17 mayo

Un gato grande

 


 

Cuando cae el sol, en mi barrio se regala oscuridad y paisaje: cuando las garzas se duermen paradas en su rama, cuando se cierra la puerta de la última casa, cuando se apaga la luz y las frazadas tapan a los que no tienen frio, a los que alcanzaron a comer el día de hoy.  

  Todo queda en un absoluto silencio, y con la misma impunidad con que se puede contar las estrellas, la noche se presta, desprejuiciada, para desvalijar una casa, para capturar a una persona, para impunemente matar.  

  Como los bichos del monte, se acostumbra a dormir con una oreja atenta a los chasquidos, a la rutina de las ranas, alguna conversación de perros o pescadores madrugados por la carnada, al simple fshhhhhhhhh de las estrellas fugaces.  Toda otra cosa produce un alerta inmediato…

  Me despertó el frenesí de la persecución, los pedazos de pasto volando violentamente, la jauría devastando el espacio.  



El ruido de latas alambres y botellas, tuvo su cenit junto a mí en un estallido de chapas de zinc que se aplastaban unas contra otras, del otro lado de la pared, mientras las uñas de los perros se clavaban en su desesperada carrera contra el piso, los hocicos resollando en feroz, implacable persecución. 

  Mis sentidos no terminaban de alertarse, levantando la oreja apenas de la almohada para escuchar mejor… un racimo de ladridos en doce tonalidades distintas sonaba todavía frenando contra la pared, la baba cayendo de los hocicos, cuando me cae encima, sobre la espalda, un peso tremendo, indefinible.

  Podría decir que fue un puma, o algún bicho enorme: sus cuatro patas suaves de felino se apoyaron en mi espalda, aplastándome contra el colchón, sacándome el aire como en una pesadilla, deseando que no fuera tan real el contacto físico, tratando de forzar el cuerpo para levantarme…. 

  ¿O qué? …

  Mi cerebro elaboraba la dolorosa conciencia de estar siendo derrotado, probablemente muerto en segundos más.  

  Algo me estaba atacando adentro mismo de mi casa, en mi propia cama, sorprendiéndome traicioneramente en lo más profundo del sueño.  

  Sin poder luchar contra la fuerza descomunal de la criatura, mi cuerpo copiaba la cama, aplastado, alcanzando a levantar apenas la cabeza, cuando la flexión de sus patas, que se transmitía a los cuatro puntos en mi espalda donde se apoyaban, llego a su culminación al usarme de punto de apoyo para volver a saltar…




  ¿La criatura se esparció en la dimensión que le daba origen? ¿O tal vez atravesó la casa nuevamente para correr fuera del alcance de los perros, que, perdida su presa, ya se dispersaban en  la oscuridad y lo predecible, lo habitual de su vida de centinelas? 

  Alcancé a incorporarme sorprendido, dándome vuelta y sentándome en la cama… ¿me senté inmediatamente? No, lentamente escuche primero atento al menor ruido entre las cuatro paredes de ladrillo y bloque sin revocar.  

  Temeroso de provocar alguna reacción en el ser que tal vez estuviera aun acurrucado en un rincón, encerrado conmigo.  Finalmente, me levante y revise puntualmente todos los rincones en busca de alguna señal que no aumentara el misterio: un pelo, una huella, un grano de rojiza arena.

  Nada. Solo el  enigma infinito de la existencia y la percepción acotadísima de la raza humana, y sin embargo cuanto tomamos del mundo…pensaba sin saber si hacerme un café y velar, o tratar de dormirme de nuevo, con mis ojos saltando de alivio, espanto y sorpresa, hasta que finalmente me levante y revise el patio, solo para cerciorarme de las chapas al otro lado, de su ruido inconfundible al ser usadas de trampolín para pasar por la pared.  

  Algún que otro perro me miraba, ahora del otro lado del cerco, como compartiendo conmigo su vivencia nocturna, pero sin contarme nada, como guerreros que apenas clavada la espada sangrienta en el piso, tardan horas en volver a hablar, llenos de imágenes sin palabras de la desolación recién vivida.

  Volví para dormir un par de horas más, sabiendo que no olvidaría el suceso, aun prendido en la piel.  No suelo recordar mis sueños salvo que pueda correr tras ellos, y esto había sido bien real.  

  Por semanas enteras espere cruzarme con alguien que pudiera aclararme un poco el asunto, incluso pensé en consultar a los integrantes del culto espiritista que hacían sus rituales a un par de cuadras más al norte.


   Finalmente guarde todo en mí, hasta hoy que los perros ladran nuevamente en la madrugada fría.  Furiosamente desaforados como si hubiera algo a que ladrarle, mirando como si hubiera alguien a quien no se decidieran a atacar,  pues el perro es valiente en jauría, cuidando inteligentemente el cuero al estar en inferioridad de condiciones. 

  Espanto a los dos cuzcos una y otra vez, hacia la calle, pasando el artesanal alambrado hecho con retazos recuperados de los basurales.  No pretendo percibir nada, ni hacerme amigo de ninguna presencia: solamente parar el escandaloso coro de ladridos.  

  De a ratos desearía que fuera solo un ladrón, un ser humano, un vil rastrero que se propusiera robar un caballo o cualquier cosa dejada al alcance de la mano en la impunidad nocturna. 

  En las demás casas duermen, solo yo soy llamado por los sucesos nocturnos… me hago unos mates en la mitad de la noche mientras miro el plato sucio en la pileta, el agua está muy fría para lavarlo.  Pongo música para espantar el silencio, el día promete ser largo.  

  Cierro la puerta entornada, cortando la ráfaga helada que se cuela adentro, y echo el primer chorro de agua, tibia aun, para no quemar la yerba… 

  El tiempo humano me dice que son recién las cuatro y media y tardara un rato largo en aclarar el sol…


 

14 mayo

La diferencia

 

La diferencia entre estar involucrado y simpatizar, es la diferencia entre la ficción y la realidad, entre generar y ser parte,  o apoyar “la causa” para volver a casa a comer noticieros con cuchillo y tenedor.

