Por fin, una categoría nos abarca a todos, dejándonos un paso más cerca de la paz y armonía planetaria: somos, ante todo “consumidores” haciendo correr nuestros deseos como arena dentro del reloj que marca el tiempo que le resta a la sociedad posindustrial.
Claro que como
toda igualdad, se expresa con diferencias notables, pero eso no importa, sino
que en nuestro nivel, seamos consumidores de todo lo que nuestro poder de
compra pueda comprar.
…Matices, lo importante es ingresar al sistema
vigente, por su lado más favorable, poniendo nuestro tiempo a disposición de
ser delineado por los engranajes fabriles, por las corporaciones químicas, por
los emporios mediáticos, por las religiones monoteístas… en fin, por las
políticas “adecuadas” y por lo tanto declaradas y visibles, delineadas por la
mundial institución del comercio libre, que nada tiene de comercio y menos de
libre…
Por supuesto, qué sentido tendría la libertad al lado del capital, sino entorpecerlo, cuestionar sus métodos y caminos, sus resultados y aspiraciones de hegemonía total, absoluta…
Entonces compramos, y no nos alcanza para más, porque para eso la publicidad y la “innovación” avanzan más rápido que nuestra necesidad de novedades, no nos alcanza para lo que creemos merecer, nunca nos alcanzara, nunca dejaran de tentarnos, de ofrecernos más.
Claro que el conformismo se elabora de otra manera, somos consumidores, tragamos noticias sin respirar hasta convencernos de que todo está bien, o por lo menos que no podría estar mejor, o, de que todo está mal, o por lo menos, de que no podía estar peor, dos monedas para la misma cara.
Pero es
mejor dejar de pensar, dejar de penar intentando desmenuzar la realidad, cuando
hay tantas versiones para comer y tomar, disfrutar, viajar, vestirse,
divertirse, enfermarse y curarse, todas disponibles 24 horas al día sin
interrupción, donde podremos abandonarnos a un tiempo sin pensamiento que
piense por nosotros, indicándonos no solo el qué sino el cómo.
¿O reaccionaríamos igual si la publicidad no nos indicara como y cuando sonreír, que pensar de nosotros mismos y cuáles son nuestros sueños no develados por el inconsciente?
Y así somos recorridos por el listado interminable de nuevos bienes y servicios a adquirir, técnica y estilísticamente perfectos, estáticamente inútiles, auto descartables luego de cumplida su función primaria de recuperar el dinero que el sistema presto a nuestra insana economía.
Porque para eso
se inventó el dinero, para que podamos devolverlo, y si se acumula es solo para
que lo tengamos que pedir prestado, ese es el juego todo, no hay otra razón,
casi el cien por ciento de los artículos de consumo carecerían de sentido en
nuestra vida si no fuera porque la regla número uno del sistema nos prohíbe
pensar o cuestionar, y a eso nos aferramos para declamar nuestra total
normalidad.
No, no
es normal, para nada, vivir ensartados por estereotipos sin sentido, como insectos
de un museo macabro, tener que dedicar cada día a pagar nuestro alquiler al
universo, para lograr un segundo de libertad vigilada, para sentir que nuestro
tiempo tiene un valor más adecuado que el vil dinero, que usamos para alquilar
nuestra razón de ser en el tiempo…
Alguna
vez tenemos que intentar lo imposible de dejar la maquina atrás, porque no es
el imperio de la razón vacía de los billetes lo que nos representara mañana,
aunque los sigamos adorando. A pesar de
la intensa y mundial cortina de humo con que intentan tapar la debacle
inminente que se anuncia en el colapso cotidiano de las ideologías, ya no se
puede ocultar que no hay sistemas que se puedan defender en contra de un solo
ser humano, en contra del mundo como planeta vivo, en contra del sentido del
tiempo y la existencia.
A
pesar de eso y a pesar de todo, seguiremos porfiando hasta el final, porque así
se muere en el gran imperio de la comodidad, mediocremente convencidos de
cualquier cosa antes que correr el velo tan tenue que nos separa de nuestra
comprensión posible y absolutamente urgente de la realidad. Sigamos sonriendo, hay técnicas para eso…
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