practica.  Esta falta de soluciones estará entonces dada por la falta de vocación? Por la falta de motivación?  

  No era esperable otra cosa, desde el punto en que el magisterio se ofrece como una opción segura a la desocupación, tan accesible como la pertenencia a una fuerza de seguridad cualquiera, porque para mantener a la ciudadanía bajo control, los policías y maestros también deben ser indiferentes a su función, y luchar por un sueldo a cualquier costo, así el costo sea el de su propio desempeño, legitimidad, eficiencia, y uso de recursos asignados.  Las estadisticas oficiales confirman que:  hay un equilibrio perfecto entre maestras y policías, donde unos prefieren por lo general la fuerza expresada en el arma, y otras la suave marea de los dociles niños. 

 Lo que definimos como educación es permanente y social, no empieza ni termina en las escuelas: se da entre pares y en cualquier contexto, asi sea callejero, entre niños pequeños, en reuniones informales o en situaciones de encierro.  La institución no mejora la educacion, solo la especializa, pero sobre todo, la encuadra entre limites inamovibles y cada vez mas apretados, hasta que la educación se vuelve entrenamiento, adiestramiento, tal como a un perrito de circo se le promete una salchicha que nunca se le dará, pero que lo hace saltar por el aro, día tras día.  



  Claro que todo esto está enmarcado en politicas globales, mundiales, mucho mas amplias e implacables que los abligatorios designios que el ministro de cualquier país impone obedientemente hacia sus subordinados, quienes aprovechan esta obligatoriedad para desligarse de cualquier responsabilidad en su tarea cotidiana de denigrar la maravilla de ser humanos para volvernos comodamente esclavos.  

  En definitiva, su lucha permanente y total por mejores condiciones económicas es el ejemplo mas importante que dan, para que cada adulto incorpore la esclavitud y la opresión como eventos naturales y esperables, para buscar nada mas que una cornisa un poco más alta en su poder de  compra, en su papel de consumidor, para mantener el sistema que lo destruye siempre solido y en marcha, en perpetuo crecimiento.

  Claro que nos educan para ser soldados, para desangrarnos en una trinchera ajena, aunque esa rutinaria y antigua comprobación no cambia nada, porque tambien nos meten en el bolsillo, una nota detallando el camino para trampear y evitar la responsabilidad de ser sacrificado: quienes puedan alcanzar el conocimiento adecuado, solo moriran explotados en una fábrica, y si ahorran y aprenden lo suficiente, podrán esquivar hasta eso, para convertirse en espectadores de la violencia, en facilitadores de la cotidiana caza de brujas y represalias en que consiste el sistema de vida moderno actual.

  Porque...quien quiere morir?  Nadie!  Todos quieren vivir al precio que sea, aunque signifique la destrucción del resto de la humanidad...

  Esta es la lamentable ecuación actual: nueve mil millones de cinicos y apáticos zombis humanos cutivando la felicidad de soñarse como el último sobreviviente en el planeta.  Por supuesto, la propaganda permanente festeja y acentua ese funesto pensamiento, así que... Que mas nos queda?  Esperar?





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