Cuando estas en la arena de la lucha todos los aspectos de tu vida se ven envueltos en la misma, aun cuando quieras dejarlos de lado, protegerlos, la voracidad del combate no te lo permitirá.  Mover un pelo de la puerta para afuera es empaparse en realidad combustible, y siempre alguien tira un fosforo.

 Salvo que definamos tan cerradamente nuestro mundo que logremos establecer lo habitual como inmutable, la farsa como moneda de intercambio, relacionándonos así con otras personas tan vacías como nosotros. 

  Que expandamos nuestro mundo infantil de quimeras a los ámbitos cerrados, protegidos, donde todos piensan igual, donde todos los comentarios son festejados automáticamente, esperados matemáticamente, inicuos como las voces que los lanzan, descartables como sus vidas de plástico y papel cartón de confitería.  

  Coleccionando causas efímeras como tormentas de verano, propagandizadas, estandarizadas, encauzadas a lo sumo en un aparato miserable y corrupto de caridad endémica que no llega nunca a donde dice que va.

 Pero es mejor así, sin ensuciarse las manos, sin caminar, a nuestra conciencia rinde más un negrito de Ghana que el gurí que se muere de hambre en la esquina, y un zulú del siglo 18 en una estatuilla que un negro vendiendo anillos de fantasía en la terminal.

Entonces saturamos las redes sociales con opiniones incendiarias sobre cualquier cosa, lo importante es participar, sentar bien sentada nuestra posición, sentados en la computadora.  

  Tenemos un contacto tan artificial con el mundo, como el mundo, que no podríamos reconocer a los destinatarios de nuestro esfuerzo, como amantes del chat que no saben qué decirse cara a cara…  ¿pero es eso necesario, o solo perder el tiempo? 

  ¿Produce algún resultado o solo son burbujas en un vaso recién servido? El que manda es el barman, y luego cambia la copa antes que la tomemos… 

  La manipulación se ha vuelto auto manipulación, lo mejor de nosotros mismos es esperar que las cosas cambien, pegando cartelitos en internet, pero ni siquiera sabemos si son reales, no tenemos contacto con la realidad.  En cada plaza, en cada calle, cada día, la verdad circula sin estar atada, pero nadie la ve, no la vive usted mirando el lavarropas. 

  Todos los días son un camino hacia nosotros mismos pero elegimos vidas de manual, doctrina A, B, o Z!  Es lo mismo, un niño muere de hambre a nuestros pies mientras miramos la batalla entre focas y pingüinos por el canal Discovery (el documental se filmó mucho antes que la historia, pero no sabemos que somos actores mal pagados)

   Salir al sol, como un lagarto después de la lluvia (¿existirán todavía los lagartos? ¡Qué buena pregunta! ¡Ya mismo lo googleo!) Es completamente urgente, recuperar la vida, o toda lucha está perdida por la falta de perspectiva, por la irresponsable ignorancia de su objeto. 

  La vida es es estar vivo, no en una caja predeterminada, no vivir y actuar como un paquete en la heladera, como un traje colgado de la percha, esperando el próximo casamiento. Recuperar el poder es recuperar el espacio vital, la sombra de los árboles, la corriente de los ríos, no con mentirosas cacerolas y caprichosas urnas, batalla de necios que pretenden consumir el mundo de todos, adueñarse de lo que no es suyo.  

  Es necesario recuperar el tiempo, la decisión, la sonrisa, la caricia y el abrazo, la sangre que corre y se enciende solo por amor.  Es imprescindible dejar de vender personas como si no fueran nuestros hijos, ni comprar gente como si no fuéramos nosotros… 

  Volver a nosotros mismos desde el centro del mundo, volver al mundo desde el centro de nosotros mismos, tirar el televisor a la basura, la radio, dejar de leer tanta mugre barata, sacar el culo de la silla, y caminar mirando por nuestros propios ojos, a ver que son esos fantasmas que no nos dejan dormir. Tal vez ahí recién estemos por entender la verdadera razón de asistir o hacer, de vivir en sociedad o no, de votar o elegir, de sufrir o decidir… 

  Estamos al borde de volvernos humanos nuevamente, pero el mundo parece ajeno.  No te dejes engañar, el mundo entero siempre será tuyo.

 

Azorado (Poesías)

 

 

Desconcertante eterna magia

 

Cuando me sorprendiste

No esperaba tanto

Ni tus ojos pidiendo todo

Ni tu corazón en lucha por latir

Ni tu cuerpo brillando así

Ni tu amor profundo

Ni sentir tanto en un segundo

No esperaba tanto

Solo lo había soñado

Solo con tu cuerpo

Con tus labios, tu piel

Tú forma de mirar, deteniéndose en mí

Y tardes de sol encerrándome en vos

No esperaba tanto

Pero menos dejarte ir

Así, tan lentamente

Y quedar tan lleno a la vez

De amor y dulzura para siempre

Y ser feliz cada día solo con saber

Que paso lo que paso

Así como no esperábamos

Ni podíamos evitarlo

Ni quisimos dejar de darnos tanto

En un solo segundo de magia

Pura magia amor y libertad

Vida y certeza del alma

No me olvido un solo día

De decirte gracias…

 

Revolución

 

No basta cavar una trinchera

Ni plantar una bandera

Cuando la guerra dura toda la vida

La vida toda.

Segundo a segundo creciendo

Como una ameba

Adentro y afuera de mí

El mundo que pretendo

A veces me da la mano.

Amigos y… ¿enemigos?

No tiene sentido clasificarlos

Cuando me disfrazo

Para frecuentarlos.

Aprender es la única urgencia

Plantar y plantar, la siembra

Cuando me toque devolver

El fruto y la sombra

Que hoy pido prestados.

 

Solo existe un dios en la piel

 

La piel profunda tiene un límite

Una temperatura, una textura

Un estallido, un reflujo,

Un estado de espera

Y un hambre de búsqueda

Que la trabajan desde adentro

Como un labrador interno.

