05 julio

Jardinería Instintiva para Reconstrucción de Zonas de Conflicto

 






  Antes que nada, el hecho de la jardinería, como acción modificadora, práctica, artificial, es un hecho de violencia, de interferencia sobre el devenir natural de las especies, que proviene de millones de años de interacción y supervivencia común y mutua. 

  Como tal, efímero en su esencia, su prevalencia depende de un mantenimiento constante, de una planificación detallada, y de un reajuste permanente de frecuencias,  horarios, especies, estructuras, insumos, materiales y metodologías de trabajo, para lograr un resultado estable  que exprese claramente los ideales estéticos que se quieren representar.

  Entonces: dado que un jardín se refleja antes que nada en si mismo, ya que la única historia es su historia, -mas allá de relictos o vestigios que remitan a otra historia u otras historias del predio- debe existir siempre un encadenamiento o contacto entre los diferentes escenarios o etapas, que permitan asociarlo a si mismo. 

  Siempre debe existir, la permanencia en el cambio, el cambio en la permanencia.  Como el mar, que toca todas las costas, el jardín puede expresar todas las emociones, desde la furia de la tormenta hasta la calma chicha donde nada se mueve, que también es movimiento y vida, como postal y escenario del movimiento o el reposo de la vida y la energía.

   Debe haber, pero también debe sentirse, una ola que recorre el sitio permanentemente,  de cambio y renovación, de transformación...  

  Por lo tanto, deben establecerse:


prioridades, sin priorizar, fijarse metas cuyo único fin sea delinear un camino que enlace los ritmos naturales con las posibilidades presentes y actuales, que será rectificado ante una nueva meta, o una nueva posibilidad, trazando su sinuosa trama en el tiempo a través de arboles, plantas flores, fuentes, senderos, lugares de descanso o recreación, estanques, bosquecillos, y todo lo que pueda coincidir entre la imaginación y la práctica. 

   Sin embargo, en este esquema desestructuradamente estructurante, deberían, en mi opinión, cumplirse ciertos parámetros que hacen a la esencia de la idea de un jardín, construcción artificial, humana, para seres humanos.

  Algunos de estos parámetros pueden vislumbrarse a la sombra de palabras clave como: accesibilidad, movimiento, ritmo, color, texturas, contrastes, progresividad, frecuencia, planos, difusidad, luminosidad, aireación, gradualidad, perspectivas...
  Son palabras que forman la trama del día a día de la jardinería práctica, como hilos de los que podemos tirar y combinar para lograr un buen tapiz..  

  Entonces, para resignificar  un espacio artificial o natural, para que nos brinde productos tales como tranquilidad, belleza, recreación, por ejemplo, o lo que pretendamos obtener, debemos conocer, primero que todo, en sus dimensiones, paso a paso, el espacio práctico que hará de marco a nuestra representación. 

  Conocerlo es caminarlo, olerlo, amasar la tierra, trepar, saltar, mirar, mirar, mirar, cambiar de ángulo, de enfoque, sentir el sol, la sombra, el marco externo, identificar o buscar puntos centrales y de acceso, pendientes, desagües, identificar infraestructuras subterráneas como cables y caños, lugares de procesamiento de residuos, de recreación o juego, espalderas, monumentos y pedestales, cercos, charcos, estanques y vertientes, flora y fauna, microflora y microfauna.   

  Bien... con esto podemos empezar, pero antes que nada, debemos saber con que materiales contamos, naturales o de la zona, baratos, accesibles, sin costo de flete, reciclados, de antiguas construcciones, o sea, todo de lo que podamos disponer abundantemente para establecer la base del estilo, para fortalecer el efecto de cualquier inversión.

  Al pensar en eso, es importante tener en cuenta que un jardín no tiene zonas muertas o de sacrificio, cementerios, etcétera, todo el espacio es el jardín.  Cada rincón, debe estar especialmente cuidado, en su formato y significado.

  Al elegir los materiales debemos tener en cuenta que entre lo durable y lo biodegradable, entre lo gratis  y lo inaccesible, hay una gama de alternativas mas o menos infinita. 

 Luego, hay que estirar la mirada, a cien años, de lo que es el espacio y generar las infraestructuras estratégicamente, listas para su reutilización o intercambio dentro del mismo jardín, cuando la evolución del sentido, plasmada en la solidez de los resultados, nos permita acceder a otro escalón conceptual, donde incorporaremos nuevos materiales, técnicas o artificios.

  Un jardín no se hace en un día, sino que se construye a través del tiempo como una montaña de cuya cima nacerá un día una cascada. 


Si vamos a planificar un jardín, si vamos a tener un jardinero, si vamos a ser nosotros mismos, quienes dispongamos de nuestro tiempo para cuidar ese espacio, quiere decir, que en un lapso de tiempo, tendremos un resultado vivo, hermoso, funcional, disfrutable.

  Si no extrañamos la paz de sentarnos en nuestro jardín, cuando estamos fuera, sometidos al estrés cotidiano, al cemento sin fisuras de las fabricas y las oficinas y las calles, enfrascados en la lucha diaria, no valía la pena...

