En estos momentos en que -alrededor de todo el planeta- el alarmante descenso de la tasa de natalidad se ve como una amenaza hacia las prospecciones de producción industrial, el debate y las fracasadas soluciones e incentivos de los gobiernos, no apuntan a proteger nuestro futuro ni el de la raza humana, sino el lucro de los inmensos y transnacionales conglomerados que dominan (o luchan por dominar) los sectores tecnológicos o de manufactura, de alimentos o logística, de energía o servicios, o lo que sea que pueda transformar el cada vez mas reducido tiempo y espacio del ser humano actual, en una descomunal ganancia.
Porque, realmente... Quien quiere traer un hijo al mundo si no va a poder evitar que lo usen de carne de cañon en cualquier guerra subsidiaria, o que lo masacren en un rutinario y típico genocidio televisado, lo recluten para ser un feliz verdugo fascista, o lo conviertan en un idiota absoluto atrapado en la jungla de las redes sociales!
Bueno, hay muchas más opciones, por supuesto, solo puse algunas de ejemplo, pero no son ni por lejos las peores ni las mas tenebrosas. El hecho es que ademas de poner nuestro amor y nuestro compromiso en la larga y trabajosa etapa de crianza humana, solo para que luego nuestros hijos sean enajenados, idiotizados y fanatizados veinticuatro horas al día... no tenemos ganas, no tenemos tiempo.
Porque nosotros mismos, adultos en edad reproductiva, encajamos a la perfección en cualquiera de las innumerables categorías actuales, todas las cuales significan en la práctica, mas o menos lo mismo:
Esclavos.
Pero nuestro avance tecnológico actual, nos permite vivir como esclavos felices, ya que la felicidad ha sido redefinida y empaquetada, segmentada, sectorizada, financiada, y expendida al por mayor en innumerables puntos de venta.
Claro que es una felicidad efímera, ficticia, que debe ser actualizada a cada momento para ser redituable, porque hasta la felicidad se vuelve una mercancía, en este globalismo acrobático, que da un salto siempre, siempre, justo un paso adelante de la desesperación. Y bueno, el que no salta, cae, pero eso es parte de las horrorosas tasas de criminalidad, adicciones y suicidios, que toman su pequeño y valioso porcentaje de la población humana.
Parece complicado, no? Sería posible que nos extinguieramos?
Ni cerca, porque la esperanza de vida se extiende indefinidamente (por supuesto, junto a nuevas epidemias, males y dolencias) para proteger las ganancias de las industrias químicas y farmacéuticas. En realidad: para mantener el sistema en movimiento, ya que hemos renunciado a toda crítica y todo pensamiento, alcanza con solo nuestro cuerpo, como receptaculo y vidriera, como vehículo y objetivo.
Entonces venden, venden, venden, venden y venden, y nosotros no dejamos de comprar, y nos adaptamos al brillo inmediato y efímero de cada nueva moda, a la tiranía de cada nueva tendencia, al sinsentido absoluto de regir nuestra única propiedad en esta tierra por un manual cambiante y movil de subjetividades autorizadas, mantenimientos tecnicos programados, y diseños visuales destinados al juicio inmediato de nuestros congéneres.
Pero nuestro cuerpo, en principio, es nuestro, y como tal, no debería estar sometido a ninguna visión o diseño ajeno, a decisiones económicas de terceras personas, a políticas gubernamentales visiblemente corruptas, destructivas. Antisociales.
Nuestro cuerpo debería servirnos a nosotros, y nosotros servirle a su cuidado y optimización, pero no. Hemos llegado a ser nada mas que un estandarte propagandístico, donde cada marca y cada ideología lucha por pegar su etiqueta.
Es así que cada cosa que tuvo un significado propio, se arrebata y mercantiliza, se vacía de contenido y se reedita en forma de producto completo, comprobado.
No importa si por miles de años, las diversas formas de tatuaje o adorno corporal implicaban una historia común, una pertenencia a un clan o tribu, un pasaje al siguiente estado social, un territorio común cultural, o una ofrenda en agradecimiento y reconocimiento a la energía universal que a todos nos abarca, llamemoslé como queramos llamarle.
Ahora la industria del tatuaje carece completamente de significado. Pero no importa...podemos volver a pagar por un costoso tratamiento para borrarlos con laser, o cubrirlos con otro tatuaje igual de costoso, insidioso e invasivo, que demuestre nuestra pertenencia a tal o cual sistema de esclavitud controlada, solo para la verificacion social, la aprobación de los demás.
Es triste comprobar cotidianamente que lo mismo pasa con la música, la danza, o cualquier otra forma de expresión o comunicación.
Y lo mismo pasa con la ropa, con el pelo, con la piel, el color de ojos, el tamaño de nuestros atributos sexuales, nuestra sed y hambre, nuestras viejas preguntas y anhelos, nuestra necesidad de ejercitarnos o descansar, nuestro odio, indiferencia o sed de amor, aprendizaje, lo que sea... todo lo que somos no tiene mas objetivo que mover el engranaje de una máquina que produce objetos redundantes o innecesarios, cuando no directamente dañinos, que serán cotizados al precio que podamos pagar , apenas, para dejarnos siempre atras de un escalón inalcanzable de satisfacción automática.
Pero en algún momento de la historia, nuestro cuerpo fue una herramienta, propia, autónoma, autoportante, con la cual lograbamos acceder a la obtención de todas nuestras necesidades básicas, sean estas de relacionamiento o respeto, de manutención o traslado, de amor, sexo, autocuidado, seguridad y todo lo demas, porque el mundo era mas simple, o digamos, el mundo, era real.
Ahora que vivimos en un escenario, donde intercambiamos nuestra individualidad y nuestra conciencia por detalladas indicaciones e itinerarios que nos dicen no solamente qué debemos hacer y como lo vamos a hacer, sino directamente qué debemos ser, en un abanico de posibilides o supuestas opciones que se verifican unas a otras como exactamente lo mismo. Estamos técnicamente muertos.
Por eso es que nadie se preocupa tanto, solo hay que dejar pasar el tiempo y divertirse, hacer locuras que podamos postear en las redes sociales, sonreir, sonreir permanentemente para no parecer payasos fracasados, y gastar todo el dinero que podamos generar, en las estupideces que floten alrededor, lo mas rápido posible. A disfrutar que se cae el cielo!