La presión de la semilla al despertar

Las flores buscando insectos

El inveterado diseño de la creación

Y no es posible mirar sino estar adentro:

Trampas y remolinos, el furor de la corriente

Y los cuerpos que desaparecen.

 

Y sin embargo un solo corazón

Es más profundo que eso, derrama

Su luz intensa como una cobija

Aun antes y después de su cena

Y su propia consumición, sin retaceos

La sangre pone en juego aun cuando

La vena sea un callejón sin salida.

 

Un día preferí cuidarte de mí

Antes que cuidarme de tu piel

Cuando el mundo entero

Alrededor pedía una chispa

Que cayera del túnel entre nuestros ojos

Como viejos sacerdotes

Nos ofrendamos mutuamente

Absolutamente todo

Y los dioses lagrimearon,

Y se tomaron las manos.

Música que no ha sido tocada

Inspira cada día sin gastarse

Caminando sobre un escenario

Donde ya no existen actores olvidados

Haciendo de cada segundo un día entero

Y de cada metro un mundo recorrido.

Lentamente, nos despedimos

Un abrazo eterno, amor, y mañana despertar

¿Un poco más calmado? ¿Un poco menos calmo?

Acariciando un sueño, dormido en el pecho

Dulce, inocente entregado, como un niño.

 

Casi logro comprenderlo…

 

Como es que me revuelvo en la cama,

¿Soñando sin dormir?

Como es que el día se estira, lleno de magia…

Y sin embargo ¿Suenan tus palabras y tu voz?

Como sueñan los segundos con volver atrás,

Aunque ¡Para elegir lo mismo!

Cuando tú marca en el mar eterno

Se alejaba a tiempo, aferrando tiburones

Con mano firme te espere partir.

Y por mil años quedar eternamente conectados,

No encuentro ya motivos de dejarte de amar

Ni de temblar por vendedores del bien y el mal.

Me levanto y supongo adaptarme nuevamente

Al trajín de la sociedad intercultural.

Pero nada necesito hacer ya, solo miro el tiempo

Pasar, deshilvanarse y caer…

Como hoja marchita, la necesidad,

Vuela de mi libre interpretación

Ya no quiero hacer, solo ser.

 

Papeles

 

Sobre las cajas

Bajo las mesas y las camas

En estantes, en el piso

En vitrinas bajo llave

Envueltos en tapas

Alquilados, prestados, robados

No devueltos, olvidados

Perdidos, rotos, mojados, fotocopiados

¿En castellano, portugués, francés?

Largos, cortos, gruesos, finos…

Atados, encuadernados, abrochados

Increíbles, ridículos, panfletarios

Apologéticos, sectarios, infantiles

Absurdos, ilegibles, intransmitibles.

Serios, científicos, humorísticos

Ofensivos, mentirosos, oficiales.

No desperdiciaría un segundo

En quemar un libro

Si tuviera que hacer fuego

Para no dejar de sentirme vivo

En el planeta real.

 

Un agujero

 

Ella se posó suavemente

Como un canto del atardecer

En mi cuadrante, asustada

¿Asustada? En la espesura me dio agua

De beber, confiada

Y acercándose suavemente

Voló como una gaviota

Y me acuchillo con su pico

Dejando un agujero

Que desequilibra mi actualidad

Desatando la corriente que va

Cambiando lo indefinible por color

La confusión extraña por sabor

Que avanza atravesando

Las fronteras de la razón

 

¿Por qué no?

 

Hoy voy a empezar a planificar

Un negocio sin rendimiento

A intentar agarrar la luna con la mano

Una vez más.

Y apostar con mi propia piel

En un juego que no llega a tiempo

A encuadrarse en categorías

Tributarias.

Voy a lamer mi propia sal

Esperando la señal de largada

Voy a contar con los dedos

De los pies.

Solo un mundo más que recorro

Como extranjero típico

Como un viejo que le gusta

Caminar.

 

Solo un pedazo más de sol

 

Y cuando y donde va a pasar

Que el mundo se complete y cierre

Que las preguntas cesen

¿Que la  travesía pare?

Y cuando y donde será

Que curaran las heridas de mis manos, y mis pies

Que dejara de morir y nacer el mundo alrededor

Que tendré las respuestas por anticipado

¿Y una balsa fija atada al fondo como un pontón?

Y cuando y donde podre

Al fin dejar de dejar todo tirado

Para salir corriendo a los saltos

¿Trotando con la manada?

(Salvaje, no la otra manada)

…para llegar a tiempo al peligro

¿Y el mundo girando como el sol?

¿Cuando estaré en el salón climatizado

Y la gente llorando en vez de reír

De las penas y la ironía del destino?

Escuchar música quieta,

Espacio fijo en movimiento…

¿Cuándo empezare a coleccionar figuritas

Repetidas y gastadas

Y juegos de mesa, y vitrinas

Con copas de cristal tallado?

Cuando pase, que sea de sorpresa

Así no pierdo tiempo pensando.

 

Tecnología: corazón

 

Me llego tu pensamiento

Antes que tu llamada

El teléfono apagado

Caducando obsoleto

Ante la velocidad del mundo

Tecnologías inútiles

Ante el misterio de la vida

El corazón es una antena

Que no erra ni se rinde

Ni se arrepiente, ni descansa hasta el final

¿Descansaran en mis brazos tus costillas?

Tus labios apretados de decir al frente

Las cosas que cómodamente

Muchos callan aun en sus casas…

¿Por fin se dormirán en mi boca?

Ese cuerpo de fuerte y decidido caminar

Pisara la trama, la trampa que lleva

¿Mí mismo trote a buscar el tuyo?

O durara la cacería

Lo que tenga que durar.

Cada segundo, la eternidad.

 

Mirándote

 

El misterio de una mujer

Como puede ser tan profundo

Y permanecer sin embargo a la vista

Como puede ganar una batalla sin tiempo

Una sola sonrisa.

 

Frio

 

Viento helado,

El otoño termina

Ya no hay hojas que voltear

En los árboles y en mí

Solo poner el pecho al viento

Y acorazarse, germinar desde adentro

Solo no se ve, como crece.