  Al ingresar a un jardín tenemos que poder despegarnos de la civilización que nos desgasta, recuperarnos, hacernos seres hum


anos de nuevo, recoger frutos de las plantas, de los setos, de los arboles, caminar descalzos, desnudos, sin que nada nos lastime, nos ofenda,  llenarnos de colores, de aromas, de emociones, perder la voz, para escuchar los sonidos del viento, los insectos, los pájaros.

  Entrar a un jardín es bajar el ritmo y reconectarnos, sentirnos parte de la naturaleza, alejados de la soberbia con que nuestra raza la destruye  sistemáticamente el resto del tiempo. 

  Para lograr eso, debemos tener un sitio equilibrado, que nos permita elegir, en todo caso, espacios de contraste, sin dejar de conducir al relax y la tranquilidad, donde especies y colores transijan lentamente sin perder la armonía aun ampliando la perspectiva, para hacer de nuestra estancia o paseo, una herramienta de disfrute.

  Debemos pergeñar un escenario donde nuestros sentidos sean excitados pero no forzados, donde el tamaño sea relativo a la forma de transitarlo, para no cansarnos ni desmotivarnos.  

El trabajo en un jardín maduro es casi imperceptible, porque lo que hacemos desaparece, se funde, se integra con el resto, como si fuera casualidad, o un capricho del paisaje, mientras lo que crece repta suavemente por líneas y esquemas preestablecidos donde se optimiza su cuidado y control.

  Claro, el trabajo debe ser minucioso, detallado, exacto, y no deben quedar huellas de residuos, roturas, charcos, alambres, etcétera... 

El trabajo de las maquinas se vuelve una necesidad mayor en cuanto aumenta la superficie, y hay, sin dudas, una variedad de herramientas a motor o autopropulsadas, con la capacidad de realizar casi todas las tareas de formateo, aunque el detalle, la técnica y el concepto, encuentran su perfección en las manos humanas y sus pequeñas herramientas.  

  La velocidad de los engranajes industriales raramente puede producir la suavidad de terminaciones, la exactitud en el corte o la creatividad en la expresión de intenciones y emociones que se busca al modelar el material verde. 

  En cuanto a la tierra, es imprescindible ensuciarse las manos cotidianamente, comprobar y sentir las consecuencias del agua y la falta de humedad, la estructura del suelo, la capacidad de entrega y plasticidad que nos permitirá delinear estructuralmente espacios y senderos, territorios y familias de especies compatibles con sus posibilidades reales.  


  Entonces...nada, o casi nada, debería quedar librado al azar, todas las posibilidades deben ser previstas, y las imprevistas, catalogadas, para tener un plan de acción, de reacción, de resolución. 

  En un año agrícola, el mismo terreno debe estar capacitado para cumplir funciones a veces opuestas, a veces complementarias. 

  Nuestra tarea será enlazar estos escenarios con la anticipación suficiente para lograr continuidad en el paisaje, armonía en el cuadro, y eficiencia en la circulación interna de materiales, desperdicios e insumos.  

  Si hablamos de circulación interna, podríamos imaginarla como lo que podría pasar si nuestro espacio estuviera encerrado en un cubo de cristal, o sea, cada gota de agua que cae, cada terrón de tierra debe tener un camino por donde circular, arriba y abajo, de un lado al otro, como en la misma naturaleza.

   Para que el sistema se mantenga siempre fresco y rozagante, si es posible -luego del formateo inicial- reciclaremos y recircularemos el agua, la tierra, el material verde para optimizar el ciclo de nutrientes sin la necesidad de incorporar permanentemente insumos nuevos, ni expulsar basura y desperdicios que podrían transformarse y procesarse internamente.

  Claro que, ante niveles estructurales y/o eventuales de desperdicios, es necesario expulsar rápida y enérgicamente estos excedentes.  

  Muchos trabajos pueden dejarse para mañana, pero retardar el descarte de restos y residuos, produce nichos ecológicos nuevos, oportunistas, que generan, y generarán, desequilibrios no deseados en el ecosistema que estamos tratando.

  Esto también tiene que ver con el resultado práctico de la energía que pongamos en el lugar, que por definición, será siempre limitada, caótica, intermitente, ya que, logrado un sistema de consumo, reciclar y procesar los residuos en su lugar de origen siempre demandara mucho menos esfuerzo y mejores resultados que expulsarlos y sacarlos del sistema, solamente nos toca encontrar la manera de hacerlo.

  En ese aspecto, y relacionado completamente a la salud de las plantas y del suelo, nuestros mayores auxiliares serán la microflora y microfauna presente o que podamos aclimatar como esqueleto estructural del ciclo de los nutrientes.


 


Luego, nos toca esquematizar y sistematizar el agua, tomando los diversos estados y manifestaciones como parte del contexto total: lluvia o humedad atmosférica, temperatura, vientos, asoleamiento, condición del suelo, almacenamiento superficial, subterráneo o en verde, capacidad de circulación, carencias, provisión natural, artificial, estacional, intermitente, esporádica, abundante, descontrolada, etcétera 

  Estas posibilidades y/o imposibilidades que se ofrecen a través de la humedad disponible forman la trama, la textura sobre la que incorporaremos especies, construiremos estructuras, aliviaderos y reservorios, diseñaremos, siguiendo o alterando la línea de caídas, pendientes y desagües. 

