01 enero

Mercenarios

 


  En esta bella foto, donde la inocente alegría de los niños restaura una cada vez mas frágil confianza en la humanidad, no deberíamos dejarnos engañar por la falta de contexto.

  En esta tierna imagen, que aparenta una despreocupada felicidad, se esconde la mayor tragedia de la raza humana, porque no estamos viendo inocentes escolares destinados a labrarse su futuro, sino soldados fabricados a granel para alimentar las maquinarias de picar carne de los futuros frentes de batalla globales.

  La guerra es parte del sistema. La guerra "es" el sistema. El único sistema. La guerra es lo único que garantiza el movimiento de la economía del sistema.

  Entonces:  

  Como se garantiza un flujo intermitente de violencia interestatal que atraviese los momentáneos intentos de vivir en "paz" entre las naciones?

  La respuesta a esta pregunta, ha sido largamente estudiada por todos los técnicos de los gobiernos de las potencias dominantes, de las corporaciones productoras de armamento, de las empresas licitantes en los interminables procesos de provisión de recursos y bienes al estado y sus fuerzas armadas de tierra, mar y aire.

  Y la respuesta ha sido largamente consensuada, a través de mesas redondas de todas las oficinas gubernamentales de las decadentes potencias en declive, de todas las corruptas agencias de inteligencia de los antiguos y frustrados amos del mundo: en la ecuación calidad y precio, sobre efectividad, el resultado es: Fuerzas Especiales! 

  Jajajajaa!!  Que buen chiste!!  No, mentira!!  

  El resultado obvio, es el mas barato y deseable, es lo único que cualquier gobierno puede lanzar a gran escala a un tacho de basura bélico, como si fueran cucharitas de plástico descartables, y volver a tiempo para las discusiones parlamentarias del presupuesto.  La absurdamente obvia respuesta es: Mercenarios.  Mercenarios.




  Si! Como hace quinientos o mil años, como hace cinco o diez mil años! Las leyes de la guerra no han cambiado nada, y el valor de un desclasado, extranjero, psicópata, adicto y degenerado soldado de fortuna, es intensamente barato a comparación de los problemas que acarrea asesinar a ciudadanos locales.

  Las repercusiones que el tráfico hacia los cementerios acarrean en la sociedad, pueden derrumbar la economía o hasta el propio gobierno, mucho antes que los bombardeos enemigos.  Las sombrías expresiones de las madres, de las viudas, hunden los mercados, envalentonan a impostores, opositores y pacifistas, y llenan de temor a los jóvenes que esperan su turno. 

  El mercenario es barato, no solamente porque evita todo eso, sino porque su sueldo, si llega a ser pagado, vuelve al pueblo para pagar bienes y servicios, amor y juego, mientras que su muerte ni siquiera es notada.

  El mercenario no tiene lazos históricos con amigos, aliados o enemigos, no discute órdenes, carece de moral o frenos: hoy combate al extranjero, mañana castiga a sus propios compañeros, roba, secuestra o mata, sin reglas, y sin que su nombre sea siquiera recordado.

  Convierte, de cualquier manera, su tiempo en dinero. 




    Cuando todo fracasa, cuando las cárceles ya se vaciaron para fabricar soldados, y las fábricas apenas marchan, y antes que los niños y ancianos mueran tosiendo en las trincheras, los reclutadores venden la guerra como un cuento de hadas, en países desconocidos y lejanos.

  El idioma no importa, si solo hablan las balas....ni religión o color, sexo, procedencia, religión...es la más pura democracia!  Y su sangre? Jamás es ahorrada.  Es para la tierra, el corazón y el alma, garantía de feliz fertilidad.

  No requiere cuidado o piedad, quien atraviesa el mundo para una ajena batalla, y sus ultrajados cuerpos se desintegran al sol, en tumbas sin nombre, o son exhibidos con fines propagandísticos.

  Claro que muchos llegan al campo de batalla desde otras guerras, algunos para aprender el uso de nuevas tecnologías y armamentos, y no pocos por darle salida a su sadismo y sed de sangre.  

  Desde los carteles de narcotráfico, organizaciones criminales, o las peores dictaduras del mundo, se envían emisarios y aprendices en un flujo continuo: su función va mas allá del aprendizaje, es establecer contactos y canales para la adquisición ilegal de armamento moderno y el establecimiento de rutas seguras para el contrabando de dinero, sustancias o personas.

  Desde su posición "extraoficial" pueden asumir posturas y funciones que serían demasiado incómodas, erosivas, punibles, para las instituciones y sus mandos responsables.

  Son mercenarios quienes lideran las más inútiles e injustificadas masacres, o llevan a cabo los más sangrientos y sádicos métodos de interrogatorio.  

  Y solo se trata de negocios!

  Porque el negocio de la guerra mueve y justifica a todos los demás!

  Justifica políticas represivas y de control, apuntala tambaleantes regímenes autoritarios,  exige y normaliza desmedidos presupuestos que desmantelan el bienestar público, asignando sus recursos a élites corruptas, empresas fantasmas, proyectos delirantes, incomprobables y fracasadas aventuras económicas y militares.

  El secretismo es parte del consenso, la oscuridad total envuelve los gigantescos contratos, aunque los pactos se pagan con personas....Ahí va: otro avión repleto de combatientes, a inmolarse en un nuevo caldero! Pero...A quien le importa?

  No hay nada más barato que la vida de un mercenario.


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