Todos, cada día, el brote se hincha

Y espera, siente, ansia, sigue el sol

No tiene más que un solo día

Para empezar a tiempo.

 

 Libro al sol

 

Como un tronco caído

Que invita a descansar

Quedaba su casa al borde

Del camino que va al mar.

Y su paciencia, su risa,

Volaban como plumas

De haber visto tanto

Traidor, y tanta muerte.

Y una página de mil libros

Esconde en su memoria

Lo que no vivió le cuentan

Para que no se pierda.

Con la historia de cada uno

No decepciona a nadie

Que le venga a preguntar

De donde salió.

Un solo destino

 

Como cada día

Al morir la tarde

Al nacer el sol

Al caer la noche

Al oscurecerse la mañana

Con las alas negras de la tormenta:

Elegir es un lujo para algunos

Que nacieron en la colmena

Mirando o muriendo

Con hambre de miel.

Esperando la flor

Que amanezca como la puerta

A un nuevo camino.

Destrucción y muerte

Cuerpos en estertores

Finales, agonizando

Solo son parte del paisaje

Que los vio nacer

En burbujas de amor

Entre la basura.

Torcer al camino

O cortarse solo

O matarse sonriendo

O juntar las varas

Para que no se rompan

Y cada vez falla

No sirve ningún cuento

Ninguna fabula.

 

 

Indomable

 

Mi corazón no escucha

No contesta

No se hace preguntas,

Solo siente

Solo manda:

(Y no tiene escrúpulos)

Y me hace pensar

Si no es más que una excusa

Estar vivo para sentir

El peso de tu cuerpo.

O me despierto pensando en vos,

¿Soñándote por nada?

 

Esperando

 

Morir en la esquina

Ladrón o policía

El mate frio

La ginebra caliente

Cerrando las manos sobre los puños

Para escapar del frio

Talando gente para escapar del sol.

 

Tormenta seca

 

Tanto trueno, tanta mala cara

¿Para terminar llorando

Como una nube floja y gastada?

Agua que no hace germinar

Tierra de cactus que no pide nada.

No molestes mis raíces, no voy a salir de aca

Quiero ver el sol dorando mi estandarte.

Humo y niebla no dejan salir la flor,

Pero ni ves donde pones los pies

Ni tu alma de rayos de lata

Amojosada de esperar,

Temerosa hasta el final

Del tiempo que ya fue.

 

 

Amando

Vivo como una flecha que surca el aire rumbo a su blanco

Como un árbol que cae, como el tigre que salta con los dientes afilados

Nada puedo cambiar, nada necesito hacer distinto, y no llego al tiempo

Que me ate a vivir domesticado, como un leproso mirando por la ventana.

El mundo entero es mi territorio, ni alambrados ni muros suelo respetar

No soy rehén de la totalidad, de la eventual ganancia de la democracia

Ni herramienta para otra chacra, no soy munición de la cháchara.

Solo amo cada pasto que piso, cada minuto de sol que me apura

Cada vez que llego al centro de mí mismo. Prendo la vela de mi conciencia

Y escribo en mi piel con tu pluma, marco el aire que respiro, con los pájaros

Que me dicen que la libertad se comparte en el corazón.

¿Que la vida se atrapa en un rincón del alma? ¿Que es lo que pasa alrededor?

 

Por eso te doy mi corazón

 

Parece perecer el día a veces, cuando recién empieza

Parece el imperio de los sentidos, cuando es…

El imperio de los sentimientos.

Toda la vida cansado de pelear, solo y sin saber, como

Intentar ser un campesino, cuando la guerra me alcanza.

Año tras año ¡Cuantos arboles plante, y todavía sin sombra!

¿No puedo escapar a mi destino? Tranquilidad, paz…

Resaca de los tiempos llevo en mi bote, disfruto del sol

Mientras pasan flotando platos vacíos, y yo sin tiempo de comer.

Cuando muera quiero ser, el pez que te muerde los pies

Se tu nombre

 

No me alcanza

Con esperar a verte

Flotando en una isla de bruma

Capturando los reflejos del sol,

Ni con esta sensación

De escaparme de mi mismo

A través del pecho, volando.

Como un cóndor, en tu cornisa,

Quiero hacer mi nido:

Y mirar las montañas de colores

Sin pensar en el resto del día.

 

En la ladrillería

 

Y cómo va la cosa

Bien, a ver si completo unos mil hasta la tarde nomas

Mira que el coco no va a poder venir porque le mataron un hijo anoche

Ah

Así que si quéres metele fierro, hay que cortar porque se seca el barro, ahora te mando un guri que te atienda

Aja, no hay problema

Mañana ya viene el coco, pero hoy va a estar complicado.

Bueno termino esta tirada entonces

… así quemamos antes que llueva, que está pronosticado para el sábado.

 

 

12 mayo

Aprendizaje

 

 

_Y la haces o no la haces… si vas a estar mirando y después no te animas…

_Jajaja -se rió el otro, que recién paraba de toser, lagrimeando en sus ojos colorados como brasas sopladas por el viento-. 

  Un día, al pasar con el carro me había dejado carne en casa, y que bien que me vino, pero la mujer que recibía esa mercancía, para cocinar, para hacer grasa y para los perros, tal vez vio que se achicaba su parte, y lo saludo insultantemente al pasar con los caballos, como  marcándole su error.

   Y si, para ofender a alguien, en otros ámbitos tenés que meter cuatro o cinco cheques sin fondos, dejar colgada una garantía, robar una casa mediante subterfugios legales, o simplemente no pagar las cuentas cuando las cosas se ponen feas… 

  Por acá basta con un pedazo de achura, con unas cuantas frutas picadas, un vaso de vino, una botella de hielo, una herradura...  La diferencia es que en vez de policías abogados y jueces, de las palabras se pasan a los gritos los golpes y las puñaladas…

  En realidad, es mucho menos costoso para el sistema, que gasta miles de toneladas de folios y trajes negros en las escaramuzas de los grandes tiburones.

_...Claro ¿Tanto la vas a pensar?

