Hace no tantos años, los gobiernos tenían poder.
Hace no tantos años, los gobiernos poderosos tenían mucho poder. Las llamadas Potencias occidentales, tenían un inmenso poder, y ejercían su doctrina a través de instituciones multinacionales destinadas a protegerlo y consolidarlo.
Esa situación, planteada hoy, al minuto actual en que esto se escribe, no es mas que una vieja postal, un descolorido recuerdo de una época que ni siquiera podemos comprender. Pero no es pintoresco, ni cómico, sino macabro.
Al día de hoy, la misma palabra "gobierno" se ha caído de los diccionarios. Ahora es indefinible: y ya no alcanzan los sinónimos como "Corporatocracia", ya que también ha dejado de importar, y por lo tanto de definirse con certeza, el concepto de "democracia".
O alguien puede decir qué es, actualmente, la democracia? Alguien puede describirla? Identificarla? Si hicieron el esfuerzo por definirla, se habrán dado cuenta de que es imposible, porque, como un viejo cartel ilegible que cuelga de un clavo, en una posada abandonada, la democracia ya no describe nada real, y una vez que caiga, su mismo sentido será consumido por el polvo del tiempo.
Algunas señales perturbadoras, sin embargo, no solo se multiplican, sino que se vuelven cada vez mas descaradas: las corporaciones, con el solo peso de su influencia económica (y por lo tanto, política) empiezan a hacer declaraciones destinadas a agitar las aguas mundiales, intentando imponer su peso en la doctrina, la planificación y la jurisprudencia de la mitad de las naciones del planeta.
Antes, la política impactaba en los mercados, las decisiones de los gobiernos provocaban movimientos económicos, las ideologías o los imperios que sustentaban podían causar cataclismos de impactos económicos indiscutibles. Los mercados de bienes y servicios eran acunados en el mar de las redefiniciones políticas, las alianzas internacionales, la planificación a largo plazo del poder real.
Bueno, ahora, el poder real está muy lejos de cualquier gobierno, por lo menos, en la mitad del mundo. Ahora los mercados impactan en los gobiernos locales, nacionales y en las estructuras regionales, impactan en la política, en la geopolítica, y sus vaivenes sacuden a los gobiernos en en escabroso mar que atravesamos a duras penas para acceder a un futuro humano posible.
Y cuando los mercados mandan, lo que importa es hacer un buen negocio...es decir: el negocio más rápido y lucrativo, con menos controles, es la guerra. Siempre fue la guerra, el material mas dúctil con que se pueden construir las grandes fortunas. Ahora, en un mundo globalizado, las grandes empresas definen la velocidad en que gira el planeta, las corporaciones planifican y ejecutan, mandan.
Vos, y yo, obedecemos.
Obedecemos y sufrimos, tiritamos saltando de una pata a la otra, en el pequeño pedazo de hielo flotante desde el que vemos hundirse el Titanic de la modernidad. No deja de ser divertido, aunque ya no hay un lugar físico, virtual o siquiera hipotético, donde seamos libres.
De la esperanza de formar la "masa crítica" que iba a impulsar los cambios hacia un mundo mejor, hemos pasado, sin saber como, y sin dejar de andar en bicicleta, a ser parte de la elástica masa de acríticos consumidores que los conglomerados económicos manejan a su antojo, sin mas utilidad que seguir vivos para atestiguar la ajena conquista del mundo.
Conquista! Bueno, mas que conquista es una capitulación voluntaria, por comodidad, en la que las naciones no hacen mas que expresar la voluntad de sus apáticos pueblos, y si, sí parece que conquistaron el mundo entero, es solamente porque no nos dejan ver mas allá de nuestros límites del mapa. Estamos cautivos, hay un inmenso territorio pasando el punto final de nuestros portales de noticias.
Lo llamativo, sin embargo, es que, aún con los inmensos esfuerzos del sistema por monetizarlo todo y a todo el mundo, todavía hay posibilidades de escapar hacia un pequeño islote de decisión propia, de generar y producir, sin participar del circuito económico formal, intercambiando, recolectando, restaurando, reciclando...
Claro que nuestros esfuerzos no alcanzarán para algo mas que respirar y comer, y lograr una cornisa apenas mas estable que la ola que volverá a golpear, arrasando todo, cíclicamente. Es vivir como un cangrejo agarrado a una piedra, de cada golpe de mar, podemos sacar lo indispensable y no ser arrastrados, seguir vivos, hasta mañana, con la esperanza de que un día el mar se calme.
Pero nada será mañana mas fácil, mas justo, menos cruel... Han corrido nuestros límites, nuestro umbral de tolerancia!
Ahora ver a las corporaciones usurpar las mas delicadas funciones de los gobiernos, no causa mas que indiferencia. Incluso, ser permanentemente espiados y vigilados, se ha vuelto parte del paisaje, del nuevo status quo. Ahora intereses mineros o industriales, tecnológicos o mediáticos, crean distracciones o noticias falsas con una coordinación sorprendente, así como financian invasiones o masacres, sin otro objetivo que crear nuevos mercados o acceder a materias primas.
Pero no es como antes, que podíamos identificar un imperio, una dictadura, un caudillo sangriento. Ahora las empresas mandan, hacen y deshacen, y ni siquiera necesitan dar la cara. Como el sistema lo permite, invierten en unos y otros candidatos al gobierno, y se adueñan de sus decisiones más importantes. Ni siquiera dan la cara, ni los vamos a conocer, salvo algunos payasos mediáticos, indolentes testaferros de la nueva era, dejando que soplen en las velas de sus empresas de punta.
Un mundo donde podamos rebelarnos...ha dejado de existir, ya no nos importa. Nuestro destino está escrito en un inmenso fichero, y solo podemos elegir nuestro camino a la intrascendencia, mientras atravesamos las modernas estaciones de control total, conformadas por instituciones oficiales, redes sociales, tramperos económicos y narcisistas mesiánicos, todos minando nuestro tiempo, nuestra atención, nuestro dinero.
Nuestro futuro es ser felices hasta que nos ensarte la punta de un inmenso tenedor...disfrutemos, entonces!




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