  Es necesario crear y proyectar teniendo en cuenta y aprovechando estaciones secas y lluviosas, acompasando a el ciclo del agua  las posibilidades y necesidades de la vegetación presente para  obtener el mejor resultado en cuanto a  producción, coherencia y sanidad.

 Y desde ahí la estética, la forma, la representación y el escenario: el jardín como marco de nuestra propia subjetividad.  

En cuanto a sanidad, todo comienza en la tierra, en el sustrato: una planta sana y fuerte, será siempre menos susceptible a la invasión y el daño por otras formas de vida.  No encontraremos grandes problemas, por regla general, en las especies autóctonas, ya aclimatadas y adaptadas a los ciclos climáticos y a las especies que puedan usarlas de alimento. 

 Durante miles o millones de años, los resultados de la interacción entre predadores y presas, entre materias primas, alimentos, clima, tiempo, entre intenciones  y posibilidades, se fueron regulando hacia un equilibrio perfecto, donde todas las especies producen, crecen, se alimentan, se reproducen... 

Por lo tanto, debemos observar detenidamente a los insectos y pájaros tanto como a las plantas, antes de tomar ninguna medida, antes del irreversible exterminio.  Puesto que la naturaleza solamente tiende al equilibrio, cualquier alteración anticipada y artificial, generará otros desequilibrios en las cadenas tróficas, en la presencia de especies controladoras. 

  Dado que nuestro espacio alojara a distintas especies, algunas completamente ajenas al clima y el terreno, lo ideal es forjar su hábitat de la manera mas parecida a su lugar de origen, lo cual llevará a un detenido análisis de la incidencia de los factores climáticos, como asoleamiento o heladas, duración del día, viento... pero además de protegerla y motivarla, a la planta hay que darle lo que necesita, en cuanto a nutrientes, acidez, humedad, textura, etc.

  Entonces, como hay distintos brillos y tonos de verde en el follaje, también existen tonos de color en la tierra, en un ajedrez que nos permite realizar ciertas variantes, y otras no. 

El método mas difundido a gran escala para establecer exitosamente una planta, lamentablemente, es el azar, es el de "prueba y error", aunque, todavía, se puede capitalizar la experiencia ajena, consultar, informarse, y trazar una perspectiva hacia el año climático  y hacia la evolución del espacio, que comparten otras especies.

 Cuando una planta muere, muchas veces, no quiere decir que no pudiera tener un lugar en nuestro jardín, sino que no hemos hecho las correcciones adecuadas a su adaptación. Como regla a seguir, todo lo que se haga de forma correcta, anticipada, y cuidadosamente dará los mejores resultados.


Los bordes deber ser nítidos, los limites visibles, los espacios diferenciados.  Salvo que sea una zona de transición en un mismo contexto, siempre hay una línea, una frontera visual que delimita y guía la mirada, que encierra sectores homogéneos y definidos.  

Los caminos, senderos y accesos, deben ser cuidadosamente privilegiados en ese aspecto, pues funcionan como esqueleto, como base estructural desde donde construir el estilo general que conectará todas las partes en un cuadro general armónico y funcional. 

El césped es para el parque como la alfombra que mantiene caliente nuestros pies, lo que amortigua las lluvias, las absorbe y reserva.  De la forma y la frecuencia de segarlo y fertilizarlo dependerá su fuerza y compacidad, y de la mezcla de especies que se adapten a diferentes factores y condiciones como el pleno sol, media sombra, humedad, etc.

  Lo mejor es triturarlo, dejando que los nutrientes y minerales vuelvan a la tierra, mantenerlo corto y tupido, con la salvedad de necesidades puntuales de floración o multiplicación.  

  El césped es la infraestructura que permite la interconexión subterránea de todo el sistema, por lo tanto los caminos o sectores sin vegetación deberán estar aislados del suelo, salvo que funcionen como drenajes o descargas del sistema, para no interrumpir ni modificar el movimiento de la corriente de humedad superficial.  

  Mantener esta capa fresca, mullida y nutritiva, no solo aumentará la sanidad general del jardín, sino que además, optimizara la interconexión de cada elemento vivo del sistema con todos los demás, a través de sus raizuelas, y también de hongos, lombrices, bacterias y micorrizas


Salvo "Islas" creadas o preservadas de esa manera, no debe haber espacios ni zonas impracticables, ni caminos cerrados, ni puentes rotos: caminar, inventar un nuevo circuito, conocer detalles nuevos... disfrutar requiere fluir, sin quedar atrapados en un callejón sin salida, y la totalidad del espacio debe ser accesible, para transitarlo sin apuros ni ansiedades, sin recelos.  

  También, debe tenerse en cuenta que, mas allá de la "planta" o el espacio sobre el que diseñamos, las características de árboles, arbustos y enredaderas, en su continua competencia por la luz, harán que se expandan fuera de nuestros límites, se empujen, tuerzan y retuerzan, mientras con sus raíces exploran y conquistan el subsuelo

La modificación de un elemento, genera nuevas perspectivas para los demás, y siempre, es mas fácil mantener la coherencia desde el principio, que hacer correcciones tardías que desencajen la armonía y el concepto buscado.  