El gurisito miraba, atento, como un buen alumno en la escuela, a pesar de la bajante violenta, no habían encontrado ni una plomada en la playa, más que caminada a media mañana. 

  Se acababan de fumar una tuca montados en el caño de las cloacas, no salía ni un sábalo, menos dorados o bogas.  La charla seguía, el razonamiento era implacable, la técnica sin fisuras…

_...Y vos pasa caminando como si estuvieras buscando plomadas, y ahí te acercas despacito, mirando para arriba por si hay alguien, y ahí la haces tranqui y te vas caminando…

Y al ratito se nota que junto valor porque salió despacito, buscando los botes colgados al pie de la barranquilla, entre la playa larga y ancha, yo seguía juntando piedras, me había quedado a charlar un ratito justo para escuchar la conversación al pasar antes de seguir… 

  No lo vi en el momento en que se arrimó al bote, pero si volviendo con dos bolsas, corriendo, mientras el que le había enseñado pescaba tranquilo y el otro le gritaba “camina nomas, caminando volvé” y hasta yo me termine riendo, y ya estaba lejos cuando se juntaron los tres. 

  ¿Qué pavada se habrían robado? No sé, podía ser pan, pescado, anzuelos o cualquier cosa, pero nada importante, ningún pescador deja lo esencial a la mano.

  Después arranco el maestro, caminando.  Y el otro “grande” tiraba maíz al agua, haciendo un cebadero ¡Parece que al tipo le habrán cortado el chorro con la boga! El gurisito revisaba, anzuelos y plomadas, la miseria del robo entre pobres. 

  La paradoja de la educación popular.  La vulnerabilidad de sus ocho años, y parámetros que se formaban socialmente, al margen de la sociedad constituida.  

  Yo pensaba: pescadores tampoco son angelitos, porque también se las mandan, pero los niños no deberían aprender así, no estas cosas… ¿Pero qué garantía hay de sobrevivir sin meterse al baile, de comer sin llenar el plato?

 Como pichones caídos del nido, miles de gurises caminan por la calle sin más ley que lo que les guste, sin más hermanos que los que caminan al costado, sin más padres que el sol y la luna.

  De nadie soy juez, y no deja de ser triste por eso.

  Y me acorde en la plaza, una escena parecida, y Guachiturro durmiendo anestesiado en el gazebo, donde había alcanzado a recalar descalabrado, yo conectado en mi oficina y un par que venían a escuchar música y tratar de convencerme que les ponga DragonBall Z.  

  Charlando sin mayor sentido que molestarme para pasar el tiempo, y los gurises tirándose al pasto sobresaltados por su propio descubrimiento ¡que tenía plata en el bolsillo! ¡Que ya lo habían tocado y no se despertaba…!

Ahh si, tenés que meterle los dedos despacito, y le sacas todo… y planeaban el bolsiqueo, rastreros despreciables arruinando gurises, y se los dije pero a nadie le importaba, robar al tipo que veían cada día, solo porque tenían la oportunidad. 

  Y volvieron con los billetes arrugados y que tenía un montón de monedas en otro bolsillo todavía, y ahí me dejaron solo, todos saliendo a comprar el pancho y la coca.   

  Y quien sabe cuándo habían comido antes que eso… y volvieron contentos pero a un banco más lejos, tal vez para no tener que pasarse mis opiniones por el culo…

  Unos días más tarde, una mano desconocida le saco a Guachiturro la pensión completa de los bolsillos (antes de despertarse sin saber si se había tomado el tren a que ciudad, había combatido en Malvinas).

   La escalada iba en aumento, las necesidades económicas para adquirir alcohol y drogas, la desfachatez, el imperio de la insinuación o coerción más o menos disimulada.  

  Deje de ir a la plaza por un par de días… cuando volví, un tipo estaba buscando a otro porque se había ido con su equipo de música, parlantes y subwoofer, DVD, discos compactos, cables y todo, absolutamente.  Y yo pensando cómo le podes dar confianza a esta gente.  Y si, algún día lo vas a encontrar pero por acá no aparece más… 

  Me dejó al cuidado un par de bolsos pesados, yo, que bueno, pero no tengo nada que ver con esto, pensando si no habría armas listas para la cacería, y un policía justo que se había quedado charlando al pasar, sospechosamente, a unos cuantos pasos. 

_Es cobre -me tranquilizo el- , aluminio… ah mejor así.

  Abro una nueva pestaña y me acuerdo de buscar información urgente sobre los esquejes que estoy haciendo, Wi-Fi y Google, y no necesito bibliotecas… 

  El chaqueñito me trae el teléfono, que le había prestado para contestar a los mensajes de esa chica que lo esperaba tal vez inútilmente, aunque también el camino podría devolverle su muchacho, hecho un hombre para hacerse cargo de las cosas.

 Levanto campamento y me voy, esta noche leeré.  Camino lentamente, saludando, pensando mientras llego a casa… 

  Nunca termino de acostumbrarme a algunas realidades. 

  Dejo el ruidoso centro de la ciudad, y me meto de lleno en los quietos suburbios oscuros…



La doble vida de rosita

 

 

 


Rosita la dinosauria traviesa jugaba todos los días con sus compañeritos en la pradera de los árboles que caminan, corrían de aquí para allá sin más obligaciones que volver al nido, sin más limites que poder encontrar el camino de regreso, pero con una condición, jamás deberían bañarse en el rio prohibido, temido por toda la tribu, el único tabú que cercaba de misterio sus vidas de niños.

  Ya habían dejado de ser pequeños, sabían distinguir las plantas venenosas de las que se podían comer, y por el revuelo subiendo desde el pastizal mas allá, podían adivinar la aparición de los carnívoros, y salir corriendo hasta pasar entre las patas de sus padres, que ya los esperaban gritando y abriendo la boca enormemente, cerrados en ronda.  

  Igualmente, el peligro no duraba el día entero, no pasaba mucho tiempo sin volver a caminar entre sus patas, molestándolos cuando pastoreaban, jugando a ser una planta, congelados adonde los adultos iban a dar el mordisco, o topando sus cuellos para que les muerdan el lomo y las ancas cariñosamente. 

