Claro que si. Cada empresa contaminante, destructiva o mortal, debería tener un encargado de filtrar datos a la Organizaciones Ambientales adecuadas!
Vivimos en un mundo completamente rebalsado por la hipocresía, los santurrones de vidriera, el postureo y la indiferencia, pero además, vivimos en un mundo completamente absurdo, donde la mayor responsabilidad a la que muchos aspiran, es a señalar con el dedo a los que parecen culpables, a los que pueden acaparar la culpa, para que los demás puedan sentirse inocentes, sin dejar de morir y matar, sin ningún sentido.
El Greenwashing pasó de moda!
Ya casi no hace falta gastar millones contratando empresas que gestionen engañosamente la reputación de las industrias. Ahora, lo que se estila es mucho mas barato: aunque de pura casualidad no fuera cierto, declarar a una empresa como contaminante, certifica su éxito, ya que una horda de ambientalistas de papel, desde sus teclados, van a realizar una campaña tan permanente y totalizadora, que ni siquiera los pájaros del zoológico dejarán de enterarse de que existe.
Así que inmediatamente, como palomas de plaza, legisladores y dirigentes volarán raudos a recibir su soborno, justificado e inflado por el revuelo mediático interno de los perezosos e inútiles ecologistas de sillón.
A partir de ahí, toda planificación, proceso o infraestructura, por mas anacrónica o destructiva que sea, es posible.
Por supuesto!! Por qué no por oponerse a los efectos de una industria basada en la contaminación a gran escala, los militantes ambientales dejan de consumir sus productos finales, no dejan de ejercer su propia basura toxica no-reciclable, ni dejarán de acudir en sus autos a los encuentros de los grupos ambientales, cuando no organizan caravanas, sueltas de globos, o un desmesurado y lujoso papelerío publicitario.
Es que la culpa es del otro! Es la gran lección de nuestra posmodernidad!! Siempre que haya un bicho a quien culpar y perseguir, aunque no genere nada, el resultado es absolver al resto de todo!!
El resultado es, que si no tenemos la culpa de nada, nos podemos permitir una vida de derroche, irresponsabilidad social y permisividad basada en la estadística, que dice que solo los grandes negocios, las crueles corporaciones industriales, los gobiernos irresponsables y corruptos provocan resultados, mientras que millones de personas eligiendo mentirse a si mismas pueden actuar de cualquier manera, ya que su contribución es insignificante...
Los mas "coherentes" transforman el sueldo de su trabajo de oficina en alimentos "orgánicos" de supermercado, que acceden a esa etiqueta con solo pagar una costosa certificación que les asegure sacar de la competencia a los pequeños artesanos, campesinos y agricultores.
La hipocresía es total y absoluta pero es natural. Natural!!
Quien dispone de las restantes horas de su trabajo estable, para "Luchar por el Planeta" no tiene mucho tiempo de hacer nada mas! El trabajo de compartir posters, estudios y análisis incomprobables, de difundir cada día un volumen de información no verificada, casi siempre diseñados por la competencia, sino por las mismas empresas en cuestión, no deja casi tiempo libre.
Ninguno hace siquiera una pequeña huerta, o recicla su basura, o siquiera la reduce, no le da importancia a ninguna parte del proceso que transitaron los bienes que adquiere, consume o disfruta, y por supuesto, no le interesa jamás el trasfondo social, el costo humano real pagado por personas reales, de ninguno de sus actos...o de sus omisiones.
Sin embargo, el Super Militante Ambiental, se siente impulsado a ocupar los puestos directivos de las organizaciones que contamina, las cuales, cuanto mas desfinanciadas y por menos afán de lucro estén motivadas, mas permeables son a su implacable poder económico y su imparable y permanente participación, frutos de una comodidad, generalmente, ganada a costa de una incoherencia inconfesable. .