  Por lo tanto, es menester empezar y atacar siempre primero lo fundamental, lo mas visible, lo mas fuerte, porque esto alterará la línea de todo lo demás, mostrando nuevas sectores a rectificar.  Amen de lo anterior, siempre es mejor ir despacio que rápido, ya que lo que se corta y tala, ya no puede retroceder.  

También, nunca hay que perder de vista que el espectro total de fenómenos y relaciones ambientales de nuestro espacio objetivo, se muestra completamente a través de un año calendario, donde podemos apreciar el paso y traspaso de una estación a otra, la cantidad de agua caída en que momento, los vientos predominantes, la interacción con el entorno natural y social humano.

  Teniendo cada clima y cada estación requerimientos y necesidades propias, así como carencias y excesos, son detalles que deberemos atender estructuralmente.

  Cuando tengamos un jardín compacto y diverso, equilibrado, o al inicio de su tratamiento, o mientras reestructuramos y aprendemos, seguramente comenzaremos a ver nichos que estaban ocultos, microambientes, o lugares sin solución, o parcos, pero que podríamos adaptar a diversas especies presentes o de fácil acceso en nuestro entorno. 

  Es fundamental ejercitar la mirada sobre los proyectos ajenos, sobre el efecto del escenario verde por el que caminemos, sobre las líneas y caídas de espacios verdes públicos o privados, donde podamos fijar la vista. 

  Puesto que una inmensa variedad de especies vegetales, prenden de gajo, esqueje, o simple trasplante, además de las semillas, necesitamos como algo fundamental, un lugar determinado que reúna condiciones de protección y tranquilidad donde multiplicar o germinar plantas, tomando los cuidados y el tiempo necesarios para instalar una planta en maceta, lista para su inserción exitosa en el predio.

  A gusto de cada persona quedará si ese espacio es fragmentado o desestructurado, interno, externo, móvil, etc. siendo lo importante que exista, y que produzca, dando lugar a la experimentación y la creación.

Debe existir el juego, además del aprendizaje, los espacios lúdicos que mantengan nuestras perspectivas móviles y frescas, para transmitir ese enfoque a la variabilidad y el cambio que renueve nuestro campo de acción, y por lo tanto, la mirada o las miradas sobre el mismo. 




 



02 julio

Criptomonedas??



  Es inexplicable como llegamos a cambiar tiempo, esfuerzo, seres vivos, propiedades, privilegios, por papeles de colores.  Por :"Dinero"  

  ¿Cómo  fue que logramos interpretar un pedazo del mundo real a través de un retazo de papel, de una pieza de metal? Ahora hay muchas teorías al respecto, aunque ninguna explica lo fundamental ¿Cómo fue que personas libres, terminaran atando su vida y su tiempo a un pedazo de papel? 

  Es muy improbable que haya sido una decisión consensuada, mas bien parece la necesidad de un antiguo esclavista, monopolista o algo así. 

  O la historia de como lo superfluo llegó a la cima del discurso humano, haciendo equivalentes a los símbolos con la sangre, a las imágenes con el tiempo.  

  Pero sin embargo pasó, y ahora nos parecería inexplicable cualquier otra forma de intercambio equiparable al efectuado entre tiempo-vida-sangre-amor por símbolos impresos en papel. 

  ¿O no nos parecería? 

  De repente, cambiamos ese precario billete, esa incomoda barra de oro por... luces.  Lucecitas verdes y rojas que se encienden y parpadean en algún lugar, en alguna pantalla que existe comprobada por otra pantalla, que se refleja ante nuestros ojos como la prueba de algo real que podríamos tocar si lo exigiéramos.  

  Y de repente, todo el esfuerzo humano, todas las posibilidades de interpretación del corazón, los músculos y la materia, de los conocimientos y la inteligencia o la mas ciega obediencia, dan un salto hacia un mundo virtual en el que no tenemos presencia. 

  ¿Es tan difícil de entender?

  Cuanto falta para que desaparezcan los billetes, como desaparecieron las semillas de cacao o la sal, para quedar completamente inmersos en un universo virtual donde no controlamos absolutamente mas nada.  
  O sea,  cuando todos nuestros actos y nuestras posibilidades estén supeditadas, traducidas a lucecitas titilando en una pantalla, es obvio que ya ni siquiera podremos pensar en plantar, oler o cortar una flor si eso no esta predeterminado , y así con toda la vida, por supuesto... 

¡Con todos los parámetros de la vida!  

  Y es ahí cuando nuestra ingenuidad de pretender que podríamos tener un equilibrio con una tecnología cuyo único  fundamento es negar nuestra existencia como especie choca con lo obvio: para el algoritmo que se autoalimenta creando nuevos algoritmos, nosotros, todos, somos lucecitas de colores creando lucecitas de colores.  

  Al día de hoy, ya no podemos comprobar con certeza que haya una persona, y no solamente una máquina con pensamientos de máquina, minando nuevas monedas y fantasías virtuales a través de las cuales absorber a la especie humana como sustrato y combustible...

  En fin...  La magia fugaz de los especuladores, la ambición de los soberbios, la estupidez infinita del resto, pretenden pasar la red una vez mas en un mar que ya no entrega casi peces, ya que el concepto mismo de monetarización esta en entredicho y revisión.  