  Solo a veces los corrían de un solo coletazo laaargo, haciéndolos revolcar unos cuantos metros, lo que no dejaba de ser emocionante y divertido pero no era para repetirlo, porque el segundo coletazo, ya en serio, podía doler por días.

  Cuando se extendían atrapados en alguna carrera, y llegaban al borde, sentían sin duda algo malo en el agua, pues sus corazones se empezaban a acelerar por el miedo y retrocedían asustados, sin poderse sacar en todo el día la sensación de peligro que los perseguía. 

  Peor que el dolor de chocarse un árbol distraídamente en la carrera y verlo caer lentamente sabiendo que sus padres vendrían a retarlos, mientras los monos que caían quedaban desmayados entre el pasto alto y, sin verlos, había que tener cuidado de no pisarlos.

  Así pasaban las estaciones y su huella iba creciendo, y empezaba a hacer preguntas incomodas, como porque el rio estaba prohibido, y los grandes no sabían que responder… 

  ¿Por qué el pasto se acababa antes de las lluvias? ¿Por qué todos los dinosaurios eran de un solo color? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? 

  …Y los grandes empezaban a mirar para otro lado.  Un día se quedó pensando al borde del rio, y no se dio cuenta de las sombras que viajaban por la pradera, hasta que las vio corriendo hacia ella.  Desesperada en la trampa, antes que morir desgarrada por los filosos dientes de los carnívoros salto por la barranca, hacia el rio mortal, hacia el poder vengativo del tabú. 

  Se quedaron mirándola derivar, siguiéndola un rato por la orilla, hasta dejarla, alejándose, aburridos y hambrientos.  Ella flotaba, pataleaba y pronto se dio cuenta que el rio caudaloso no era tan profundo,  y rebotando contra el fondo se fue acercando a la orilla, a la otra orilla.

  Caminó y caminó, yendo y viniendo por pastos vírgenes, tiernos y sabrosos como no había conocido hasta ahora, por naturaleza nueva, vio animales desconocidos, pequeños y graciosos, flores de  muchos colores, y ningún carnívoro, y además... 

  ¡El río no la había matado!  Siguió sorprendiéndose durante días sin ver el paso del tiempo asombrándose de todo. 

  Volvió por la orilla atenta a las señales, siguió un poco más hasta una zona de bancos de arena, y cruzo al otro lado, cuando vio a sus amigos corrió contenta, y ellos corrieron también, pero para el otro lado.  

  Los siguió hasta la manada sin entender porque se ponían en posición defensiva, era ella, volvía, nunca le habían dado miedo los dientes de sus tíos, pero ahora todos la amenazaban. 

  ¡¡Soy yo!! Gritó, pero el grito de la tribu era más fuerte y no la escucharon.  Caminó lentamente hasta el borde de la pradera y se hizo un nido para dormir. 

  No era un carnívoro ¿Por qué no la habían reconocido? La luz plateada de la luna le mostro la diferencia, cuando se lamia sola, recordó las crestas de la manada blancas, pálidas, y se sorprendió de su piel, de colores como las flores voladoras…

Había cambiado y no sabía cómo pero se veía distinta, días y días paso solitaria, cuando se cansaba del pasto flaco y sin gusto cruzaba el rio y se hartaba como para aguantar dos o tres días, después volvía para espiar a la manada, que no rompía su rutina mientras mantuviera la distancia. 

  Los veía, comiendo mientras durara la luz y a veces de noche, nunca quedaban satisfechos, si pudiera mostrarles el otro lado… llegaron las lluvias y el rio creció, lentamente fue perdiendo sus reservas  de grasa y el brillo de su piel.  

  Un día se dio cuenta que caminaba, pastoreando bajo, cada vez más cerca de la manada, y en vez de escapar la miraban ¡Hasta que sus antiguos amigos se arrimaron saltando! Luego todos corrieron hacia ella reconociéndola. 

  No entendió hasta que abrió los ojos del abrazo y se dio cuenta que había vuelto a ser del mismo color que los demás.

  Esa noche nadie durmió, escuchando las aventuras de rosita en el otro lado, y un día más les llevo entender que era la misma que habían espantado todo el año. 

  De este lado casi no quedaban pastos, acorralados por la selva oscura por un lado, el rio, el territorio de los depredadores y el desierto que avanzaba por la tierra arrasada, se dio cuenta que no había dinosaurios pequeños.  



  Cuando bajo el torrente nadie se animó a seguirla, pero la miraron asombrados cuando volvió, fuerte y de colores, un día todos cruzaron…

  Rosita todavía sueña a veces, con dinosaurios sin color y sin alegría, pero despierta en su nido, en su nuevo nido, y mira a los pequeños de colores crecer, ahora ella es parte de la manada, a veces escucha como les enseñan a no cruzar el rio, o morirán. 

 


06 mayo

Cuidando la pelota...

  

 

  El mundo debe estar cambiando….

  ¿Debe? 

  No, está cambiando, sin dudas, cuanto antes nos hagamos cargo de eso, menos tiempo perderemos. La otra vez me cruce con un policía cantando, por la calle, a plena luz del día, impunemente en su viejo gastado uniforme, caminaba y cantaba al sol. 

  Sonreía y la gente que ni siquiera lo notaba, yendo o volviendo del estrés de su trabajo, cansada y de mal humor. 

  La otra vez vi a un policía feliz, feliz por caminar al sol, tal vez enamorado de algo más que su nueve milímetros, tal vez feliz por estar vivo, por ser.

  Y el mismo día me cruce con ese vendedor de anteojos, al que tuve que esquivar de su ambición y su insistencia, solo para verlo en pose de estrella, sojuzgando a sus hijos, para no perder un segundo, vendiendo productos sin futuro para envenenarse mejor.  

  Y charlando con la mujer policía, esa mujer gorda y grandota de guardia en la feria, que lo escuchaba hablar delos niños bla bla bla ¿Lo escucharía?  

