Somos la primer especie del planeta en sobrevivir a su propia involución. Eso es novedoso. También es... aterrador.
El ser humano, pariente de todos los maravillosos primates que habitan las selvas y bosques del planeta, es el único que convirtió sus ventajas en debilidades. Y por supuesto, el único que transformó su organización social en tiranía, esclavitud, enfermedad y demencia.
El primer ser humano que domesticó el fuego, hace miles de años, seguramente no se imaginaba explosiones, guerras, invasiones, y mucho menos una jornada laboral de doce horas, en oficinas destinadas a generar estrategias colonialistas de exterminio humano, apropiación de territorios y recursos, o diseño de armas autónomas inteligentes.
Pero cuando el cuerpo humano perdió su abundante pelaje, pasando a su actual formato lampiño, cuando su piel se afinó hasta no soportar los más benignos y naturales estados del clima, el camino hacia la sumisión y el encierro, estaba definitivamente trazado.
Mientras sigan pensando que es un problema de dinero, la sumisión está garantizada, ya que el dinero es una creación mágica, y como público mundial, seguimos aplaudiendo a uno u otro artista en una convención de magos, que pueden hacerlo aparecer o desaparecer en un solo segundo, sin necesidad de explicarlo.
El problema que no se aborda jamás, es sobre la libertad humana, y de como nacemos y vivimos para mimetizarnos y acoplarnos a una agenda ajena, o a combatirla, o a defenderla con nuestra vida y nuestro tiempo en el planeta.
El cien por ciento de las problemáticas humanas son absurdas y artificiales, y solo la fijación en su enfoque mantiene latente una violencia utilitarista e instrumentable. Podríamos volver a la naturaleza, o sea, a nuestra propia naturaleza, y rediseñar nuestra escala de necesidades: respirar, tomar agua, alimentarnos, estar frescos o abrigados...
Tal vez una guerra final que destruya la mas infame deshumanización, que es la organización de la vida en ciudades, posibilitaría un reinicio sano de la humanidad... pero la guerra no se esta librando por eso, sino para evitar que la humanidad se deslocalice, desurbanice, y viva como vivió por miles de años, en una productiva y feliz convivencia con su entorno.
La guerra actual contra el ser humano, se libra para fortalecer los límites que lo encierran en su precario hacinamiento. Se comprime a las poblaciones como se comprime un gas dentro de una garrafa: la presión y el confinamiento vuelven utilitarias sus propiedades naturales...
Es por eso que nunca perdemos conectividad, que siempre tenemos una nueva tanda de notificaciones de innumerables empresas, redes sociales, u organismos que nos invitan a renovar nuestra vulnerabilidad despojándonos de toda privacidad, de todo resguardo frente al total y permanente análisis y observación por parte del estado(en el mejor de los casos) o de corporaciones transnacionales, por génesis y definición, fuera de todo control y marco legal, de todo territorio ético o sistémico, de cualquier incómoda necesidad de rendir cuentas.
No harán falta décadas, ni siquiera años, para que las consecuencias devastadoras de nuestra indiferencia se transformen en una aplastante e irrevocable realidad. No hacen falta años, ni siquiera meses, para que las tácticas de guerra urbana social se derramen a gran escala sobre las poblaciones indefensas y apáticas, sin mas consecuencia que la militarización total del entorno social y administrativo, para beneficio de los mismos buitres corporativos que generaron todos los problemas.
Pero no es solo esta millonaria transferencia de recursos hacia las empresas de seguridad, o de aprovisionamiento de sistemas o dispositivos de control la peor de las consecuencias, sino que a través de su libre control de la narrativa, nos dejan autoconvencernos cada día de nuestra propia libertad, en un entorno que hubieran envidiado las peores medievales prisiones.
Ahora... ahora mismo... Ahora mismo no es posible compartir información en absolutamente ningún formato digital, sin que sea instantánea y automáticamente vigilada, analizada, juzgada y archivada al alcance de las fuerzas policiales, de inteligencia o militares de los países que dominan los escombros del mundo que todavía disfrutamos.
Ahora mismo, no es posible moverse de ninguna manera sin ser detectado por innumerables redes fuera de nuestro control(o el de nuestro gobierno), o ser directamente visualizado por un sistema de cámaras de vigilancia públicas y "privadas" que en la práctica, no dejan siquiera diez metros seguidos, libres del monitoreo continuo.
Lo más absurdo de todo esto es que seguimos creyendo! Seguimos aferrándonos a la narrativa imperial que nos compromete a justificar y legalizar invasiones, masacres y saqueos, de una manera tan automática y ciega, que no nos deja visualizar que el mismo proceso ha dado comienzo en nuestras frágiles y ficticias "Democracias Participativas"
El dinero como instrumento de poder y dominación, se siente amenazado, por eso es necesario generar guerras y esclavitudes, venganzas y sacrificios, sadismo, injusticias y genocidios. De otra manera, el proceso de vuelta al origen se aceleraría fractalmente hasta licuar las nacionalidades y los centros de poder en la misma absurda insignificancia.
Pero lo único que se fractaliza, es la violencia, mientras asistimos en directo a los modernos campos de entrenamiento donde se forma a nuestros futuros verdugos. No se han preguntado cómo es que el mal siempre triunfa?
Porque presentar la guerra en ucrania o palestina como hechos quirúrgicos relacionados a un objetivo puntual, es un razonamiento inducido y no verificado en la historia de las guerras de la humanidad.
El único motivo de una guerra, es desperdiciar potencial humano, rasar todo hasta que no haya alturas ni valles en la conciencia, en la incapacidad de valorar la realidad o las consecuencias reales de nuestra relación con el planeta. La destrucción total que acarrea, es solo una herramienta para favorecer ese esquema.
Por eso el fanatismo y la propaganda, pudieron reemplazarla por un tiempo, aunque -paradójicamente- con un mayor consumo de recursos, por lo que se volvió a las viejas bélicas soluciones. La guerra actual, mas allá de sus apariencias, consiste en eliminar grandes masas de seres humanos, para aliviar la presión sobre los últimos y escasos recursos naturales.
En una humanidad sin aspiraciones mas que derrotar a un enemigo al que ni siquiera conoce ni del cual recuerda ofensa ninguna, todas las formas de esclavitud convergen en el símbolo abstracto: la bandera, el dinero, la posición social, la aspiración a escalar.
Podríamos volver a abrir los ojos a nuestro alrededor, pero ya no queda mucho que mirar: el sistema destruye la naturaleza, contamina el agua, y extermina los árboles para deshacerse de la memoria histórica genética que vive en la temperatura de la tierra, en cada tono de verde, en cada textura de corteza o musgo sobre una húmeda piedra.
Hemos derrotado al amanecer a cambio de una romantizada luna de mil nombres, a la cual adoramos desde nuestras pantallas. No necesitamos la luz ni el calor del día cuando todo nuestro trabajo es generar y justificar la oscuridad. Cuando la noche sea total y absoluta, alguien empezará a soltar los lobos, sin mas explicaciones ni excusas que el poder.
Pero incluso en ese momento habrá falsos periodistas y comunicadores que expliquen tu muerte cruel como necesaria, impostergable, liberadora, legal...inevitable.

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