  El poder instantáneo y hereditario ya no es posible en un mundo donde la conciencia se pulió a través del atestiguamiento de la destrucción del mundo y del acaparamiento y secuestro unilateral de las posibilidades humanas.   

  Hoy en día es bastante discutible hacer del tiempo y el territorio, del esfuerzo humano, algo tan intrascendente que pueda ser intercambiado por la representación de conceptos abstractos, llámense billetes o bitcoins...

  Claro, para inclinar la balanza de todas las discusiones actuales queda la guerra, y eso, todavía no esta en discusión...

12 marzo

Anormalidad (Poesías)



Voluntad


No cumplas nunca tus promesas

O vanas, deberás hacerlas de vuelta

Afila cada segundo hasta que sangre el tiempo

Y derrite entre tus manos el destino humeante: 

La buena tierra esta hecha de cadáveres

Sobrevive, que la lluvia cae para todos

Camina, que aun no llegas a tu casa...


Pasto y estrellas


Quiero caminar, por la misma cornisa

Y ver las flechas silbando

Sobre nuestras cabezas

Fuerza, arremete

Rompe todas las paredes

Tropieza!

Déjame tenerte de las riendas...


 


Un dia fresco


El pasto crece

La lluvia cae

y me recuerda

Que quiero poner

Mi semilla en tu tierra


Recreo


Llueve sobre la tierra seca.  ¿Llueve?

Llovizna, sobre el campo quemado

Suave y lento, caen ocho gotas, para cada pasto...

Sin embargo, reverdece.  El aire caliente,

Por un día, no construye el desierto.

Las semillas viven, en la imaginación de los pájaros.


No importa la tierra 


Son tan distintos los frutos

del miedo y del amor... 

que gusto tiene la nostalgia, la desolación?

El cuidado o la violencia, la autodestrucción...

La ternura o el desprecio.  El poder del sol:

Regamos semillas que caminan

Libres, elegimos, que brotes mimar

 Haremos colores, mezclando oscuridad?

 En una pica afilada, cuantas sonrisas se pueden ensartar?


Noche


 Los soldados no duermen

Sueñan

Despiertan

Estar vivos es una amable y bella contrariedad.

 




21 noviembre

Seguimos jugando...

 ¡Claro que si! ¡Seguimos jugando a la Pandemia! Porque algún campeonato mundial siempre tiene que haber, que nos proponga la amnesia social y la apatía regulada.  

  Seguimos pretendiendo que hay enfermedades misteriosas y curas milagrosas que salen de la misma bolsa de este morboso y risueño Santa Claus llamado Capitalismo, solo porque no dejamos de escuchar los latigazos con que acelera a los ruinosos renos de su trineo: ONU, OMS, OTAN, OMC, UNICEF, etcétera, los de siempre.  

  Claro, ahora está en riesgo la especie humana -nos dicen- para que entendamos, que una vez mas tenemos que adaptarnos a todo y sobrevivir, extinguir toda crítica y nuestro propio juicio, y someternos sin queja a este abanico de restricciones y arbitrariedades permanentes que, nos lo han dicho toda la vida, pertenecen al campo de la barbarie y las dictaduras, aunque ahora forman parte del entramado fundamental de nuestras supuestas, bellas democracias. 

  Es que es necesario, y además, temporal, y ya va a pasar... 


 

 Pero no pasa.  

  Todo sigue y sigue y sigue, igual o peor, y se establece aunque no tenga sentido, y como borregos seguimos caminado atrás de un barbijo que absolutamente nadie, pero nadie en el mundo, ha dicho y demostrado que sirva para algo. 

  Es mas, solo salimos de nuestro encierro y de nuestro calambre mental para hacernos dar una vacuna que nadie ha dicho ni demostrado hasta hoy que sirva para algo mas que para lo que se puede ver a simple vuelo de pájaro: un fabuloso e inmenso negocio, mecanizado institucionalmente a través de los gobiernos, cuyas ganancias van, también, por supuesto, a la cima de la pirámide social. 
  Lo de siempre, como era de esperar...

    Claro que, no hay una estadística que no haya sido tergiversada, no hay números ni conteos de muertos que no hayan sido arreglados, fabricados, publicitados y vendidos como el pan caliente de las mañanas, y por supuesto, tampoco faltan los culpables, probables o presuntos, para que la humanidad se atrinchere de un lado o del otro a ambos lados del planeta, de la ciudad, de la calle. 

  Con ocho o nueve titulares en los diarios han puesto a casi cada integrante de la especie humana en guerra contra si mismo.  ¿Pero que pasa alrededor? Cada negocio turbio y cada acto de corrupción continua con mas desparpajo que nunca, cada atropello social, cada pisotón de los imperios y cada ecocidio lamentable y final y cada injusticia y acto de violencia en el mundo, jamás se detuvo, al contrario, todo eso avanzo mas que nunca. 

  Sin embargo nos pretenden encerrados porque nos cuidan, mientras hace mas de sesenta años que la Revolución Verde convirtió nuestra comida y el agua que tomamos en un veneno permanente y cotidiano, en una forma espantosa y lenta de morir adoloridos y sangrando. 

