Un gemido resonaba en la habitación vacía. .
Bueno, en realidad resonaba en la inmensa caverna de su desmantelado pecho, que había tenido que desalojar despiadadamente, y a toda velocidad.
Reptaba pastoso por el umbral de su garganta y atravesaba trabajosamente sus dientes, para vibrar contra los muebles de madera reciclada, haciendo que derramen y rompan contra el suelo toda clase de recuerdos y carpetas, libros, fotos, vasos, platos y macetas de tierra reseca y muerta. Y seguía rebotando como en un anfiteatro para pegarse finalmente a las paredes, que lentamente empezaban a derretirse y descascararse.
Pero si la habitación temblaba como un compacto bloque, era porque el sismológico lamento surgía de su cuerpo tembloroso contra el suelo, traspirando como una fuente, al punto de llenar el espacio completo de agua hasta superar el pequeño escalón de la puerta y empezar a correr por el pasillo y despues escaleras abajo, hasta salir por la puerta de calle hacia afuera, y finalmente unirse a la corriente sucia que corría junto al cordón de la vereda.
En su vida de cazador no había disculpado una sola vida antes que la suya. Podría enumerar las decenas de cueros que había limpiado con el acero de su cuchillo, empapando la tierra de sangre buena y fresca. No se había privado de sacrificar y consumir ninguna especie conocida, ni siquiera la humana, y en su afán de conseguir un enemigo tan letal como él, que finalmente lo derrotara honorablemente, había rastrillado el mundo de lado a lado y de arriba a abajo.
No había tenido éxito: su instinto de supervivencia era capaz de intuir el peligro en el momento en que se estaba gestando, y si ponía los pies en una trampa era para probarse a si mismo, y para humillar a sus enemigos, ilusos, ilusionados con verlo colgar de un semáforo en alguna avenida, como mensaje y escarmiento para cualquier otro futuro rebelde.
Pero los había visto, observándolo, otra vez. Con sus sonrisas torcidas, como disfrutando anticipadamente de haber encontrado una vulnerabilidad donde clavar su afilada y ponzoñosa estaca.
Una tormenta no dura toda la vida.
Finalmente, había detenido su brazo, ofendido, completamente desilusionado de seguir vivo, y tener que adaptarse finalmente a compartir el mundo con tantos millones de inconsecuentes y absurdos, obedientes ciudadanos de primera clase, mientras miraba con nostalgia -al reconocerse mutuamente en las calles- a los perros de pelea que ahora tenían la misión de segar a guadañazos las mas oscuras praderas del mundo.
Los acontecimientos mundiales no tenían ningún secreto para su lógica. Implacable, su análisis descartaba la engañosa geopolítica para reducir todo a flujos comerciales, que igual que ayer, desde siempre, diseñaban el orden de las batallas y el ruidoso y lento desplazamiento de los ejércitos. Porque ninguna guerra puede darse sin un abundante financiamiento, y ni siquiera comienza sin la dulce perspectiva del saqueo y la toma de tierras, mujeres y esclavos.
Siempre había sido así, aunque antes había un poco mas de honor, un poco mas de respeto, un poco mas de liderazgo real en el terreno. Ahora podía apostar su misma vida al ganador de la actual contienda, solo basándose en quién todavía mantenía los viejos valores como brújula, en un campo de batalla cada vez mas engañoso, donde la arrogancia y el sadismo de los supuestos conquistadores, convertía en vergüenza y aislamiento creciente cada centímetro de terreno fugazmente ganado, sea en los ámbitos económico, político, jurídico, social, territorial o incluso publicitario o mediático...
Era en este virtual Coliseo, donde los cada vez mas escasos aliados del imperio se jugaban apresuradamente sus últimas cartas frente a un mundo que solo ganaba tiempo para reacomodarse mientras simulaba creer en las innumerables mentiras con que intentaban encubrir sus interminables y cada vez mas evidentes crímenes.
Pero el inexistente panorama de victoria redibujado cotidianamente por la inteligencia artificial, las redes sociales y el inmenso entramado de medios de comunicación que atravesaba el planeta entero, se habían convertido en un déficit impagable más, que se sumaba a la decadencia de su tecnología militar obsoleta en acelerada decadencia.
Como estratega, adivinaba el próximo ataque fallido, la siguiente falsa bandera, el aparatoso y fugaz posicionamiento de unos y otros jugadores secundarios, pero la repetida postal, era de una feroz e imparable derrota, que un día no podría ser ocultada.
Incluso la última trinchera donde el poder había jugado con ventaja, el cine, se había vuelto tan ostentosamente apologética y propagandística, que hasta los actores y directores, y los antes prestigiosos festivales, iban cayendo en el desprecio, el descrédito, la indiferencia mundial.