  Y él, que se daba importancia “…y yo fui el que avisó a la policía, porque estaban molestando…” y bla bla bla y destilando su discurso vacío de adicto y la mujer que no despegaba los ojos de los gurises que saltaban y tiraban agua del bebedero y se bañaban abajo del chorro, y corrían y saltaban al monumento y de ahí al cantero y de ahí abañarse de nuevo entre la gente decente correctamente indiferente.

La gorda miraba con una ternura total a los niños, temblando al sol, sin dejar de jugar, la sonrisa de oreja a oreja, cruzada de brazos tal vez para contenerse y atenerse al reglamento y no ir a abrazarlos y besarlos, alzarlos y tirarlos para arriba y hacerles cosquillas en su alegría de indigentes sin zapatillas sin remera, sin techo, sin vergüenza.

  Y el tipo que hablaba sin dejar de mirar el puesto con los ojos como platos sin nadie que lo escuche pero que importa.  

  Mientras, el padre de los niños esperaba tal vez un rato más para ir a firmar a la comisaria, la libertad condicional, como todos los viernes, como cada semana, y la madre esperaba a la sombra tomando un trago lento cuidando la pelota.  

  Me alegro que mis hijos hayan jugado con ellos pero jamás perdería mi tiempo con el vendedor de anteojos, mi mundo se construye con barro nuevo.

 ¿Y por qué…?                                     

  …Porque ya trabajé para las petroleras, ya vendí gases industriales para soldar las estructuras delas torres de extracción.

  Y me acalambre en una computadora facturando, imprimiendo papeles y papeles caprichosos y falsos.

   Escuché todas las llamadas entre los ministros, secretarios y los empresarios viles repartiéndose las licitaciones a precio prefijado.

  Ya corté bosques enteros y seguí adelante sin mirar los pichones en los nidos caídos, solo para llegar a los campamentos miserables a comer un té de carbón y pasta de harina.  

  Como a la madrugada, como el día anterior, como cada día. Ya convertí esos troncos en postes pelados, curados con bromuro y arsénico, en tablas de todas las medidas, en molduras y machimbres, en toneladas de aserrín y residuos quemándose noche y día sin parar, en el calor subtropical. Ya convertí esas tablas en muebles lustrados, en cuadros labrados moldurados y tallados, teñidos, pulidos, laqueados.

  Ya planté semillas transgénicas en superficies de miles de hectáreas, desmonte la selva en galería, absorbí los acuíferos y los arroyos cambiando peces por cultivos insanos para que los más ricos no dejen de serlo, para que los más pobres no dejen de serlo. 

  Ya dejé las colinas peladas lisas a punto para ser llevadas por la erosión. Ya convertí la tierra en pasto, el pasto en carne, la carne en un animal pataleando colgando de un gancho después del marronazo en la cabeza, y esa agonía en un bife chirriante en la parrilla.  

  Ya salvé peces tirados en la explanada del puerto, con mi hijo, largándolos al agua, ante la censura de los pescadores, y me congele horas con mi hija mirando un pájaro entre las hojas, darle de comer a sus pichones.

  Ya estuve preso injustamente, solo para que el sistema funcione, y tuve miedo en las calles y frio en la oscuridad, ya me dedique a insultar enciclopédicamente a un policía, y decidí no subir más a un patrullero, y vi las más grandes injusticias y delitos cometidos por los cuidadores de la ley.  

  Ya fui pasto de la hipocresía, de la habladuría, de la felonía. Ya me cercaron y pegaron por la espalda y limé mis dientes de masticar bronca durante días y días esperando una ventana a la venganza.  

  Ya me deje llevar por el amor y el desamor, y dormí y deje de dormir por un sentimiento, y afile todas mis armas para defender un territorio perdido y ajeno, sin pensar en quedarme después.

 Ya fui perseguido por las corporaciones, descartado por el estado, amenazado por los millonarios, castigado por sus capataces… 

  Y sangré, sangré litros incalculables de sangre roja, caliente, humana, solo para que la sangre tenga un sentido más amplio que mover el sillón para ver la tele, y discutir por días y días si fue o no penal… 

  Ya regalé más de media docena de televisores, y leí un diario el año pasado, y escucho música que no conozco solo para saber que existe otro, otra cosa más que yo.  

  Nunca dejé de mirar, siempre estuve ahí, sangrando en mi piel, en mi mente por el látigo de mis esclavizadores.  

  Sin dejar de pensar en mi lugar, mi papel, tan similar al matado, al muerto que mataba, la vida como un espejo de dos caras donde no hay lugar para entristecerse ni arrepentirse, donde la piedad no tiene lugar ni sentido, donde solo vida es vida, y a veces muerte. 

Y me senté frente a una lechuga escuchándola crecer, y alimente lombrices, y robe flores para mi amor, encarcele pájaros y los solté otra vez.  

   Y escuché a los inicuos otra vez como si hubiera un día en que llegarían por casualidad a la certeza que se pueda practicar, a la coherencia que se pueda multiplicar, y los vi, cercenando conciencias, mutilando y esterilizando vidas enteras solo para ganar un lugar más cerca de los tiburones, y los vi, tantas veces flotando aterrados, esperando ser comidos del todo cuando no pudieron cumplir la cuota…

  Y cada día sale el sol y es una nueva oportunidad, y cuido mi árbol, mi flor, mi pedazo de mundo, riego mi corazón con este amor que me llega en oleadas, en ráfagas, en refucilos.  

  Y empujo mis hijos hacia la libertad y los invito  un día a gritar, porque es gratis, porque no tengo para el helado, para el pelotero, para… Vida es vida, más vale vivir que arrepentirse, más vale caer que tropezar, más vale equivocarse que quedarse con la duda…

  Pero no me arrepiento de estar al costado, al borde del sistema, un brote nuevo vale la pena cuando un policía olvida el garrote por un segundo, cuando un político duda y piensa por un segundo en decir la primera verdad de su vida, cuando un niño se da cuenta que para sonreír no necesita consumo, que no es el dinero lo queda felicidad, y camino y sigo, y hago lo mismo que ayer, que mañana: río, vivo y soy.



