28 julio

Episodio Narco

  

     


 


  Hollywood nos adiestró para romantizar nuestra propia muerte, idolatrando todas las maneras de evadir las leyes de la convivencia para buscar alternativas instantáneas de acumulación capitalista.  Una de las mas perversas ficciones, es la fantasía narco, que transforma a jóvenes pobres en reyes de la ciudad -aunque sea solo por la oscura y breve noche de la adicción- a través de la varita mágica de la cocaína o cualquier otra droga que permita un disimulado acople a la corrupción política que formatea a su gusto las maleables y obedientes fuerzas de seguridad.       

  Sin embargo, día tras día, a través de la imparable avalancha de zombis que destruyen los suburbios cotidianamente, lo único comprobable es que tras setenta años de narcopolítica continuada y permanente, solo unas pocas familias -descaradamente diletantes del poder, ambivalentes y gatopardistas- han logrado construir un capital económico, a costa de la decadencia absoluta, la enfermedad, y la muerte permanente de culpables e inocentes por igual.  

  En definitiva, el actual Narcointendente, en cumplimiento del pacto secreto con el anterior Narcointendente, se comprometió  solemnemente a brindar impunidad absoluta a los kioscos de droga, a cambio de un modesto porcentaje de su funcionamiento.  Sabe muy bien de que está hablando: su absurdo y desmotivante trabajo como fiscal corrupto en los tribunales locales, le da un panorama absolutamente claro de las cantidades y los porcentajes que puede reclamar a cambio de sus renovados servicios.

  Hemos asistido indiferentes, al episodio completo de la destrucción de lo que fue una hermosa ciudad.

  Decenas de miles de personas de cada barrio de Concordia, y esto puede extrapolarse a todo Entre Ríos, han sido tomadas como rehenes desde hace décadas, solo para favorecer un discurso incoherente que abogaba por una teórica defensa de los humildes y vulnerables, mientras los cocinaba a fuego lento en el inmenso caldero del hambre y la violencia, con el solo fin de dar combustible a un negocio protegido y ejercido desde las mas altas esferas del poder.  

  Un poder que no soñaban con perder, o siquiera ver reducido, y que, al día de hoy, se convirtió en un pesado grillete atado a una descontrolada y cada vez mas atomizada corporación en retroceso, que se consume a si mismo en un remolino de violencias y traiciones crecientes, cuyas salpicaduras ya mojan los lustrados zapatos de temerosos legisladores y funcionarios, jueces, dirigentes, empresarios.  Fue una larga primavera negra la que convirtió la impotencia y la desesperación social en una interminable fiesta de millonarias y fantasmagóricas empresas adheridas al estado.  

  Pero, como dice ese viejo proverbio marroquí, que escuche por primera vez entre el polvo que levantaban las patas de los camellos:  "No importa lo bien que la encales, ninguna pared permanece blanca para siempre".  Claro, el solo transcurrir del tiempo hace que un pedazo se descascare por allá, que una grieta se alargue y abra más acá, o que el simple paso de los días vaya desluciendo y ajando el trabajo mas perfecto, que ya no resiste un vistazo desde lejos, y mucho menos, una mirada detallada y minuciosa, que busque detalles entre las rugosidades y las pinceladas apuradas de los artesanos, humillados y mal pagados.

  Cuando la protección mediática cae por su propio peso, ya que la costumbre de cotizar el silencio y la fábula a precio de oro, se justificaba por lo grotesco y evidente de la realidad que debían tapar, y tantos inútiles periodistas -sin mas herramientas que la adulación y la obsecuencia- empiezan a lavar su cara mordiendo todas las manos que los alimentaron y que aun intentan sujetarlos, cada minuto es mas peligroso que el anterior.  

Los traidores del presente y los futuros arrepentidos sonríen por igual, y cada nueva causa penal se vuelve una espada de Damocles, pendiente sobre una multitud cada vez mas desconfiada de sus propios amigos y socios.  Cada preso temeroso y solitario puede tomar la decisión de prender el ventilador y esparcir mierda a niveles nunca vistos.  

  Hasta en lo mas bajo de la escalera, los antes tranquilos vendedores minoristas de droga se la pasan mirando tras su espalda, añorando la impunidad total que tuvieron, y los gallitos de barrio, ya se lo piensan antes de descargar su pistola o su rabiosa puñalada, sabiendo que tal vez, ahora, la justicia (a pesar o por causa de la política) haya dejado de protegerlos.

  Hasta el floreciente negocio de la rehabilitación está cayendo en entredicho, al comprobarse rutinariamente que consume inmensas cantidades de recursos sin generar ninguna solución, mas que mantener y criar como niños a decenas de miles de adictos que drenan los recursos del estado solo para evitar la prisión, sin mayores resultados que volver a las calles a ser peores que antes... 

  El negocio, debe seguir.

  Es que, cuando una cantidad tan grande de gente se hastió de ser perjudicada para salvar a unos pocos clanes criminales, ya no hay protección para nadie, ni favores que puedan ser pagados.  Solo queda un abanico de adicciones, enfermedades y acusaciones familiares, que apuntan a descargar la sorprendente novedad de comprobar que nadie va a darle la mano a un ahogado, con el solo resultado de hundirse junto con el.  Y lo peor es que...todas las cuentas serán cobradas.  Todas.  Llegó la hora de pagar y...con qué?

  Esta misma noche, miles de adictos dormirán felices bajo la lluvia.  Tal vez algunos no se levanten de nuevo.

 

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