  Nos dicen que debemos cuidarnos de un virus que esta en el aire, mientras la industrialización, el hacinamiento inexplicable en las ciudades y el consumismo a destajo redujo hace rato la calidad de lo que respiramos a la categoría de "Insalubre" mientras también fue envenenado cada pedazo de tierra y cada curso de agua superficial o subterráneo y, como no, cada gesto de amor, desinterés o solidaridad. 

  Todos los días se descubre que, un nuevo material, proceso o ingrediente que usamos en nuestra vida desde que nacimos, resultaba ser tremendamente nocivo, venenoso, mortal, tóxico.  
  Y nos enteramos porque, justamente, han encontrado un reemplazo igual de redituable y rendidor, igual de caro y monopolizable, que pasará a ser parte de nuestra vida sin dejar (ahora si, supuestamente) esa gama de efectos secundarios y mortales que nunca nos fueron notificados a tiempo. 

  En realidad, tampoco nos preguntaron nada, nunca tuvimos opción, como parecemos no tenerla ahora, mas que hacer filas y dejar de preguntar, mas que callar y dejarnos llevar de la mano hacia donde nos pongan, hacia nuestro heroico lugar salvando la humanidad por medio de nuestro silencio y nuestra docilidad total.             

  Claro que la pandemia era necesaria, eso está fuera de discusión: ¿Cómo podríamos reestructurar recursos y esquemas de convivencia de una manera tan rápida y eficaz?

  ¿Como podrían los gobiernos gastar y contratar lo que les viniera en gana sin ningún tipo de control?

  ¿Como podríamos establecer y normalizar la muerte selectiva, al fin, como algo conveniente y natural?

  Nuestra función como países periféricos es financiar a los centros de poder para que puedan asumir el choque en marcha, el juego de reyes al que llaman guerra. 

  Pero bueno, consolémonos, al final, también las poblaciones de los países ricos y felices son sacrificados para deleitar a las élites, a esos seres invisibles que fabrican las noticias, lo noticiable, y lo que nunca jamás sabremos que ocurrió.

  ¿Qué nos queda? Seguir muriendo lentamente del veneno acumulado en nuestra grasa y nuestra piel, nuestros órganos, nuestro tiempo, nuestros hogares y nuestra mente.  

  Seguir jugando a la democracia mundial de uno y otro lado para que la enajenación y degradación del planeta siga su curso atravesando ideologías e ideales, partidos, movimientos y asociaciones mundiales...suavemente, sin el menor contratiempo ni retraso.  

  Claro, no nos preocupemos tanto, como las capas de una cebolla, si una mascara se cae ya había otra en su lugar, y después del Coronavirus vendrá otra pandemia, y otra, y otra, no importa cuantas vacunas nos apliquemos o a cuantos vecinos denunciemos.  

  No importa, por supuesto, la verdad, y no importa quien nos mienta mientras no se agote la batería del teléfono o no se vuelva a caer el Wasap.  

 Una voz en la radio nos dice que estamos vivos, una imagen en la pantalla nos convence que aun no hemos muerto por dentro, salgamos corriendo, a comprar...






12 noviembre

Confesión

 


  Cada persona en este mundo, debería hacer una confesión, un acto de sinceramiento frente al espejo, y decirse sin rodeos: "Todo tu esquema de interpretación cayó, caducó.  Todo tu sistema de valores y creencias, tus ilusiones, aspiraciones y soluciones -antes que nada- no conducen a una solución, son el problema"

  Después de eso, dando un paso atrás, ya estaríamos en condiciones de abandonar todo parámetro actual y reeditar nuestra relación con el mundo, con el planeta, con nosotros mismos.  

  Sin arrepentimientos y sin culpas, que es parte de lo antiguo, la esclavitud, el tormento eterno... Para actualizarse y renovarse no se puede construir cada día lo viejo, como si nos enfrentáramos a un pantano con una armadura... hay que desnudarse, despojarse de sentido, de sentidos, ajenos, antiguos, absolutistas como el poder humano necesita que sea todo, para rodar.  

  Tampoco, no es necesario quemar nada, para fabricar humo, arrasar, matar, ametrallar, como si nuestra forma de recorrer el mundo no transitara ya por la violencia en miles de maneras distintas. 
  ¡No se necesita una sola fábrica de balas más!

  Y sin embargo florecen, el aroma de la guerra se siente, cada vez mas, tan intenso como una pradera al otro lado de la calle, y sabemos que el viento esparcirá las semillas.


 No alcanza, no va a alcanzar con permanecer, con quedar vivos, hemos ejecutado una invasión tan veloz y apremiante sobre todos los espacios, ambientes y lugares del planeta, que arrastraremos con nosotros (estamos arrastrando en nuestra caída) al resto de las especies, a todo lo que se conoce como "Vida". 

  Aunque de la misma manera, colonizaron violenta y sistemáticamente nuestras mentes, y también nuestros cuerpos, desde el día en que nacimos hasta incluso hoy, aferrando nuestras necesidades vitales mas básicas a la ganancia del sistema, a la estabilidad del poder.  

  Y esa, no es una base sobre la que se pueda seguir construyendo, hay que empezar de nuevo, empezar de cero, como cada animalito y cada planta, que un día nacen y ven el sol y nada saben de guerra fría ni bitcoins, su vida vale lo mismo que la vida de todo lo demás.  