 

Allanamiento

  

  La gorda se había agarrado un gurí nuevo, para pedir monedas, así que lo estaba entrenando en todos los sentidos, aunque a un par de semanas ya se notaba que no se la iba a bancar, demasiado tierno para el atraso que venía llevando… lo había sacado de la calle, techo y comida, sexo y ropa lavada. 

 Parecía un trato justo, pero nada es bueno en exceso, y la iniciación del gurisito se estaba convirtiendo en una tortura: ahora la seguía atrás como un perrito asustado, cada vez más apagado, cada vez más esa mirada como pidiendo socorro… 

 Y ella bañada, con su trenza de colores, coqueta, altiva, ganadora, propietaria.  Ya no saludaba a nadie a menos que fuera estrictamente necesario, ni lo dejaba andar mucho hablando por ahí con sus antiguos compañeros, lo quería solo para ella, y la lujuria, al caminar, hacia brillar su oscura piel, su oscura vida…

  …El dato había llegado desde la jefatura, cuando la Mariela volvió de la visita.  La causa del Pelado no iba para atrás ni para adelante, pero había escuchado algo… El lunes iban a entrar a la villa, y con tres días de anticipación, cada cual se preparó a su manera.

  Saliendo para el fondo, después de la quinta, había un pozo abandonado, ideal para esconder las armas… se juntaron todas las que servían, quedando en algún que otro rancho solo para muestra algunas escopetas dobladas, el 32 del Gamuza con el gatillo roto, unas 22 cortas de coleccionista porque no servían para nada, y algunas tumberas matagatos que solo eran para reírse de los milicos.

   Envueltas en limpias telas, fueron suavemente depositadas capa tras capa, y luego la chapa y luego los ladrillos rotos y luego las piedras y luego algo de tierra y bosta fresca por si venían con los perros. 

  Con la falopa no había tanta confianza, además que el negocio funcionaba hasta último momento, así que cada cual se bancaria su bagayo, sobre todo los que no se habían ido, y aprovechaban copando la parada por un día. 

  La noche había pasado lenta como siempre, solo hubo que ponerle los puntos al Cochón, que se puso a fajar a la mujer, como para atraer la atención, cuando todos estaban dando los últimos detalles, un gil bárbaro.  Se terminó la bolsa a tarjetazos bajo las estrellas y después entro y espero mirando el café, quieto como un espejo. 

  Horas duro así hasta que los gallos cantaron y la oscuridad dijo hasta acá llegue. Entonces empezó a vibrar el agua negra, temblando en el vaso cuando las camionetas entraban a fondo desde los callejones.  

  El Chileno entró acelerado, casi chocándolo a él que salía, saludo y salto a la XR calzándose la mochila: antes de arrancar saltando por las colinas, le hizo un disparo al helicóptero y se quedó esperando atento a ver si caía, arrancándole una sonrisa en su cara dura, acalambrada.

  Saludos a la Quemi! Ahora empezaban las risas, las primeras camionetas habían parado en el medio junto a la ronda de piedras donde las cenizas humeaban todavía y sus ruedas rápidamente se desinflaban ensartadas en los clavos, el barro era una sola masa en cada bocacalle y el agua negra seguía corriendo. 

  Los milicos saltaban los charcos y las zanjas en sus pesados trajes antimotines y no falto uno que se resbalara, podía jurar que escucho las risas apagadas detrás de cada rancho.

  El primer grupo de policías parapetado en la altura cubría todo desde el ombú, y los demás, que al trote iban cerrando los caminos y las cortadas, con las camionetas inutilizadas, gritaban impotentes a los que huían trotando a las risas por el campo.  

 Se iban puteando y mostrándole la verga a los milicos salvo el Culebrilla que se entregó al primero que vio, seguro para pedirle un Rivotril.  Apenas caminaba, se había pasado como siempre, y se le empezaba a paralizar la mitad del cuerpo. 

  El Julián había clavado la silla de ruedas en el barro como sin querer, y esperaba fumando, mientras cuatro pares de botas negras se enterraban hasta los tobillos en la mierda para sacarlo del paso.

  Volvió a entrar y se puso las pantuflas, se preparó unos mates y salió a la vereda, se recostó en el sillón y cerró los ojos tratando de identificar los dueños de las voces, todo iba bien, las mujeres chillaban por encima de los gritos autoritarios de los policías, insultándolos con una creatividad admirable.  

  Los perros ladraban parapetados atrás de los cercos, los gurisitos corrían en bandadas haciendo llover piedras elegidas sobre las camionetas, artistas de la gomera, no querían quedar afuera de la zamba.

  Ya se llevaban al Laucha, arrastrando por el  piso, no sé si va para saludar al negro o para comer los chorizos a la pomarola de la comisaria, al lado de él tiran al Polaco, al Pinchaperra, al Indio y los dejan esposados contra los asientos. El remolque se lleva un móvil, lentamente, adelante, cuidadosos recolectan las tablas llenas de clavos, no importa, ya cumplieron.  

  El sol da en los ojos, la razzia sigue casa por casa, y van saltando las fichas, un par de milicos pasan corriendo hacia la esquina mientras otros golpean y patean la puerta de al lado al no obtener respuesta ¡No hay nadie! Grita él mientras alumbran brevemente el cuadrado vacío con la linterna y siguen… Buen día, por suerte que vinieron, hay que limpiarlos a todos, no se puede vivir acá, dice mientras agarra sus muletas tratando de pararse…

  Ahora le tocaba divertirse en grande, pensaba mientras le indicaba al policía desconfiado como abrir la puerta, sonrió y se arrimó lentamente, ah no, si esta con candado todavía, no se puede facilitar nada…Es que ya no me puedo ni mover.

   Miro el ombú y abajo los milicos tratando de cambiar las ruedas bajo sus escudos, entre el barro, amaba estar en libertad…Sacó la llave, sonriendo, esa hermosa escopeta seria suya antes que termine el día.

Soplando la mecha (Waterworld)

    Todo parece fantasticamente divertido hasta que el olor a quemado sale de nuestra cocina.  Hasta que la sangre crorrea, desde nuestra ca...