Y él había dado un paso al costado justo en medio de la batalla final, para entregarse a la sensación desconocida del amor, que nunca había intuido tan intensa e impredecible como la muerte y la guerra. Pero el mundo iba a ser arrasado y se iba a quedar mirando, solo para escuchar una vez mas la voz que ahora mismo intentaba despertarlo.
_...Amor. Amor despertate, estas soñando... -la mujer intentaba volverlo a la realidad con la mayor dulzura posible, mientras fruncía el ceño, como compartiendo el dolor que expresaba el rostro contracturado y tenso, de dientes terriblemente apretados.-
_Amor...amor. Por qué estás en el piso? Vamos a la cama. Estás todo traspirado, date un baño... -insistía la mujer, reconociendo en las tenazas que ahora aferraban sus manos, el primer destello de conciencia fuera de lo que sea que estuviera soñando.-
Finalmente el cuerpo se aflojó con un largo suspiro, y como un cachorro que busca el calor se acurrucó, tembloroso, contra el cuerpo arrodillado a su lado, contra su familiar aroma a calle y humo, dejándose acariciar por una vieja canción de cuna, como una criatura. Pero la ternura era un territorio tan nuevo y desconocido, que su cuerpo se incorporó por si mismo de un salto, al tiempo que abría, bien alerta, los ojos.
_Disculpame, no se con que estaba soñando. Te asusté?
_No. No importa, estoy bien...por que estabas en el suelo?
_No podía dormir del calor, no se... soñé que llovía...puede ser?
_Es la canilla del baño que gotea. Volvió el agua, vamos a poder cocinar...
_Si me pagan esta semana vamos a poder comprar un ventilador...
_Estas seguro que querés ir a trabajar? Te hago un tecito antes de salir.
_Bueno. -respondió mansamente- Pero alcanza para bañarme?
_Si, se juntaron como ocho litros, sacate ese olor a perro que tenés... -dijo ella, espantándolo como si fuera un callejero intentando robarle un pedazo de pan...-
Cerró los ojos refregándose contra el cuerpo tibio y suave recostado a su lado, pero de repente preguntó, preocupado:
_Y vos?
_Yo espero un rato mas, no tengo sueño. Capaz estudie un rato, mañana tenemos geografía...
_En eso si te puedo ayudar...
_Seguro que si, mi Capitán de los siete mares, ahora vuelva al agua... -ordenó imperiosamente, mientras esquivaba los mordiscones con que el intentaba molestarla.-
Él se repasó su musculoso cuerpo con la esponja, sonriendo de felicidad. Se sentía un tipo con suerte, aún trabajando a destajo para apenas comer.
Se vistió en silenció, y buscó un almohadón para poner bajo la cabeza de su amada, quien ahora se había dormido, ella misma, en el piso. El último saquito de té humeaba dentro de la taza de aluminio. Pensó en dejárselo todo para ella, pero le pareció un gesto de amor mas completo, tomarse la mitad, antes de volver a taparlo con el platito. Se recordó a si mismo conseguir algo de azúcar
Oscurecía. Las luces de la calle se encendieron, y con ellas el velador de la pequeña pieza. Acomodó la pequeña carpeta en el cajón que hacía de mesa de luz, se puso la camisa sucia que apenas se oreaba, colgando del picaporte, y dándole un beso suave, salió al pasillo de la pensión. Cerró lentamente la puerta, para no perderse la sonrisa con que ella lo despedía, entredormida... Sabía que apenas se fuera, se levantaría a leer y hacer su tarea, ordenar el cuarto, y lavar alguna remera, si sobraba agua despues de bañarse.
Cuando volviera, todo estaría distinto, pero ella seguiría durmiendo en la misma posición, y esperándolo con la misma sonrisa.
Compartirían un par de horas abrazados antes de despedirla con un tibio y rico beso, antes que se fuera al Bachillerato para Adultos, orgullosa y arreglada. Despues se iría a atender el puesto en el semáforo.
No se veían mas que cinco o seis horas al día, pero parecían miles de años. Mientras caminaba, explotó un recuerdo: Una vez había matado a un tipo que sonreía. Sonreía como si la muerte ni siquiera le importara. Era tan extraño que nunca pudo entenderlo... ahora, sabía por qué.
Se alisó el pelo grasoso con los dedos, mientras tarareaba una canción de moda. Indiferente a la gente que lo miraba espantado, sonreía de felicidad. Podía morir, podrían matarlo ahora mismo, pero no podrían borrarle la sonrisa. Se sentía feliz en su nueva vida... el mundo no iba a estallar mañana, y tampoco le importaba.

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