  Claro, nos parece todo una gran novedad, y nos babeamos de solo pensar en como nos haremos ricos y poderosos con el ultimo gran invento, como nos babeábamos con nuestro primer caramelo, pero que pasará si solo seguimos profundizando el abismo, abriendo brecha siempre hacia lo insostenible y humanicida, la sumisión, el aniquilamiento?  

  Habremos abandonado eso, el espejo no miente, nada de lo que hacemos o sentimos, sirve, hay que mirar el mundo de nuevo, y reconquistar espacios.  "Reconquistar", claro: resignificar, desadueñar, desapegarse, desapropiar, descontaminar, descolonizar, restaurar, desmilitarizar, desimperializar, desacumular, y proteger cada espacio natural, social, o de nuestras mentes que no se esté volviendo un desierto.  

  O que, aunque haya sido arrasado, por su misma perdida de valor propicie brotes tiernos entre el incendio, y pueda significar una evolución por un camino nuevo donde  nuestra existencia no sea mas que una forma de expresar, propiciar, y multiplicar la infinita variedad de la vida, en su pequeñez  y su simpleza, y en su majestuosidad completa.  

 
   ¿Cómo lo haremos? ¿Por donde empezar?

   Nadie lo sabe, es la aventura total, tal vez la mas grande travesía que podamos encarar como seres humanos individuales y como especie en el planeta: volver, volver atrás hasta ser parte de todo.

  Inventar maneras de vivir que no maten, formas de crear y producir que no esclavicen, que no invadan, relacionarnos unos con otros sin consumirnos, oscurecernos ni vampirizarnos, sin avasallarnos ni menospreciarnos, como un punto de partida que nos permita mirar conjuntamente hacia adelante, aunque estemos al borde del abismo, pero con la certeza de hacer, de ser, algo distinto para crear una realidad distinta.  

  Es nuestra responsabilidad total, no criar una generación más, acorralada por los parámetros actuales: no se puede nacer esclavo...
  

03 noviembre

Diseño social


  Me despierto.  Trabajo, o  solo holgazaneo, o aprendo, me autoinserto conocimientos que me permitan encajar en el sistema.  Soy hombre o mujer, ingeniero o malabarista, mecánico, agricultora, influencer, discapacitado, travesti, comerciante, médica, concejal... no importa.  

  Sea lo que sea me despierto y me sumerjo en las redes sociales, prendo la computadora, o el teléfono, o la radio, quiero saber, antes que nada, la dirección, la intensidad de los vientos que recorren el mundo. 

  Soy un producto, diseñado para mantener la industria en funcionamiento.  Los engranajes de la economía y el poder son tan parte de mi como mi nombre o la sangre que cada día enveneno.

  Inserto datos en el fichero que Google lleva de mi: sentimientos, reacciones, preferencias, dinámicas laborales y productivas, bagaje cultural, economía, prejuicios, etcétera, etcétera, etcétera.  

  Dado el esquema de autogeneración de información, en paquetes adaptados a cada circunstancia especifica, recibo a cambio lo que el sistema me da, lo que considera necesario y pertinente dejar a mi acceso, para poder seguir siendo y haciendo lo usual, lo que hago cada día, lo que se puede prevenir, prever, presentar como deseable y necesario hasta que parezca mi propia idea, mi propio pensamiento, mi necesidad vital como persona.  

  Hago zapping entre L-Gante y Maradona, Pandora Papers, Cocaína, Afganistán, Dólar, y pienso, analizo la información porque soy inteligente y tomo mis propias decisiones, planifico, pretendo merecer mis sueños, apunto, a la satisfacción. 

  Pero antes de mover un dedo el complejo cruce de datos que -dado el inmenso,  volumen, ya empezó a ser manejado por Inteligencia Artificial, sin intervención humana- el sistema recolecta y pone cada ingrediente en mi plato en la medida justa.  

  Vemos y sabemos lo que conviene para ser instrumentos, herramientas ejecutoras de las dinámicas comerciales que justifican la organización humana y la delegación del poder.  

  Si por un segundo dejamos de recibir "información" -o sea, instrucciones detalladas sobre como, cuanto, cuando, por qué, para qué, quien, con quienes, hacia donde etc...- es porque hemos perdido capacidad de consumo y ya no somos un segmento tan interesante del mercado, nos hemos desactualizado y pretendemos vivir de recuerdos, de tradiciones, de anticuadas maneras de ser que no generan nada nuevo.

  Entonces... un escalofrío recorre nuestro cuerpo, y corremos a absorber las últimas novedades antes de ser desactivados, descartados, y perder el ultimo reducto de poder de decisión propia que nos queda, el de decidir de que manera preferimos ser esclavos.

  ¿Qué creerán las futuras generaciones, de la realidad, moldeadas desde antes de aprender a caminar por una pantalla?

   ¿En que creemos nosotros, hoy, adoctrinados sin descanso como simpatizantes o combatientes de una competencia ficticia que oculta la total hegemonía económica y cultural que arrasa hasta los últimos rincones del planeta?

   Todo lo que pensamos es falso.  