La realidad es clara, ninguna de estas organizaciones obtendría visibilidad si realmente se ocupara de las consecuencias de sus actos, o digamos, de las consecuencias del accionar de las corporaciones contaminantes a las que favorece con su persecución. No se han dado casos en que les preocupen realmente las consecuencias sociales, humanas, ni siquiera de las personas que caminan a su lado. Ni siquiera condenan el racismo, la violencia o el favoritismo de ningún tipo en sus propias instituciones, o no podrían establecer una jerarquía. La horizontalidad, los aterra más que cualquier chimenea.
Lo mas rutinario, en estas organizaciones, si no desenmascaran a los farsantes, es que los que realmente quieren hacer o cambiar algo, se cansen y se desilusionen, dejando el campo libre a estas personas para reinar sobre los restos, o sea... se establece una cuenta regresiva hacia la disolución total, aunque estos siniestros personajes puedan ser visto luego contaminando otras instituciones de funcionamiento similar, o incluso, accediendo a puestos en el gobierno local, donde pueda ser útil su intrascendencia y su sobredimensionado ego.
Por supuesto, siempre el nombre de estos trampolines sociales que usufructúan, tiene infaltablemente la palabra foro, o asamblea, o cualquier otra máscara que remita a una toma de decisiones conjuntas y libres, una aspiración común.
Jamás sucede nada de esto.
Pero no todo está perdido! Ante el desmantelamiento y la desintegración de estas organizaciones, seguramente algunos de los antiguos integrantes, no pierden la curiosidad ni el compromiso, con lo que, generalmente, los convierten en actitudes y acciones reales, a pequeña escala, que impactan significativamente en su propia vida, su entorno, su huella ecológica, su impacto socio-ambiental.
Es que el ser humano moderno está al borde de darse cuenta, aunque sea de la forma mas cruel, de su calidad de individuo, de su propia e indiscutible responsabilidad personal sobre el entorno que lo rodea, de su indiscutible peso en la geopolítica mundial, y de las consecuencias sobre su propia convivencia con la naturaleza.
Los efectos de una conducta irracional y destructiva, superan hoy, a la capacidad del planeta de regenerarse a tiempo -por lo menos para sustentar nuestra sed absurda de energía y bienes de consumo inmediato-, y eso, ya no se puede enmascarar con actitudes, ni resolver con palabras.
Después de comprobar como las corporaciones mundiales, al estilo de Greenpeace, resultaron un éxito completo en recaudación y marketing, sin mas resultados concretos que la apatía generalizada y la tercerización absoluta de responsabilidades, el camino actual es exactamente el opuesto: cada ser humano es, por definición, y con total urgencia, responsable por si mismo.
Reconectarse con la naturaleza(que a la vez es nuestra propia naturaleza) nos lleva a tomar conciencia del alcance de nuestras mas rutinarias conductas.
Aunque la globalización económica, política y financiera nos enmarcan en una comodidad inerte nacida de la impotencia aprehendida, también nos ha dejado algunas lecciones:
No hay un lugar "afuera del planeta" donde tirar la basura.
La contaminación es global, aunque intentemos descaradamente ocultarla bajo la alfombra de la devastación que trasladamos a comunidades pobres de países en desarrollo. La remediación, también. Así que nuestro impacto, nuestro consumo y nuestro desperdicio de recursos, construye la huella planetaria humana, en cada comunidad oprimida, invadida, saqueada, y luego usada como cementerio a cielo abierto o vertedero.
Parece una obviedad, pero como habitantes del planeta, aun intentamos soslayar el hecho indiscutible de que, cada efecto humano sobre los océanos y la tierra, sobre las comunidades humanas y no humanas, sobre ecosistemas y ambientes, proviene de seres humanos y sus actividades, de personas y sus preferencias o hábitos de consumo. De cada uno de nosotros.
Y eso es hoy, la única herramienta posible y accesible a gran escala, la única corporación capaz de lograr algún resultado.
La responsabilidad individual, por mas pequeña que parezca, es la única vía por la que podemos cambiar y restaurar nuestro maravilloso hogar común.
Puede sonar hermoso y romántico pero... Quién está dispuesto a pasar de las palabras a los hechos? Quién saltará de la destructiva comodidad de buscar culpables externos?