  Todo lo que pensamos y opinamos, lo que creemos y sentimos es una foránea elaboración cuidadosamente detallada a través de un cotidiano e interminable formateo de nuestra percepción y nuestra conciencia. 

  Parece tétrico pero eso no va a cambiar, porque antes que nada nos enseñaron a despreciar nuestra propia aprehensión del mundo, porque es mas cómodo: ante la multiplicidad de la información, ante la mescolanza entre publicidad y noticias falsas, ante la ambición acicateada desde todos lados y los remedios psicológicos, mecánicos o químicos que usamos para mitigar nuestra consecuente desilusión, ya ni siquiera confiamos en nosotros mismos. 

  Y que nos queda? Opinar sobre lo opinable y dejar ser, dejar pasar, ya que nuestro poder no alcanza mas que para eso, y por eso nos sentimos tan felices tomando partido por los unos o los otros, y cambiando luego de bando (es nuestro beneficio, nuestra prerrogativa como inertes amebas del destino) ya que pase lo que pase, lo único importante es aferrarnos a nuestro pequeño margen de maniobra llamado vida humana.  

  Y desde esa tabla flotando en el mar, creemos para creer que algo tiene sentido, como si la guerra fuera la guerra y como si cada problema humano fuera un problema al que alguien le busca la solución, y no un diseño entramado y complejo mediante el cual se promedia o se hace tabla rasa de la humanidad, lo que toque, como en una jarra de cerveza se barre la espuma por una cuestión de presentación y calculada estética.  

 Y así, transcurrimos cada día, con cada vez menos preguntas y ningún cuestionamiento, técnicamente vivos, automáticamente útiles, y listos para linchar a cualquiera que piense distinto, o que piense igual, ya nos da lo mismo: lo importante es subsistir.


01 noviembre

Asertividad (Poesías)

  



Iluminación

 

¿Te gustan los amaneceres y el vuelo de las aves?

Acaso, no es hermoso el crepitar, del fuego sagrado…

Meditas o rezas, ayudas a un anciano, reconfortas,

La marisma sin norte a la que llamas “corazón”.

¿Por qué te elevas? ¿Por qué te arrastras?

¿Existe ese mundo nuevo, donde aterrizar?

Se conforman los ciegos, con su oscuridad

De brillantes colores inimaginables…

 

 

Fluxo

La montaña tose porque no sabe llorar

Sabe que sus lágrimas serán, envenenadas

La vida o la muerte, que mas da, no se puede

Atrapar, la libertad, en una jaula.

 

Hormiguitas pululan de aquí para allá

Afanosas tras su miga de pan, sueñan.

Ciegas a su nido en llamas, corren,

Azotan caballos en su corazón…

 

Se abren dos puños llenos de pájaros negros

Para que el cielo se tiña de destellos

 Las viejas manos siembran incendios,

Se arrastran, lentamente, los insectos:

 

Los desiertos se mueven, el cielo se queja

Ignoramos todo, lo que va a pasar…

Lanzan los dados en una mesa lejana

No importa el resultado, tienen que jugar.

 

 

Divagar…

 

No hay lugar adonde ir… ¡Ni siquiera hay forma!

¿Escapar? Esta es nuestra casa, el infinito,

Planeta que rodea nuestra piel, constantemente, por todas partes.

Las flores y el barro, la sangre que gira en cada corazón

Iluminado, oscurecido, apagado, agonizante o en llamas,

No deciden el peso de las maquinas que matan

Para que las ruedas implacables de los imperios

Acaparen todo, lo que aún está vivo, como simple combustible.

No necesitamos pensar, sentir, amar, si todo nos lo indican

No necesitamos saber, mirar, experimentar, comprobar…

Si caminamos por donde nos dicen que, debemos caminar.

Pero el mundo se agotó, para los saqueadores, ya no alcanza

Con exterminar a los débiles.  Acribillar disconformes: ¿Para qué?

La guerra es contra la humanidad, pero dormimos, intensamente

Acunados, acariciados, con el ronroneo de la propaganda derramada

Sobre nuestra dignidad artificial, fabricada, como todo lo demás.

 

 

 

Engranaje y trama

 

Miles de caminos nacen también cada segundo

De la trama que nos atraviesa desde todos lados

Nada nos ata a la esclavitud sino el temor

(La comodidad de vivir en un corral caliente)

 

Dejamos de temblar apoyados, espalda contra espalda

Dejamos de pensar eligiendo un bando donde disculpar

La apatía de pisotear, cada día, nuestra propia vida.

Somos felices aumentando nuestro precio de engranajes

 

Orgullosamente exterminamos, marchitos, apagándonos…

La amplitud inmensa de ser parte de todo, lo que nos cerca. ¿O solo nos circunda?

Cada mentira tiene un precio, que podemos financiar de nuevo

Mientras vemos pasar la vida entera, aun pensamos en nuestro entierro.

 

 

Fluidez

 

¿Hoy ya es mañana?

O en que estaba pensando

¿Es el mismo sol, la misma tarde?

¡No!



Soplando la mecha (Waterworld)

    Todo parece fantasticamente divertido hasta que el olor a quemado sale de nuestra cocina.  Hasta que la sangre crorrea, desde nuestra ca...